‘Hoy la verdad es una moneda devaluada’: protagonista de ‘Chernobyl’

‘Hoy la verdad es una moneda devaluada’: protagonista de ‘Chernobyl’

Jared Harris vincula el intento de ocultamiento en aquella época con lo que estamos viviendo hoy.

Jared Harris, protagonista de 'Chernobyl'

El papel de Legásov (que interpreta Harris, primero a la derecha) es central tanto en la historia real como en la versión para la TV.

Foto:

HBO

Por: María Fernanda Mugica - La Nación (Argentina) - GDA
23 de junio 2019 , 05:21 p.m.

“¿Cuál es el costo de las mentiras? No vaya a ser que las confundamos con la verdad. El verdadero peligro es que si oímos suficientes mentiras, luego no reconoceremos la verdad. ¿Y qué se hace ante eso? ¿Qué más nos quedaría que abandonar la esperanza de la verdad y conformarnos, en su lugar, con historias”. Este monólogo surge de una grabación que Valeri Legásov, científico soviético, escucha en la soledad de su cocina. La voz y las ideas que replica la grabadora son suyas. Dejar su propio testimonio del accidente de Chernobyl en casetes es el último acto que realiza antes de preparar una buena cantidad de alimento para su gato, fumarse un cigarrillo y suicidarse, justo cuando el reloj marca la hora en que se cumplen dos años del peor desastre nuclear de la historia.

Con esas palabras y esta escena comienza ‘Chernobyl’, la miniserie de HBO, protagonizada por Jared Harris, Stellan Skarsgård y Emily Watson, que cuenta la historia no solo de lo que pasó cuando explotó un reactor de la planta nuclear, sino también cómo el Gobierno de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas intentó esconder la gravedad de la situación. Además, retrata el heroísmo de aquellos que lucharon contra todo para salvar incontables vidas, y en algunos casos, sacrificando la propia.

El costo de las mentiras y el peligro de las narrativas es el tema central de la miniserie creada por Craig Mazin, cuyo quinto y último episodio se emitió el viernes antepasado, y que ahora se puede ver completa en HBO Go. Legásov es el encargado de expresarlo en los primeros minutos de esta producción, porque fue ese personaje y su decisión de terminar con su vida exactamente dos años después del accidente de Chernóbil lo que inspiró a Mazin a investigar y escribir una ficción histórica sobre lo sucedido.

El papel de Legásov es protagónico, tanto en la historia real de Chernóbil como en su adaptación televisiva. El experto en reactores nucleares fue consultado luego de la explosión en la planta y tuvo que aconsejar a los funcionarios del Gobierno sobre la forma de contener una situación de consecuencias catastróficas y convencerlos sobre la necesidad de evacuar inmediatamente a los habitantes de Prípiat, ciudad construida cerca de la planta para albergar a los trabajadores y sus familias.

“Legásov es un héroe irónico –dice Jared Harris, actor principal de la miniserie–. Era un académico, un hombre del partido y un científico. No imagino que alguna vez haya pensado que su vida iba a derivar en algo así, que iba a ser la persona responsable en entender lo que nadie había considerado antes y saber que, sin importar lo que hiciera, iba a morir mucha gente. Creo que es una ecuación en la que nunca pensó en toda su vida”.

Harris es una reconocida cara del cine y la televisión, pero su talento le permite fundirse completamente en sus personajes y que el espectador olvide que lo conoció como Lane Pryce, el socio británico de la agencia de publicidad en ‘Mad Men’, o como el rey Jorge VI en ‘The Crown’. El actor encarna a la perfección esa cualidad de héroe irónico en cada gesto, movimiento y tono de voz.

Aunque la serie recurra a cierta libertad en el armado de las escenas, hay un claro sentido de responsabilidad con la verdad. Esa responsabilidad recae también en Harris, al interpretar a una persona que existió realmente. “He interpretado a varios personajes de la vida real –dice el actor–. El primer paso para hacerlo es investigar, meterse de lleno en él, buscar material de fuente, fotografías, grabaciones en video y audio. Pero después de hacer todo eso, vuelves al guion. Porque no estás reescribiendo el guion, estás haciendo la versión de la historia que el guionista quiere que hagas y esperas que él haya hecho esa investigación profunda. En términos de responsabilidad, Craig sintió eso y quiso que todos la tengamos. Al menos, todo lo que se puede en cinco horas, porque hay que entender que la historia cubre varios meses condensados en esos cinco episodios”.

Antes de comenzar a trabajar en ‘Chernobyl’, los conocimientos de Harris sobre el accidente eran básicos. “Estaba viviendo en Londres en ese momento y me acuerdo muy claramente de escuchar la noticia de la explosión, y que estaban alertando a la gente de que no saliera de sus casas porque había material radioactivo y lo estaban rastreando –cuenta Harris, que tenía 25 años cuando sucedió el accidente–. No me enteré de mucho más porque la historia estuvo muy bien controlada. No querían que todo el mundo supiera qué tan malo había sido y la cobertura se terminó casi enseguida. Hasta que empecé a trabajar en la miniserie, no supe nada más del tema. Los guiones eran apasionantes y estaban llenos de datos de los que no tenía idea”.

En esos guiones escritos por Mazin, Harris encontró que había mucho más en la historia de Chernóbil que la explosión y las terribles consecuencias en la salud de la población. “Casi todo tenía que ver con el sacrificio y el heroísmo de la gente que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado –dice el actor sobre lo que lo sorprendió descubrir–. Esos hombres que se dieron cuenta de que iban a tener que entrar al reactor porque, si nadie lo hacía, las consecuencias serían catastróficas para millones de personas. Lo hicieron sin ninguna esperanza de ser recordados. Fueron verdaderos héroes”.

En esta historia sobre Chernóbil, uno puede ver qué tan dañino puede ser un sistema político basado en la propaganda, en el que la verdad es un inconveniente

Lucha por la verdad

“No hubo nada de cordura en Chernóbil. Lo que pasó allí, lo que pasó después, hasta el bien que hicimos. Todo. Locura”. La reflexión que Legásov pronuncia frente a su grabador al principio de la serie va tomando sentido a medida que se despliegan en la historia los detalles de lo que sucedió después de que el 26 de abril de 1986, a la 1:23 de la mañana, se produjera una explosión en el reactor 4 de la Central Nuclear Vladimir I. Lenin de Chernóbil, ubicada al norte de Ucrania, que en ese momento estaba bajo la esfera de la URSS. La causa fue una combinación de fallas en el diseño y error humano cuando realizaban una prueba de mantenimiento rutinaria, que provocó explosiones en el reactor. El núcleo quedó expuesto y liberó en la atmósfera material radioactivo equivalente a 400 veces más de lo emitido por la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial.

“Craig Mazin y el director, Johan Renck, querían que el público experimentara el accidente desde el punto de vista de la gente que no sabía lo que estaba pasando, a muchos porque les estaban mintiendo y a otros porque estaban en negación total sobre lo que estaba sucediendo –explica Harris–.

“Desde el segundo episodio, cuando mi personaje se involucra en el tema, él tiene el pálpito de que el accidente es mucho peor de lo que, quienes están a cargo, están dispuestos a admitir y tiene que forzar a las autoridades a reconocer que es así. Luego, todos acuden a él en busca de la solución para arreglarlo. Es algo que nunca antes había pasado y no tienen un plan, así que tienen que ver cómo solucionar la situación, y cometen errores en el camino. Una vez que tienen bajo control el problema inmediato, su atención se enfoca en pensar cómo sucedió esto. Porque hay otros 22 reactores nucleares en la Unión Soviética con diseño idéntico y cada uno, potencialmente, podría tener la misma falla. Eso lleva a la historia al terreno del thriller político, y el último episodio es como un drama judicial, en el que los acusados por ser responsables del reactor son puestos a juicio, aunque en realidad ya se los juzgó. Legásov sabe que hay una falla subyacente en el diseño del reactor”.

Respecto al error humano y las fallas de diseño, una frase de Legásov resume el problema. Andrew Leatherbarrow la cita en su libro ‘Chernobyl 01:23:40. The Incredible True Story of the World’s Worst Nuclear Disaster’: “Imagínense al personal de un avión que está volando muy alto. Mientras vuelan, empiezan a hacer pruebas en el avión, abriendo las puertas, apagando varios sistemas. Los hechos demuestran que aun una situación así debería haber sido anticipada por los diseñadores”.

La lucha de Legásov contra la burocracia que no quería aceptar el nivel de peligro de la radiación emanada por el núcleo expuesto, que empezó a cobrarse vidas inmediatamente entre los bomberos que intentaron apagar el fuego y otros que trabajaron en la zona del accidente, está enmarcada en el tema del costo de las mentiras. “Decidieron que era más conveniente ignorar la verdad y hacer como que no podía resultar tan catastrófico como fue –continúa Harris–. Si algo es cierto, lo va a ser por más que un partido político o un grupo de personas decida que no lo es. No puedes debatir la gravedad, hay cosas que simplemente son verdad”.

Según los datos oficiales soviéticos, en la explosión murieron dos trabajadores y, durante la semana siguiente, 28 ingenieros y bomberos fallecieron a causa del síndrome agudo de radiación. La zonas aledañas se evacuaron recién 36 horas después del accidente. Más de 300.000 personas fueron transportadas en buses fuera de la designada área de exclusión, de unos 30 km alrededor del reactor.

Mientras tanto, el Gobierno soviético intentó guardar el incidente en secreto ante la comunidad internacional, pero la radiación llegó hasta Suecia y el 28 de abril se vieron obligados a comunicarlo oficialmente. En los años siguientes, la radiación continuó afectando a la población. Según la revista ‘Time’, se registraron cinco mil casos de cáncer de tiroides en Rusia, Ucrania y Bielorrusia en personas que eran menores de 18 años cuando sucedió el accidente; mientras que cinco años después de la explosión, aumentaron en un 90 por ciento los casos de cáncer en niños en Ucrania. El estimado total de muertes relacionadas con la radiación de Chernóbil es de 4.000, según Naciones Unidas, aunque la cifra está disputada y Greenpeace calcula 90.000.

El enfoque de la miniserie sobre las mentiras permite trazar un paralelismo con situaciones actuales, como el enfrentamiento que algunos gobiernos mantienen con los científicos que señalan los efectos catastróficos del cambio climático. “Estamos en un momento político en el que la gente puede decir que algo es falso si no le gusta, puede decir por ejemplo que son ‘fake news’ –dice Harris–. Hoy la verdad es una moneda devaluada. Esta es una historia sobre Chernóbil, pero de la misma manera uno puede ver qué tan dañino puede ser un sistema político basado en la propaganda, en el que la verdad es inconveniente”.

Harris se muestra hoy especialmente preocupado por las futuras consecuencias del cambio climático y la situación de los científicos frente a las autoridades que no quieren admitirlas. “La clase política está apoyada por el comercio, y reconocer el problema y actuar en consecuencia está en contra de los intereses del comercio. La economía es importante, pero eso no significa que no se pueda hacer nada, y cuanto más se espera, las medidas que hay que tomar son más drásticas y costosas”.

Como demuestra lo sucedido en Chernóbil, más costosas aún son las consecuencias de no admitir el peligro y enfrentarlo que la catástrofe como tal.

MARÍA FERNANDA MUGICA
LA NACIÓN (Argentina) - GDA

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