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‘Una comedia como ‘Radojka’ nos ayuda a exorcizar’: Santiago Alarcón
Santiago Alarcón con Ana María Sánchez y Marcela Benjumea, las actrices de la comedia ‘Radojka’. Paula Estrada es directora asistente.

Santiago Alarcón con Ana María Sánchez y Marcela Benjumea, las actrices de la comedia ‘Radojka’. 

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Teatro Nacional

‘Una comedia como ‘Radojka’ nos ayuda a exorcizar’: Santiago Alarcón

Santiago Alarcón con Ana María Sánchez y Marcela Benjumea, las actrices de la comedia ‘Radojka’. 

El actor dirige esta obra del Teatro Nacional La Castellana y cuenta cómo fue salvado por el teatro.

En medio del humor de la obra 'Radokja' hay un tema muy serio: la posibilidad de perder el empleo y, de paso, la dignidad.

Tras un accidente, dos mujeres, de oficio cuidadoras, tienen miedo porque solo una de ellas conservará su trabajo.

Lucía (Marcela Benjumea) es una de ellas. Su personalidad vulnerable cambia cuando, como muchos seres humanos, se enfrenta a situaciones extremas. Y algo similar le sucede a Gloria (Ana María Sánchez), formando un dúo en el escenario del Teatro Nacional La Castellana, donde se presenta esta obra los sábados a las 6 y 8:30 p. m., presencial y virtual.

Sánchez y Benjumea estrenan en calidad de director a un conocido de ambas en las tablas y la televisión: Santiago Alarcón ('El man es Germán' y 'Garzón', entre otras), con Paula Estrada como directora asistente.

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“Para todos es volver”, dice Alarcón. “El teatro es el presente, el aquí y el ahora con el público. Es un solo suceso que se ve cada noche y no vuelve a pasar nunca más. Por eso tomé el riesgo, le dije sí a dirigir esta obra, y más en estos momentos en los que no se sabe qué pasará mañana, que es lo que nos ha enseñado esta pandemia”.

El teatro le llegó a Santiago Alarcón (Medellín, 23 de noviembre de 1979) en 1991, el año en el que mataron a su papá. “Yo entro en una crisis la berraca, no le veía razón a la vida, no tenía justificación de estar donde estaba y apareció el teatro como una opción y me salvó”.

Estaba en séptimo grado –tenía 12 años– y era el mayor de cinco hermanos de una casa en la que todos estaban mal por la pérdida del padre. Su profesor de sociales, cuyo nombre no recuerda, pero sí su cara y que era “flaquito”, llegó un día al salón y dijo: “Voy a montar una obra de teatro'”.

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“A mí me pareció interesante y me inscribí –dice Alarcón–. Empezaron los ensayos, el rigor, y yo me levantaba cada día pensando en la letra, en que funcionara. Para mi mamá fue muy importante que hubiera encontrado algo que me animara”. Alarcón revela que no fue un gran estudiante: “Eso de estar sentado todo el día en un salón era horrible. A mí me gustaba correr y jugar fútbol”.

Por eso, agrega, siempre vuelve al teatro. “Cada vez que termino un proyecto en televisión regreso. El escenario me recuerda el momento en el que quise ser actor, y yo nunca voy a terminar de agradecerle”.

Cada vez que termino un proyecto en televisión regreso. El escenario me recuerda el momento en el que quise ser actor, y yo nunca voy a terminar de agradecerle

Ahí está su conexión. Pero aunque al principio su familia se puso muy feliz, cuando quiso tomar la carrera en serio hubo diferencias. “Era normal. Vengo de una familia tradicional en la que, además, había que salir a buscar el dinero, no a hacer teatro. Yo entendía su afán, y fue un proceso de varios años para que aceptaran mi decisión”.

De Marcela Benjumea y Ana María Sánchez, sus dirigidas, habla con admiración. “Son grandes actrices, y he trabajado con las dos. Verlas en el escenario dándoles vida a los personajes en un juego creativo, en un registro en el que pasan de un lado a otro, es gratificante, una gran ventaja porque, además, me hacen caer parado como director”.

Se declara defensor de la comedia. “Nos ayuda a exorcizar. Reírnos de las tragedias no hace que dejen de suceder, pero nos fortalece, y esa es una característica muy nuestra”.

Agrega que el teatro teatro como escenario y espacio de creación tiene “una magia que se puede explicar muchas veces y otras, no. Hay cosas que solo pasan ahí y por eso hay que estar ahí, volver, porque tiene una mística que difícilmente se encuentra en otra parte. Es un punto en el que nada se esconde. Es memoria, se ve”.

El teatro tiene una magia que se puede explicar muchas veces y otras, no. Hay cosas que solo pasan ahí y por eso hay que estar ahí, volver

Sus planes futuros incluyen una tercera temporada de Frente al espejo, programa de Capital (antiguo Canal Capital) y la Comisión de la Verdad, que ha presentado.

“Es una manera de acercarnos a las víctimas, pero no a las de un solo lado, sino a todas las víctimas del conflicto armado en Colombia, que son muchas y que ni siquiera tienen bandera, ni siquiera tienen color. Este no es un programa a favor de algo, es un programa que les sirve a todos los colombianos para reconocer el conflicto armado”, dijo en una entrevista cuando se lanzó el espacio.

Porque este hombre, salvado por el teatro cuando era niño, también es un defensor convencido de las causas sociales y la justicia.

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