Raúl Ávila, el ‘chico con el acento’ que se salió de la manada

Raúl Ávila, el ‘chico con el acento’ que se salió de la manada

Este bogotano estará a cargo de la gala de 55 años del MamBo, de Bogotá, este 27 de octubre.

Raúl Ávila, el ‘chico con el acento’ que se salió de la manada

Raúl Ávila se ha formado una carrera en el competitivo mundo de la moda neoyorquina.

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Cortesía Raúl Ávila

Por: Olga Lucía Martínez
24 de octubre 2018 , 09:11 p.m.

Raúl Ávila era el primero en levantarse en su casa del barrio San Eusebio, en el sur de Bogotá. Y madrugar tanto tenía un fin: que su mamá y sus tres hermanas se fueran lindas, la primera al trabajo y las otras, al colegio.

Él mismo era el que las peinaba y arreglaba. “Recuerdo que tenía como siete años y le decía a mi mamá cómo vestirse. Y siempre era el que les compraba la ropa”, dice Ávila vía telefónica.

Su casa está en Nueva York, y desde el 2007 es el encargado de las galas del Instituto de Trajes del Museo de Arte Metropolitano de esa ciudad. Su nombre es reconocido en el mundo de las galas y de la moda, así como del diseño de fiestas. Su nombre es un sello.

Ahora está en Bogotá. Viene con frecuencia, pues tiene un apartamento en la ciudad, así como una finca en la zona cafetera, donde vive su papá, de 93 años.

Pero este viaje no es de placer ni para reunirse con sus muchos amigos. Es para poner su conocimiento y su talento en la gala de conmemoración de los 55 años del Museo de Arte Moderno de Bogotá (MamBo), que será el 26 de octubre, un evento en el que los asistentes pagaron una elevada cifra para disfrutar de la celebración y para que el MamBo tenga recursos para seguir funcionando.

La vinculación de Ávila se dio de una forma que ni él mismo cree. Estando en su oficina de Nueva York le dijeron que una señora colombiana, Claudia Hakim, quería verlo.

“La hice pasar, me contó que era posible que se tuviera que cerrar el museo si no conseguía recursos. Me sorprendieron su educación y su proyecto, y acepté”, cuenta.
Pero algo más sorprendió a Ávila y era que él no conocía el MamBo. Se ríe un poco, como con algo de pena.

“Yo cuando vivía en Colombia había ido a los museos del Oro y Nacional, por temas escolares”, dice, pero nunca al MamBo. Por eso, “en el primer viaje que hice posterior a esta reunión lo visité. Lo recorrí, tiene una arquitectura muy particular”, cuenta.
Después de ese recorrido terminó de convencerse: “Por supuesto que sí podemos hacer una gran fiesta que ponga al museo muy en alto. Y lo decoraremos para la ocasión, que es una gala”, agrega.

El museo, por su parte, tendrá más de 400 asistentes a La gala del MamBo, como se llama el evento, programado para las 7:30 p. m. del 27 de octubre y que se anuncia como una cena bufé con varias actividades.

Que Ávila no conociera este emblemático lugar de Bogotá, con una colección que incluye lo más importante del arte moderno colombiano y de varios artistas del mundo, no importó. Con esa sensibilidad que le viene desde muy niño, sin saber por qué, pondrá su sello en esta jornada.

“Nosotros éramos muy humildes, y yo vine con eso en la sangre –se refiere al sentido de la estética y la belleza–. Me gustaba reorganizar la casa, mover los muebles, cambiar las cortinas”, dice. En pocas palabras, a él, desde muy niño, le gustaba que todo se viera bonito. Por este sentido de la estética, agrega Ávila, su familia nunca lo hizo sentir mal ni lo trató como alguien diferente.

Cuando su madre, Adela Maldonado, murió y sin posibilidades de iniciar una carrera universitaria en Colombia por falta de recursos, al terminar el bachillerato se fue a Nueva York, donde vivía Luis Daniel Ávila, su papá, en ese momento.

Era 1984, él tenía 19 años y, como siempre lo ha manifestado, fue el mejor momento para irse. A su llegada a Estados Unidos emprendió una carrera como modelo. “Tuve varios puntos a favor: era muy alto, tenía el pelo largo y un color de piel diferente”.

Durante los cinco años que fue modelo no solo le gustó ese mundo, también empezó a fijarse en cómo eran los escenarios y las luces, así como la organización y el estilo de los eventos, ratificando su vocación infantil, pero aún sin saber para dónde lo llevaría su gusto por la estética.

A principios de los años 90 conoció a Robert Isabell, uno de los más reconocidos organizadores de fiestas temáticas de Estados Unidos, así como de eventos.

Isabell, quien luego de conocer sus deseos de aprender, su sentido de la estética y sorprenderse de que no fuera pintor o artista (le tuvo que aclarar que venía de un país pobre, con pocas oportunidades y de una familia humilde), se lo llevó a trabajar a su lado como su asistente. “Fue él quien me dejó expresar ese sentido del diseño que tenía desde niño”, cuenta.

Ávila aprendió mucho, aprendió sin parar, y muy rápido se volvió la mano derecha de Isabell para organizar las fiestas de la realeza europea, los millonarios del mundo y las estrellas de Hollywood. Su gran disciplina lo hizo ascender a director creativo, pero cuando estaba a punto de cumplir 40 años tomó una decisión.

“Era el 5 de diciembre del 2004 y decidí que era hora de irme y formar mi propia empresa”, cuenta. En ese camino había conseguido buenos amigos; entre ellos, Aerin Lauder (millonaria empresaria), quien lo animó. Su compañía, Raúl Ávila Inc., quedó conformada en febrero del 2005.

Pero sin abrir oficina aún, en ese diciembre del 2004, cuenta, trabajó mucho. Fue contratado para organizar la cena de navidad de Anna Wintour, actual editora jefe de la edición estadounidense de la revista Vogue y una de las mujeres más poderosas de la industria de la moda.

“Anna, tengo solo 19 días para organizar todo”, le dijo Ávila y ella le contestó, tranquilamente, “Tú puedes”. Lo logró y fue ahí cuando Wintour le propuso hacer las galas del Met neoyorquino.

Esa relación con Wintour había empezado años atrás, cuando esta mujer exigente de la moda, amada y odiada, contrató a la oficina de Isabell para organizar una comida importante en su casa.

Ávila fue el encargado y cuenta que hizo lo mejor que pudo. “Me encargué de la mesa, las flores, ordené la sala, organicé los platos, los cubiertos, los vasos y las servilletas, planché el mantel, saqué las matas feas y dejé listo el comedor. Cuando ella llegó, preguntó quién había hecho todo eso, y le respondí que yo. No dijo nada y subió las escaleras. Terminé mi trabajo y me fui. Al día siguiente, en la oficina de Isabell, le exigió a este que de ahora en adelante solo quería que la atendiera el ‘chico con el acento’. Mi nombre se lo aprendió como a los seis meses”, cuenta Ávila entre risas.
Con un año de anticipación se reúnen desde hace más de una década para organizar las galas del Met. Ávila dice que estudian mucho a las personas que van a honrar, juntos sacan ideas y trabajan con arquitectos e ingenieros. “Es un trabajo de perfección. Yo la admiro mucho, por eso, por su dedicación, ella está donde está”, dice el bogotano.

De su mano ha conocido a mucha más gente importante y ha logrado excelentes negocios. De hecho, informa su oficina, en su base de clientes tiene nombres como Aerin Lauder, Óscar de la Renta, Marc Jacobs, Costume Institute Gala, CFDA, Cartier, Town & Country y Condé Nast, entre otros.

Pero lo más importante es que él no se ha olvidado de dónde viene y tampoco de doña Adela, su mamá, a quien le sigue teniendo un amor infinito. “Ella siempre supo que yo era homosexual y nunca me dijo nada ni me cuestionó”, comenta.

Y siempre, siempre, se encomienda a ella al iniciar un proyecto. Le pide a su espíritu que lo ayude a hacer lo mejor. Ese espíritu –dice Ávila– está en todos sus detalles y objetos de diseño, pero muy especialmente en las flores, la especialidad de Raúl Ávila.

Además, le enseñó a ser humilde y sencillo. “Hijo, tienes que ser quien eres; si somos pobres, somos pobres”, le decía. Pero de otro lado le enseñó a potencializar sus talentos, le recibía sus consejos para verse más bonita y siempre lo motivó a trabajar. Gracias a ella, ese ‘chico del acento raro’ hoy es un sello.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ@CulturaET

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