‘Betty la fea’ y el Código Penal

‘Betty la fea’ y el Código Penal

Tras muerte de Fernando Gaitán, EL TIEMPO recupera columna (2001) del entonces fiscal Gómez Méndez.

Alfonso Gómez Méndez, exministro

Alfonso Gómez Méndez, exfiscal general de la Nación.

Foto:

Claudia Rubio / Archivo EL TIEMPO

Por: Alfonso Gómez Méndez
03 de febrero 2019 , 09:34 p.m.

Durante estos últimos dieciocho meses todo el país ha estado, noche tras noche, pendiente de los desarrollos de la telenovela de más éxito en los últimos años en Colombia.

Se ha dicho que Betty es la reivindicación de las feas, y la expresión de una colombiana modelo. Nada más alejado de la realidad. La Betty de la novela no solo no es modelo, sino que debería estar en La Modelo, o en El Buen Pastor, como casi todos los demás protagonistas. En efecto, ‘Betty la fea’ puede servir de ejemplo a un profesor de Derecho Penal para la explicación de los más variados delitos.

La presentación de muchas situaciones de la picaresca colombiana no nos puede hacer pasar de largo sobre el hecho de que en varias de las actuaciones de quienes desfilan por la telenovela se asoman las páginas del Código Penal.

Betty es, en efecto, una muchacha humilde, estudiosa, inteligentísima, hábil y audaz, que pasa de ser el patito feo a ser la presidenta de Ecomoda y Terramoda, y termina haciendo derramar lágrimas por su esquivo amor, incluso a encopetados señoritos de la sociedad y reconocidos ‘gallinazos’. Pero ¿a través de qué métodos lo logra?

Aun cuando el motor inicial fue el amor, se ganó la confianza de Armando, su jefe, no solo por su inteligencia –a pesar de su torpeza física–, sino por ayudarle a presentar balances ‘maquillados’ de la empresa. Ese hecho constituye un delito de falsedad documental sancionado con pena de prisión en el Código Penal. Y pobres socios de Ecomoda. Esos balances falsos los llevaban a hacer más inversiones en una empresa quebrada. Eran víctimas de otra acción criminal conocida como estafa, de la cual la pobre Betty terminaba siendo cómplice y auxiliadora.

¿Y qué decir de todo ese andamiaje para crear una empresa de papel (Terramoda) y evitar de esa manera que los legítimos acreedores de Ecomoda pudieran hacer valer sus derechos en un juicio ejecutivo, como se decía en la antigua terminología del Código de Procedimiento Civil?

Si cualquier persona hace esas maniobras en la vida real, tiene que responder en un proceso por fraude procesal, delito que se estructura cuando alguien mediante engaños induce a error a un servidor público para llevarlo a tomar una decisión contraria a la ley.

Era tan delictuosa la acción que el cándido Nicolás Mora y el ingenuo y honesto Hermes, padre de Betty, fueron inicialmente engañados por esta sobre los verdaderos alcances de la operación. Claro que ambos, con intervalos, terminaron siendo cómplices de las maniobras de la amiga e hija. Dos clásicos tinterillos (casposos, malvestidos y pésimos seductores) hacen parte de la patraña defraudatoria.

Y claro, eso sin hacer a un lado la comisión del delito de contrabando por parte de Armando y su socio Calderón cuando, a espaldas de los accionistas y demás directivos de la empresa, y para tapar la realidad financiera, hicieron una importación ilícita de telas, que fue decomisada –todo el país lo recuerda– por perros de la Aduana, bajo la dirección en persona de Fanny, la ejecutiva e insobornable.

La utilización indebida de carros de la empresa de papel, pero que en realidad eran de la verdadera empresa, por parte de Nicolás Mora para seducir a la peliteñida (Patricia Fernández) configura otra violación al Código Penal, bajo la forma de abuso de confianza.

Y Gutiérrez, el libidinoso jefe de personal, que sin éxito abusa del poder para seducir, con la sola excepción de doña Inesita, al cuartel de las feas, bien podría ser procesado por el delito de constreñimiento ilegal previsto en el artículo 298 del Código Penal.

Y Marcela, sus suegros, Daniel Valencia y todos los directivos terminan siendo, de un lado, víctimas de una extorsión implícita de Beatriz Pinzón, al permitirle que se quede sin derecho real con la presidencia de la compañía, y, de otro lado, cómplices del delito de fraude procesal cometido finalmente por todos ellos para evitar el embargo por deudas no pagadas a los acreedores legítimos.

Y para rematar, el acto de arrepentimiento de Armando y su tardío amor por Betty estuvo precedido, entre otros hechos, por la violación de la correspondencia de su otrora despreciable objeto sexual y luego amada enaltecida e inalcanzable, cual Dulcinea del Toboso.

En la novela, a través de la mayoría de sus protagonistas, campea la falsedad delictual: fraude procesal, estafa, abuso de confianza, contrabando, falsedad documental. Casi que la única que aparece en toda su extensión con sus miserias, debilidades y flaquezas sin cometer delitos (no lo es no pagar deudas ni seducir a los hombres con sus encantos para obtener ventajas) es la peliteñida, quien se muestra como es, sin atenuantes, auténticamente falsa.

ALFONSO GÓMEZ MÉNDEZ
Ex fiscal general de la Nación (1997-2001) y exministro de Justicia (2013-2014), entre otros cargos.

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