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¿Por qué Jiménez de Quesada es persona non grata para los misak?
Indígenas Misak tumban estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada

Indígenas Misak tumban estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada

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EFE

¿Por qué Jiménez de Quesada es persona non grata para los misak?

Los indígenas han tumbado tres estatuas en menos de un año en Popayán, Cali y Bogotá.

Los misak se convirtieron en noticia en septiembre de 2020 cuando derribaron la estatua de Sebastián de Belalcázar en Popayán por “genocida”, “violador”, “invasor”, “esclavista” y “ladrón”. Las redes se llenaron de comentarios y la comunidad misak, de apenas 30.000 indígenas, repartidos en el Valle del Cauca, Cundinamarca, el Huila, Putumayo, Meta, y sobre todo, Cauca, se hicieron más visibles que nunca con sus sombreros y sus faldas de colores. La estatua estaba en un lugar sagrado para ellos.

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“Es una acción simbólica importantísima en Latinoamérica. Pero importantísima. Porque es el primer símbolo de un descontento que tiene cinco siglos o más –dijo en ese momento el artista Miguel Ángel Rojas–. Es una acción muy valiente que puede iniciar una etapa de dignificación no solo de las culturas aborígenes andinas, sino de las de toda América”.

Retiran la estatua de Sebastián de Belalcázar en Cali  para reparaciones

Foto:

Juan Pablo Rueda

Y los misak no se detuvieron, este año, justo cuando comenzaban las protestas en Cali, nuevamente hicieron su aparición y derribaron la icónica estatua de Sebastián de Belalcázar en Cali. “En la escuela nos hablaban maravillas de él. Y era una genocida, un violador de mujeres indígenas; robó nuestras tierras. Y verlo todo el tiempo en un pedestal solo despierta malos recuerdos”, dice María Helena Montano Paja, vicegobernadora del resguardo indígena La Bonanza en el Cauca. “Necesitamos justicia. Y sus crímenes contra nuestros antepasados no pueden mantenerse impunes”.

Y no fue solo Belalcázar. Bogotá amaneció con la noticia de la caída de la estatua de su fundador.

“La violencia y las vías de hecho son condenables”, dice Rafael Nieto Loaiza, precandidato presidencial del Centro Democrático. “No tengo nada en contra de las acciones simbólicas y artísticas, que invitan a la reflexión, ¿pero tumbar una estatua? Esas no son maneras de visibilizarse. No se puede construir a partir de la violencia. Gonzalo Jiménez de Quesada fundó Bogotá. Eso es un hecho. ¿Y qué hacen los misak?, ¿eliminarlo? Es la historia. Los fanáticos religiosos también destruyen estatuas. La reivindicación de las minorías no tiene por qué hacerse en contra de las mayorías. Colombia es un país mestizo, ¿qué han hecho los misak por la cultura de Colombia? Los radicales no pueden imponer su visión del mundo. Y la violencia solo erosiona el sistema de argumentación”.

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Indígenas misak, en el Cauca, derribaron la estatua de Sebastián de Belalcázar.

Foto:

Juan Pablo Rueda / CEET

“Quesada”, dice el historiador Jorge Orlando Melo, “es una figura contradictoria. Mató a los últimos caciques y los torturó porque no eran cristianos. Su figura corresponde al lado blanco y dominante; su estatua da una idea sesgada de la historia, porque conmemora solo un lado. No estoy de acuerdo con derribar las estatuas, pero debería haber sitios de conmemoración que también celebren el pasado indígena y no solo celebrar la tradición española. Tumbar estatuas genera un equilibrio negativo. Y necesitamos conmemoraciones que cubran la complejidad de la historia”.

Frente a la idea de tener monumentos o estatuas que representen en igualdad de condiciones a su cultura o a sus protagonistas, Pedro Velasco, gobernador del cabildo de Guambia y vocero del movimiento de autoridades indígenas del suroccidente colombiano, tiene otra posición.

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“Nuestra simbología claramente no puede ser representada en estatuas. Son importantes, claro que sí, y deberían estar a la par con esas formas de representación oficial, pero en Colombia sabemos que no va a pasar y si ha sido así, realmente se trata de casos excepcionales. Estos actos de tumbar estatuas, como la de Sebastián de Belalcázar (en Popayán y en Cali) y ahora la de Gonzalo Jiménez de Quesada, en Bogotá, son en realidad formas de resistencia y de cambio. Creemos que estamos removiendo la historia oficial construida a partir de la colonialidad del poder y del saber occidental en todas las geografías de Colombia, y más ahora, con el acto reivindicatorio con los pueblos indígenas de Cundinamarca, que con cosas con la leyenda El Dorado, prácticamente los acabaron”, dice.

Indígenas misak tumban estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada

Foto:

EFE

El debate continúa y parece global. En Estados Unidos y el Reino Unido ha habido casos de estatuas de esclavistas que han terminado en el piso. En México no se sabe qué va a pasar con la estatua de Colón del paseo de la Reforma y ahora Bogotá se tiene que preguntar, ¿qué hacer con Gonzalo Jiménez de Quesada?

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