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'Café' con aroma a otro tiempo / El otro lado
Laura Londoño y William Levy, protagonsitas de Café.

Laura Londoño y William Levy, protagonsitas de Café.

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RCN

'Café' con aroma a otro tiempo / El otro lado

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El reto de hacer una nueva versión era inmenso para estar a la altura de la obra original.

Café con aroma de mujer modelo 1994 es una gran telenovela. Impecable en todo: La Gaviota, la música, el descubrimiento del café y sus historias, los relatos en forma de mujer, el homenaje a ese país que imaginó que podríamos ser distintos.

Café de Gaitán era crónica periodística de nuestra identidad. Café de Pepe Sánchez era relatos sutiles que enunciaban colombianidades que nos espejeaban. Café de Margarita Rosa era el homenaje a esa ambigüedad alegre y gozosa de la mujer colombiana. Café era la celebración de la cultura popular y sus modos de vincularse al mundo.

Ese Café triunfó donde la pusieran. Y las veces que RCN la ha repetido, vuelve y marca bien.

(Lea también: Las telenovelas más recordadas por los colombianos)

El reto de hacer una nueva Café era inmenso para estar a la altura de esa obra insignia de nuestra identidad.

Y llegó la versión 2021. Y ahí vemos una fotografía muy digital: limpia, higiénica, colorida, bella. Y parece un comercial de “Somos cafelombia”. Y se ve bonita. Se reconoce la belleza enorme de esta tierra que nos tocó en destino.

Aparece una nueva Gaviota, y es bellísima, y tiene aura, y es tierna, y lo hace bien: solo se le siente débil cuando canta, como que no va con el tono. Pero Laura Londoño lo hace bien.

Su galán, su Sebastián, como la vez pasada, es guapo y nada más. Antes era brasileño, el de ahora es cubano. Una prueba más de que cuando necesitamos galanes vamos a las ‘extranjas’ porque los ‘colombiches’ somos feos.

La mamá de Gaviota se le ve regia y contundente.

Hasta ahí llegamos. Las actuaciones en general son esquemáticas, con diálogos informativos y mucho grito extrovertido. Sin las sutilezas y ambigüedades que lograba el Pepe. Toda una renuncia a nuestro estilo de contar para ganar el tumbao mexican Miami. Y ahí el peor es Iván: malo total, plano sin atributos, puro malo de telenovela sin sutilezas. Y así sigue la mayoría, como que no hay quién los dirija.

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Y la historia se quedó en el calco de la que fue, pero el país ya es otro. El café es otra costumbre, una más hípster, una más coolture.

Nuestro mundo es otro. Nuestras experiencias televisivas son otras. Si el asunto es ver lo mismo otra vez y con malas actuaciones, mejor ver el Café de 1994.

Lo malo de Café es… Café. Y esto es así porque los que ya vimos la versión 1, que somos los que vemos televisión, comparamos y extrañamos el encanto del viejo café: eso de las sutilezas y lo parroquial que éramos. Y para los más jóvenes, si es que ven televisión y si es que nunca la vieron, no tiene ningún atractivo esta versión, porque se siente muy antigua, sin referentes actuales y como perdida en el tiempo.

(Lea, además: Los amores y los aromas que traerá el nuevo Café)

Puede ser el libreto, puede ser la dirección, pero los actores están fuera de tono: y todo luce desangelado. ¡Ah! y lo más malo de Café es… Noticias RCN.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
orincon61@hotmail.com

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