Así luchó el actor Kirk Douglas para convertirse en leyenda

Así luchó el actor Kirk Douglas para convertirse en leyenda

Seis décadas de carrera, más de 90 películas y un espíritu rebelde es su legado al cine.

Kirk Douglas

Kirk Douglas en una escena de Espartaco

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AFP

Por: Cultura, con información de EFE y AFP
06 de febrero 2020 , 06:46 p.m.

Tenía todo para ser un perdedor, pero la naturaleza de Kirk Douglas siempre iba en contra del destino manifiesto y por eso se convirtió en leyenda.

Así se podía resumir el principio esencial que define a una de las más grandes estrellas de Hollywood que murió a los 103 años el pasado 5 de febrero, revelándose al paso del tiempo y aspirando cada minuto de vida en una carrera de más de 60 años.
Su imagen era dura, sus ojos azules mostraban un brillo extrañamente seductor y su talento como actor fue el resultado de otra terquedad ante un destino al que Douglas nunca se dejó arrastrar.

“No puedes llegar más bajo, solo puedes subir” fue una de sus frases más célebres y que resume un poco unos episodios de su vida.


La noticia de su muerte ha despertado no solo la tristeza, sino un cierto halo de nostalgia frente a ese estilo de artista que se hace desde abajo y que con Douglas sumó un cierto aire de poderosa rebeldía en una industria cinematográfica que lo vio crecer en su época dorada.

Issur Danielovitch Demsky, como lo bautizaron, nació el 9 de diciembre de 1916 en Ámsterdam, una pequeña localidad del estado de Nueva York, en una familia conformada por seis hermanas, una madre y un padre alcohólico que trabajaba haciendo limpieza.

Pero Kirk Douglas supo pronto que sus intereses codificaban en otra frecuencia, la de la interpretación. “No debo olvidar que soy el hijo del trapero (…). Cuando interpretas a un personaje tienes algo de él, pero no debo olvidar nunca mis orígenes”, dijo una vez en una entrevista. Pero él siempre trabajó por ser algo más, por no convivir con la carencia.

Cuando interpretas a un personaje tienes algo de él, pero no debo olvidar nunca mis orígenes”

Por eso decidió aventurarse en el arte dramático y fue en algunos escenarios de obras de Broadway en Nueva York donde experimentó esa fuerza arrolladora de convertirse en otro, de recibir aplausos y de escapar un poco de años de resentimiento y exclusión (por ser judío) durante su niñez.

Todo estaba comenzando a organizarse en su vida –hizo unos cuantos musicales y piezas teatrales pequeñas que no tuvieron mucha trascendencia, pero que le daban mucha felicidad– cuando en 1942 fue llamado al ejército para luchar en la Segunda Guerra Mundial.

Fue destinado a la Unidad Antisubmarina 1139, en el océano Pacífico, donde permaneció entre 1942 y 1943, con el grado de oficial de telecomunicaciones. Luego de dos años de servicio regresó a Estados Unidos con el firme propósito de seguir actuando.

“El aplauso es la droga más adictiva que existe, legal o ilegal. En realidad, yo quería triunfar en Broadway. Y, sin embargo, tuve que cambiar de medio porque los buenos papeles no servían para ganarse la vida y poner comida en el plato”, recordó.

“Por eso, Lauren Bacall (también actriz), a quien conocía como Betty, convenció al productor de cine Hal Wallis para que fuera a verme en una obra que se llamaba The Wind is Ninety, y así fue como me ofreció un papel en 'El extraño amor de Martha Ivers', en donde hice del esposo de Barbara Stanwyck. Traté de aprovechar el dinero que me pagaron, que fue importante, para convertirme en una estrella teatral, pero aunque creo que Dios responde a todos los ruegos, a veces la respuesta es no. Eso me hizo saber que mi destino estaba en el cine”, agregó en una entrevista publicada en el diario La Vanguardia hace tres años.

Luego, el intérprete protagonizó en 1949 'Champion', la dura historia de un boxeador que buscaba la gloria, pero tenía que lidiar con algunos pasajes oscuros en ese proceso. La crítica adoró el filme y Douglas pudo despegar en la pantalla grande y tomar papeles en casi todos los géneros, cosechando una filmografía de más de 90 películas durante 60 años de trabajo.

Lo paradójico es que nunca ganó un Óscar como mejor actor. Fue nominado tres veces: una por Champion; luego en 1953 por Cautivos del mal (1954), donde interpretó a un productor de cine sin escrúpulos, y Lust for Life (1957), en el que se convirtió en el pintor Vincent van Gogh, ofreció una actuación muy intensa y reveló la naturaleza atormentada del artista holandés.

Para muchos era un Óscar cantado, pero la sorpresa la dio Yul Brynner al quedarse con el premio a mejor actor por El rey y yo. Solo hasta 1996 le dieron una estatuilla dorada honorífica.

“Estoy orgulloso por ser parte de Hollywood por 50 años, pero esto (refiriéndose al galardón) es para mi esposa y los quiero a todos ustedes por los grandiosos y maravillosos años”, dijo en el discurso al recibir ese homenaje frente a muchos de sus colegas y artistas de nuevas generaciones.

Fue un momento emotivo y sencillo en la vida de un actor considerado un tipo duro frente a las cámaras, un héroe implacable con una naturaleza gris (ni totalmente buenos o totalmente malos en muchas de sus interpretaciones). “El actor siempre se oculta en sus personajes, pues lo más difícil es ser uno mismo”, recordaba siempre.
Kirk Douglas también dirigió dos largometrajes: Scalawag (1973) y Posse (1975) y se convirtió en productor para acercarse de una manera más profunda al trabajo en el cine.

El cineasta Stanley Kubrick marcó su carrera, ya que a sus órdenes protagonizó Senderos de gloria (1957) y Espartaco (1960), proyecto que Douglas produjo y en el que contrató al guionista a Dalton Trumbo, un escritor que había sido marginado por el senador Joseph McCarthy, durante la famosa caza de brujas en Hollywood en la que se persiguió a gente de la industria por su presunta afiliación comunista.

“Mi mayor logro en mi larga carrera fue ayudar a terminar con las listas negras en el cine”, repitió muchas veces este actor, que, en contraste, no tuvo buena relación con Kubrick. “Hay personas que tienen talento y otras que son una mierda, Stanley Kubrick es una mierda con talento”, sentenció.

Aunque no tenía pelos en la lengua y recordaba siempre que detrás de la generosidad que muchos le reconocían había un tipo intenso y un poco maníaco, también cumplió con algunos cánones como estrella del celuloide. Fue famoso por su naturaleza de Don Juan y mujeriego empedernido.

“Nunca conté las mujeres que tuve. Las amo demasiado para eso”, era su salida elegante ante la pregunta de sus aventuras amorosas. Gene Tierney, Rita Hayworth, Marlene Dietrich, Pier Angeli, Joan Crawford y Ava Gardner fueron algunas de las actrices con las que tuvo romances.

En 1943 se casó con la actriz estadounidense Diana Love Dill, madre de Michael Douglas y Joel, pero en 1953 se divorció. Tres años después conoció a Anne Buydens y se casó con ella. Su segunda esposa cumplirá 101 años el próximo 19 de abril.
Siempre se caracterizó por tener una salud de hierro, representar la imagen de un hombre deportista y saludable.

Kirk Douglas

Kirk Douglas y su esposa Anne Buydens

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EFE

Escribió su autobiografía El hijo del trapero (The Ragman’s Son) en 1988, y en 1991 le hizo el quite a la muerte al sobrevivir a un accidente de helicóptero y salir solamente con unas heridas leves a pesar de que murieron dos personas. Además sufrió un derrame cerebral en 1996 y un infarto en 2001.

“Los actores tenemos el poder de hacer cosas más allá de divertir (…). Podemos llamar la atención sobre los problemas del mundo y hacerlo un lugar mejor” fue otra de sus intervenciones.

Su última interpretación teatral fue en marzo del 2009 en el teatro que lleva su nombre en Culver City (Los Ángeles) con la pieza 'Antes de que me olvide', una comedia en la que narraba su propia vida. Y su última aparición pública fue el 8 de enero de hace dos años, en la gala de los Globos de Oro, junto a su nuera Catherine Zeta Jones, esposa de Michael, para entregar el premio a mejor guion.

Tras la noticia de su muerte, muchos fanáticos dejaron flores en su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Asimismo, el director Steven Spielberg, quien le entregó el Óscar en 1996, lo recordó diciendo en una entrevista con la revista The Hollywood Reporter.

Kirk Douglas

Sus fanáticos dejaron flores en la estrella de Kirk Douglas en el Paseo de la Fama de Hollywood.

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AFP

 “Me honra haber sido una pequeña parte de sus últimos 45 años. Extrañaré sus notas escritas a mano, cartas y consejos paternos, y su sabiduría y coraje –que van más allá de un trabajo tan impresionante– son suficientes para inspirarme para el resto del mío”.

CULTURA
@CulturaET
Con información de EFE y AFP

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