Así se hace magia en el aburrido TransMilenio

Así se hace magia en el aburrido TransMilenio

Dos jóvenes venezolanos se conectan telepáticamente para sacarle una sonrisa a los pasajeros.

Magos en Transmilenio

Oliver, el de gabán negro, es el encargado de preguntarle a Jontys, que está al fondo con los ojos vendados, para que adivine lo que está sucediendo en el articulado.

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El Tiempo

Por: Maria Camila Botero
27 de junio 2019 , 08:17 p.m.

Caras de sueño, personas amargadas y muchos ojos ocupados en sus celulares. Ese es el panorama normal de un TransMilenio en Bogotá, donde no hay hacia dónde moverse y cada quién está en su cuento. Sin embargo, todo cambia cuando dos personajes irrumpen en ese mundo ajeno y se apropian de él.

El gran Jontys y el Increíble Oliver se hacen paso en los articulados de Bogotá como si estuvieran haciendo su entrada a un importante circo o a una reconocida casa de magos. Sus gritos entusiasmados acompañados de fuertes aplausos despiertan a aquellos que cabecean, obligando a los pasajeros enajenados en sus celulares a que volteen la mirada hacia ellos.

“Muy pero muy buenos días”, saludan. Saben que lo más importante es la actitud, así que no se dejan desanimar si no les contestan el saludo y siguen: “hemos preparado un show para ustedes y estamos seguros que será de su agrado”.

“Mi hermano y yo nos vamos a conectar telepáticamente. Yo puedo ver claramente lo que piensa mi hermano y mi hermano puede ver claramente lo que pienso yo”, dice el Increíble Oliver mientras le pone una venda en los ojos a Jontys y lo gira con dirección al conductor, dando la espalda a los pasajeros que presencian su show.

- ¿De qué color es la chaqueta de la dama?, pregunta Oliver.
- Morada, hermano.
- ¿Y los zapatos del caballero?
- Cafés.
- ¿Qué números tiene la camisa del señor, hermano?
- Cinco, dos y tres.
- ¿Alcanzas a ver la placa del bus que está pasando?
- Sí, hermano. Termina en 475.

Después de este primer número la gente parece sorprendida. Ya la mayoría les presta atención dejando de lado sus celulares y quitándose los audífonos.

Pero aún falta más y los magos quieren mostrar todo lo que tienen para impresionar a los pasajeros que los miran estupefactos.

"Vamos a hacerlo un poquito mejor. ¿Quién se anima y saca una cédula? Cédula que saquen y mi hermano Jontys les dirá claramente su nombre, apellido, fecha de nacimiento y si su pareja le está montando los cachos", afirma Oliver.


Se escuchan las carcajadas que rompen la tensión que, de por sí, emana del transporte público.

A este punto los observadores ya son parte del show y participan tranquilamente. Incluso, varios se ofrecen para mostrar sus cédulas olvidando el riesgo que esto podría representar para ellos al exponer sus datos personales.

Tan pronto Oliver tiene una cédula en su mano continúa:

- Dime el nombre de él.
- Juan, responde Jontys.
- ¿Qué día nació?
- El amigo nació un día 30.
- ¿De qué mes?
- Un día 30 del mes de noviembre.
- Año exacto.
- 1974.

Así siguen con diferentes cédulas al azar, mencionando el lugar de nacimiento, los números de identificación y hasta la estatura. Los que prestaron sus documentos asienten con su cabeza entre risas en señal de que es cierto todo lo que están diciendo.

El espectáculo no se queda solo con la sorpresa y la intriga de los que lo presenciaron. Al terminar, los hermanos pasan por los asientos pidiendo un aporte voluntario, pero a diferencia de otras veces en las que se suben vendedores ambulantes y muchos los ignoran, esta vez la mayoría da propina.

Los magos cierran su show entre los aplausos del público y la enorme bolsa negra que se va llenando con varias monedas de distintas denominaciones y uno que otro billete de $2.000 o $5.000.

Magos en Transmilenio

Esta es la bolsa en la que recogen el dinero que los pasajeros les quieran brindar por su espectáculo.

Foto:

El Tiempo

Pero no todo es completamente cierto.

La magia es una película que nos tomamos muy en serio, porque si no nos la creemos nosotros, nadie se lo va a creer

Jontys y Oliver solamente son hermanos en la presentación. La realidad es que se conocieron desde muy pequeños y aunque se sienten como hermanos, de sangre no lo son.

Aparte de eso, lo que presentan es actuado. No son poderes reales sino ilusiones.

“Literalmente los magos somos actores. La magia es una película que nos tomamos muy en serio, porque si no nos la creemos nosotros, nadie se lo va a creer”, afirma el Gran Jontys.

Sus nombres reales tampoco son Jontys ni Oliver, solo son sus nombres artísticos.

El nombre real de Jontys es Eliantony Oliveros. Su seudónimo nace en honor a un hermano fallecido y a una combinación de las letras que componen su nombre.

Eliantony tiene 24 años y nació en el Valle del Tuy, Venezuela. Hace magia desde los 15 años y se especializa, principalmente, en la magia infantil.

El nombre del increíble Oliver es Edward Jhoandry Olivero. No hace falta decir de dónde salió el seudónimo, pero tiene 23 años y nació en el mismo lugar que Jontys -aunque no fue allí donde se conocieron-. Hace magia desde los ocho años y se interesa más por la magia para adultos y los trucos con cartas.

Estos jóvenes se ganan la vida haciendo lo que los apasiona: magia. Hacen parte de ese 45% de venezolanos que, según el DANE y la Universidad del Rosario, se dedican al trabajo informal en Colombia.

Sin embargo, su trabajo no es nada habitual. Ellos saben que su show es diferente al del resto de magos y aseguran que tienen todo el potencial para sobresalir a nivel nacional e incluso internacional:

“La magia es 30% técnica y 70% presentación. El show que nosotros hacemos muchos lo hacen, pero no le ponen el carisma que nosotros le ponemos. Damos todo por la magia”, dice Oliver.

Jontys agrega que deja que la magia hable por él. “Podrán haber muchos magos buenísimos pero nosotros nunca decimos ‘voy a ser como él’, sino que decimos ‘voy a ser mejor que él’. El hombre es lo que piensa y si piensa que es grande, va a ser grande.”

La magia para ellos es ver la cara de asombro de los espectadores. En los primeros 20 segundos deben mostrarle a las personas que son buenos, si no, pierden el interés.

La pasión se les nota cuando ‘actúan como magos’. No creen que hayan sacrificado nada por esto. La magia simplemente llegó a reemplazar todo lo demás en su vida para convertirse en lo más importante.

Magos en Transmilenio

Oliver y Jontys en un evento infantil que consiguieron gracias a sus presentaciones en TransMilenio.

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El Tiempo

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Oliver y Jontys en un evento infantil que consiguieron gracias a sus presentaciones en TransMilenio.

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Oliver y Jontys en un evento infantil que consiguieron gracias a sus presentaciones en TransMilenio.

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Oliver y Jontys en un evento infantil que consiguieron gracias a sus presentaciones en TransMilenio.

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Oliver y Jontys en un evento infantil que consiguieron gracias a sus presentaciones en TransMilenio.

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El Tiempo

Aseguran que no vinieron a dar lástima sino a sacarle sonrisas a las personas y a sorprenderlas con su talento. Por eso, les molesta que algunos venelozanos “alquilen hasta a los niños por conseguir dinero en vez de hacer algo que llame la atención", asegura Oliver.

Manifiesta, además, su molestia por las mentiras de sus compatriotas imitando y exagerando sus habituales discursos:

“Vengo caminando desde Miami y los zapatos se me descalzaron en Puerto Rico. Llegué acá a Bogotá con solo las uñas porque las uñas también se me desgastaron.”

Los dos hermanos se ríen y repiten que les molesta que usen la lástima para ganar dinero. Sin embargo, afirman que extrañan su país y que les gustaría devolverse tan pronto la situación se solucione.

Jontys sueña con tener una estabilidad en su vida pero sin apartarse de la magia. Quiere presentar shows infantiles por el resto de su vida.

Por su parte, Oliver quiere ser un mago reconocido a nivel mundial y que a cualquier lado al que vaya lo conozcan por su talento.

Gracias a su esfuerzo y habilidades, fueron invitados al Festival Internacional de Magia en Manizales, donde representaron a Venezuela entre participantes de diferentes partes del mundo. 

A pesar de las diferencias de estos dos “hermanos”, tienen en común algo más fuerte que cualquier otra cosa: la magia.

MARIA CAMILA BOTERO CASTRO 
ESCUELA DE PERIODISMO Y MULTIMEDIA EL TIEMPO

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