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La televisión es el virus / El otro lado
Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

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César Sánchez Carreño

La televisión es el virus / El otro lado

La innovación audiovisual no está en los contenidos, dice el crítico Ómar Rincón.

Habitamos un audiovisual expandido en pantallas, narrativas, formatos, convergencias, relatos, remixes.

Así hemos llegado a ser la sociedad audiovisual: cine, televisión, video, internet, celular, redes, plataformas, videojuegos. Y en este ecosistema la televisión es el virus que invade todo.

La televisión es esa especie expansiva que se ha tomado las plataformas, YouTube, Facebook, Instagram, Tik Tok, WhatsApp. Y todo esto es televisivo porque es serial, abierto, repetición, oda al personaje, historia expandida, flujo.

En este contexto, la innovación audiovisual no está en los contenidos sino en los formatos, las estéticas, las narrativas y el entretenimiento para proveer una gama amplia de emociones para las audiencias guiada por la transmedialidad y la confusión de estética y géneros.

Esta reinvención del placer audiovisual se juega en la cancha del entretenimiento y la coolture, en la expansión de rituales que diversifican las socialidades y con la multiplicación de enunciadores que rompe con la censura tecnológica. Así construimos nuestro estilo de vida vía el consumo audiovisual.

(Le puede interesar: ‘Omer’, la regulación de contenidos y mis ignorancias).

Por ahora, Netflix es la plataforma para imitar porque es fácil de usar, fluye bien, clasifica más allá de los modos clásicos de géneros y autores, juega con el algoritmo y marca la tendencia. Y hace ver amateurs a HBO, Amazon y Disney +.

Las series eran la moda. Hace rato no hay una serie de culto: todo se parece mucho a la vieja tele. La nueva época es de lo auditivo: el pódcast, los paisajes sonoros, la oralidad WhatsApp. Todo lo divertido y singular está pasando por lo que nos llega a los oídos.

El cable se ve viejo y aburrido y pesado y patéticamente como la tele que conocemos: es como un dinosaurio al que mueve el deporte y nada más. Mientras tanto, la televisión privada se queda con el chisme, la noticia sensacionalista y los melodramas populares. Y la TV pública tiene todo para ser cool y plataforma.

Finalmente, la nueva estética audiovisual es el zoom, donde todo es juntado en horizontes de igualdad de cuadritos… y cada uno es el actor de su propio entretenimiento.


Los cuatro cambios audiovisuales de esta época están en que
(1) El ritual del ver y gozar se diversificó. Muere el programador-censor-autoritario porque ahora el espectador programa su TV en horarios, temas, morales.

(2) El ritual del narrar es otro porque importan son los inicios de las historias, no los finales, y esto es así porque se brinca de pantalla en pantalla sin pudor.

(3) Triunfa la infidelidad digital que nos lleva de serie en serie, de video en video, a jugar a la piratería de datos como defensa de intimidad, y a creernos parte de estilos globales siendo muy locales.

(4) Los dispositivos tecnológicos marcan el modo de narrar, por eso ahora se llaman youtubers, instagramers, ‘tiktokeros’, ‘guasaperos. Modos de narrar que comparten unos criterios, mientras cada uno construye una narrativa y estética propia.

El virus es la tele, y es imposible huir: nos conquista o nos domina.

Ómar Rincón

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