Gracias, Chavito, pero ya estuvo bueno

Gracias, Chavito, pero ya estuvo bueno

Ante la crisis de Chespirito, caricaturista Vladdo reflexiona sobre El Chavo, a la luz de hoy.

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¿Por qué no se puede volver a ver El Chavo y El Chapulín¿Por qué no se puede volver a ver El Chavo y El Chapulín
El Cjhavo del 8 es una creación de Roberto Gómez Bolaños.

Archivo EL TIEMPO

Por: Vladdo* 
04 de agosto 2020 , 06:57 a. m.

Hablar de El Chavo del 8 es hablar de América Latina, gracias a la conexión tan especial que ese programa consiguió con los televidentes de esta zona del mundo. Ese fue el gran acierto de esa serie que nos ha acompañado durante casi medio siglo y que ahora parece condenada al destierro de las pantallas. Aunque Roberto Gómez Bolaños –también conocido como Chespirito– creó muchos personajes, no sería exagerado decir que el que más caló fue aquel muchachito que vivía en un barril, del cual solo salía para meterse en problemas.

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Desde 1971, El Chavo del 8 se tomó la televisión de América Latina y España; y de nuestra región saltó a lugares tan distantes como China, Marruecos, Japón, Grecia, Corea, Tailandia o Angola, pasando por países como Rusia, India o Italia, donde sus desventuras eran seguidas en los más variados idiomas. Era todo un fenómeno internacional de la pantalla chica, logro que tiene mucho más mérito si recordamos que se produjo en una época en que no existían internet ni redes sociales y cuando la globalización era apenas una teoría.

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El Chavo dejó una estela de personajes con dichos, gestos y chistes que todos nos aprendimos de memoria, lo cual no era impedimento para que siempre nos causaran gracia. Sin embargo, a la luz de las actuales percepciones sociales, muchas de las situaciones representadas en el programa hoy serían poco menos que inaceptables.
De hecho, si uno las mira con cabeza fría, numerosas escenas protagonizadas por el Chavo, la Chilindrina, don Ramón, doña Florinda y los demás miembros de ese elenco pueden resultar simplemente escandalosas, pues en uno otro momento, todos estos personajes incurren en conductas poco recomendables.

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Por ejemplo, el Chavo era víctima de discriminación y desprecio por parte de los adultos, y de matoneo, a manos de Quico; doña Florinda reducía a la mujer a ser ama de casa furiosa y desaliñada; el profesor Jirafales era un déspota en clase y el señor Barriga, un avaro sin misericordia. Además, los adultos siempre menospreciaban a los niños, y los insultos, las humillaciones y las burlas de todos contra todos eran pan de cada día. Y de la violencia física ni hablar. Las sonoras bofetadas de doña Florinda solo eran comparables con los coscorrones que don Ramón le propinaba injustificadamente al Chavo.

Desde luego, eran otros tiempos y muchas de las conductas que el programa mostraba eran hasta cierto modo reflejo de la sociedad de entonces; sobre todo en una vecindad de pocos recursos, habitada por familias disfuncionales –Quico no tenía papá, la Chilindrina no tenía mamá y el Chavo, ni lo uno ni lo otro–. Y, aunque a la larga la ternura y la nobleza terminaban imponiéndose en los libretos, valdría la pena preguntarse hasta qué punto esas escenas emitidas en un programa con tanto rating no habrán contribuido a normalizar, en uno u otro sentido, unas conductas que hoy no son bien vistas, como el bullying, el machismo, la falta de solidaridad, el arribismo o la exclusión social.

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Aunque no puedo negar que antaño me divertí mucho con las gracias y desgracias del Chavo y sus amigos, tengo que decir también que de un tiempo para acá no las encontraba tan entretenidas. No me parecía chistoso ver cómo Quico se aprovechaba del Chavo cada vez que se le antojaba, ni oír los gritos del profesor Jirafales en el salón, ni las burlas contra doña Clotilde ni la avaricia del señor Barriga. Creo además que, aunque ese programa marcó una época, ya había cumplido su ciclo hace tiempo, pues hoy por hoy la sociedad –y en especial los niños– ve el mundo de otra manera, y un montón de cosas que hace un tiempo podrían considerarse jocosas ahora carecen de la menor gracia y pueden, incluso, parecer grotescas.

Yo no sé cómo estaba el rating del Chavo últimamente, pero pienso que su retiro de las parrillas de televisión no es el fin del mundo. Menos aún en este planeta hiperconectado, en el que las plataformas de streaming tienen una oferta cada vez más variada e interesante de programas, series y películas.

Gracias, Chavito, pero ya estuvo bueno.

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VLADDO*
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
*Caricaturista

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