Misi, una poderosa soñadora

Misi, una poderosa soñadora

Perfil de María Isabel Murillo publicado en EL TIEMPO, en 2013. 

Misi

María Isabel Murillo, Misi, murió luego de desplomarse en el escenario.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / El Tiempo

Por: Sergio Camacho Iannini
24 de noviembre 2018 , 05:01 p.m.

En la década de los sesenta, dos niñas se levantaron un 25 de diciembre en su casa en Bogotá, en la calle 87 con carrera 11A, y recibieron una sorpresa. Cada una tenía una cuerdita amarrada a la pata de la cama, que debían seguir para encontrar el regalo que el Niño Dios les había traído. La cuerdita las llevó hasta el patio de la casa. Allí las esperaba una casa de muñecas tan grande, que hoy las niñas, ya adultas, cabrían dentro de ella.

La casa había sido construida por el padre, quien decidió darle un estilo suizo: ventanas con marcos de madera que abrían y cerraban, cortinas que parecían de cuento, estufa para cocinar y un comedor para sentarse a comer junto a una muñeca que, al jalarle una cuerda de la espalda, hablaba. El patio era grandísimo, tenía un lago con pescados y una pista para poder manejar un jeep Willys a escala y con carrocería de madera, también construido por el padre.

Esa casa, llena de fantasía, llena de juguetes y llena de amor, sería el fundamento para que una de esas niñas se convirtiera, a finales de los años ochenta, en la pionera del teatro musical en Colombia y, 40 años después, en la primera colombiana en llevar una compañía artística nacional al Lincoln Center, en Broadway.

Ella es María Isabel Murillo Samper, aunque a los meses de haber nacido perdió su nombre. Su hermana Josefina, tres años mayor que ella, no podía pronunciarlo, así que le decía Misibel. Un día le pareció más fácil acortarlo a Misi, y así se quedó.

Desde entonces, todo el mundo la conoce como Misi, una artista nacida en Bogotá en 1957, que ha producido más de 40 espectáculos, ha compuesto más de 2.000 canciones y tiene una escuela de teatro musical por la que han pasado miles de alumnos y en la que hoy estudian 600 personas.

Misi no es una mujer; son sus musicales, sus canciones, su compañía, un lugar, un espacio de todo el mundo. “Voy a Misi”, “estoy en Misi”, “¿me recoges en Misi?”, “Presenta Misi”, “Misi Producciones, ¿en qué puedo ayudarle?”, son algunas de las frases que se oyen en la escuela.

***

Y en esa casa también había música. Mucha música. Misi es sobrina del compositor colombiano Emilio Murillo y su padre, Hernando Murillo, aunque no estudió música, solía tocar el tiple, cantaba y acostaba a sus hijas a dormir con música clásica, jazz y boleros. Misi creció oyendo una mezcla entre Tchaikovsky, Frank Sinatra y Armando Manzanero.

“En la casa la música hacía parte de vivir, de dormir, de despertarse, de decir te quiero, de compartir momentos alegres y tristes. Tuvimos la primera grabadora de dos canales. Era tal la maravilla que todos querían venir a nuestra casa a oír música”, dice Misi.

En los setenta, artistas como Julio Iglesias, quien por ese entonces cantaba 'Gwendolyne', y Piero cuando estrenó 'La sinfonía inconclusa en la mar', pisaron la casa de los Murillo Samper.

Y en esa casa también había una mujer. Una muy especial. Josefina Samper, la mamá de Misi, era quien le acolitaba todas las locuras al papá y quien, en época de Navidad, se encargaba de la decoración de la casa, de asegurarse de que sus hijas tuvieran un gigantesco pesebre, de invitar a la gente a cantar villancicos y de los globos y luces de bengala para celebrar. Esa mujer, además, sería durante 18 años, y hasta el día de su muerte, la diseñadora del vestuario de los musicales que su hija compondría.

El amor de Misi por la Navidad no nació solo en su casa. Una situación negativa fue convertida, por sus padres, en un lindo recuerdo. Cuando tenía tres años, su hermana Josefina fue diagnosticada con polio. El médico de la familia les sugirió ir a Boston para que la trataran. Fue así como durante los siguientes 12 años viajaron cada año, en diciembre, para que a Josefina le practicaran una operación.

Sus padres no estaban dispuestos a dejar que una época que se caracterizaba por la música, las reuniones en familia y la alegría, cambiara. Misi recuerda ver caer la nieve desde la ventana del hospital. Pero la mejor parte de cada viaje era que, aprovechando la cercanía, sus padres la llevaban a ella y a su hermana a Nueva York, a ver musicales en el Radio City Music Hall. “Me acuerdo como si fuera ayer. Fue tan emocionante ver 'Jesucristo Superestrella', 'West Side Story', 'Hair', 'Annie'. El montaje, la música y los actores nos dejaron paralizados”.

–¿No es increíble haber visto esos musicales cuando era pequeña y luego haberlos llevado a escena?

–Tú dirás que yo planeé todo esto, pero la verdad es que solo soñé y creí. Hay que adquirir una disciplina y trabajar mucho y luchar, pero hay que vivir el momento sin pensar.

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Misi comenzó a componer a los 16 años cuando estudiaba en el Colegio San Patricio, en Bogotá. En ese entonces, cuenta ella, las letras tenían que ver con novios, pero eran algo bobas. Fue en la universidad, cuando decidió estudiar pedagogía musical, que supo que su verdadera pasión eran los niños. En las prácticas de su carrera Misi se dio cuenta de que para que los niños pudieran afinar y llevar el ritmo, primero tenía que enamorarlos y engancharlos a la música, y fue así como nacieron canciones como 'Don Tomate'.

Por ese entonces, entró a formar parte de un coro llamado Ballestrinque y les pidió a sus compañeros que le permitieran grabar un disco con sus hijos. Así creó un coro llamado Timpanitos, y con la plata de la venta de los regalos de un primer fallido matrimonio consiguió el dinero para financiarlo. Luego de este logro, trabajó durante algunos años con María Angélica Mallarino, e incluso llevaron a escena un espectáculo llamado 'Soñando canciones'. Con el tiempo, cada una seguiría su camino por separado.

–¿Con el amor que les tienes a los niños, por qué no los tuviste?

–Esa pregunta es muy fácil de responder. No fue una propuesta ni fue que no quisiera, pero comencé con este monstruo muy joven. Comprendí que mi misión era ser mamá de muchos y no de unos pocos. Si hubiera tenido hijos, este lugar no existiría.

Siempre ha sido una soñadora y en su cabeza no existen los límites. Lo curioso es que las locuras que ella misma crea, termina lográndolas. Su segundo esposo, Arturo Tovar, un hombre de pelo y barba blancos, quien además de ser su compañero es uno de sus principales apoyos, pues no solo ha escrito los libretos de casi todos los musicales y se encarga de las producciones sino también es quien la baja de la nube, no escatima palabras para referirse a su esposa y jefe.

Misi tiene una característica muy especial: trabaja las 24 horas. Le queda muy difícil desconectar la cabeza. Y sí, hay que aterrizarla a veces, pero su éxito radica en que siempre entrega la mejor calidad al público, y el público responde a eso. No se trata de dar lo mínimo y sacar la mayor rentabilidad. En la compañía siempre se contrata al mejor actor, al mejor arreglista, al mejor músico”, dice él.

“Arturo ha sido definitivo en consolidar lo que hoy todo el mundo ve -dice Misi-. Es un artista, pero es mi polo a tierra. Me permite volar con la imaginación, pero es el que hace que esa imaginación se pueda poner en un escenario”.

Fue una tarde del año 1986 que Misi salió con una de sus acostumbradas locuras. Oía con sus audífonos un concierto sinfónico y le dijo a Arturo: “Tenemos que hacer un concierto de Navidad con los niños y la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia”.

Arturo la miró como si estuviera loca y la convenció de que contratar a la Orquesta requería recursos económicos con los que no contaban en ese momento. Misi, terca como siempre lo ha sido, le dijo: “Tienes toda la razón. Necesitamos un patrocinador”.

Y lo logró. Gracias a una amiga y al vicepresidente de una reconocida empresa de seguros consiguieron el patrocinio: un millón de pesos, una cifra que para la época era un montón de dinero. Nació 'Un sueño de Navidad'.

Luego de dos temporadas con boletería agotada, llegaría la primera de las oportunidades a nivel internacional. La compañía viajaría a Disney. Se embarcaron 96 personas en el avión presidencial, alimentadas con bananos, porque era un alimento barato y nutritivo, cuenta Arturo en el libro 'El poder de los sueños', que publicaron para celebrar los 20 años de Misi Producciones.

"Walt Disney World is please to present a special guest today" –dijo una voz gruesa en inglés– 'Un sueno (sin la ñ) de Navidad, from Bogotá, Colombia, under the direction of María Murillo' (nada de Misi).

Misi y sus niños lograron lo que hasta entonces ningún grupo musical colombiano había hecho: siete presentaciones en el American Garden Theater de Epcot Center, en Orlando (Florida). El público ovacionó a unos niños felices y congelados por el frío de enero y cuyos pies eran calentados con secadores, entre escena y escena.

Desde ese entonces, Misi se ha convertido en sinónimo de Navidad. Cada diciembre familias enteras acuden a ver los musicales. Misi, podría decirse, es la Navidad de muchos. Felipe Salazar, su sobrino, quien ha estado vinculado a la compañía desde los cuatro años, ha sido protagonista de varios de los musicales y además trabaja en la parte administrativa, dice que “Misi siempre trabaja con mucha pasión y con un nivel de exigencia y calidad muy altos. Una de sus fortalezas es que no se contenta con lo mínimo; siempre quiere hacer algo más de lo que ya hizo. Esto ha llevado a que Misi, en Navidad, sea una tradición, como los buñuelos y la natilla”.

Cuatro años ensayando en salones alquilados hicieron necesaria una sede propia. Misi encontró una casa en el barrio Pasadena, al norte de Bogotá. Un concierto en el Teatro Colón de Bogotá y el apoyo de un reconocido transportador les permitió reunir algo de dinero. La promesa de compraventa se firmó en una servilleta y el primer pago de cinco millones se cubrió con un cheque sin fondos. La casa fue y volvió a ellos en tres oportunidades. Al final, las cosas se dieron y lograron tener una sede en la cual comenzar a ensayar con 80 niños que hacían parte de la escuela en ese momento.

Los problemas no han faltado y las críticas tampoco. La compañía vivió un duro momento cuando estrenó 'Victoria', un musical que quería mostrar la realidad de los niños que viven en la calle. Para lograrlo, el elenco entero tuvo charlas con Jaime Jaramillo y los niños de la Fundación Niños de los Andes. Sin embargo, algunos de los asistentes tuvieron una reacción negativa al espectáculo; pensaron que se trataba de algo triste e inapropiado para la Navidad.

A pesar de eso, la compañía continuó con su trabajo. En el año 2000, Misi decidió comenzar con dos musicales por año, pero el segundo sería para adultos, pues los niños de la compañía ya estaban grandes. Lo hizo por todo lo alto. Le concederían los derechos de 'West Side Story' si lograba convencer, con su traducción al español, a los representantes de Leonard Bernstein y Stephen Sondheim, los compositores de la música de este clásico. Y lo logró. Consiguió la primera versión autorizada en este idioma.

***

A pocas semanas del estreno del musical de esta temporada, 'Por siempre Navidad', que cuenta la historia y el origen de San Nicolás, Misi no paraba de recibir llamadas ni mensajes por WhatsApp. El vestuario no está listo. Hay un problema con el escenario. El coreógrafo no aparece. No llegó el mail. No hay autorización. No…

Un “¡Ay, Dios mío!”, seguido de un suspiro, sale de la boca de Misi, y luego suelta una sonrisa que muestra casi todos sus dientes. Es enorme. Su oficina es un caos ordenado. El piso está lleno de bolsas negras con el vestuario del musical; parece una bodega. En los dos escritorios que tiene no hay un solo espacio para poner un papel, y un tablero blanco colgado en una pared tiene dibujados los actos en los que se divide 'Por siempre Navidad'. A Misi, sin embargo, no se le escapa nada. Lo tiene todo bajo control, o al menos eso parece. Y eso que falta la que en el mundo del teatro llaman la 'hell week' (semana del infierno), que es la anterior al estreno de cualquier obra, en la que todo lo que pueda salir mal, saldrá mal.

Es curioso que bajo tanto estrés Misi sonría. ¿Qué le quita la sonrisa? Ella se queda pensando, se toma unos segundos, y dice que “en este país es muy difícil vivir del teatro musical. La gente viene de sus colegios, de sus universidades, de sus otros trabajos, y hay momentos en los que no logró que estén en mi misma sintonía. Eso no es ni bueno ni malo, pero a veces es frustrante, porque para mí esto es sagrado”.

Edgardo Bernal, amigo suyo desde hace 36 años cuando cantaban en Ballestrinque, dice que a Misi le quita la sonrisa la deslealtad. “Ella a veces puede ser ingenua, porque cree mucho en la gente. Le han robado ideas y hay personas que se atribuyen trabajos que ella ha gestado”.

“Si me hubieras visto hace unos años, no tendría esta sonrisa permanente. Pero la experiencia te enseña a no dejarte ganar por las situaciones y a no tomarte nada de manera personal. Hay dos formas de ver la vida: como una tragedia o un reto bonito”, cuenta Misi. Este año Misi sintió que el piso que tocaba desde hace 25 años tambaleaba. En junio, cuando el musical de Navidad ya debía estar listo, su adorado coreógrafo, Rob Barron, que la acompañó desde sus inicios, se enfermó, y su arreglista se fue a vivir a Miami. Debía entonces comenzar de cero. Un proceso que debe tomar mínimo un año debía completarse en cinco meses.

Gracias a que el año pasado Misi logró otra de sus locuras: llevar el musical 'La más grande historia jamás cantada' al Lincoln Center, en Nueva York, obra que además obtuvo tres premios ACE –otorgados por la Asociación de Cronistas del Espectáculo–, se abrió un espacio en Broadway. Decidió entonces escribir dos correos electrónicos a dos grandes de los musicales: el primero, a Larry Hochman, un compositor y orquestador ganador de un premio Tony que ha escrito para cantantes como Celine Dion, y, el otro, a Mitch Sebastian, un director de teatro y coreógrafo que ha trabajo en musicales de la talla de 'Cats' y 'Les Misérables'. Un simple mail, que para muchos podría parecer ingenuo, fue clave para que estos dos monstruos, como ella los llama, hoy estén en Colombia trabajando para ella. Igualmente, otra figura internacional se unió a la producción, Marc Mantell, especialista en teatro musical de Los Ángeles, quien se encargó de escribir la historia, con el argumento que Misi y Arturo tenían como base.

Y la admiran. No hablan ni una gota de español, pero cada vez que la ven le sonríen y le cuentan de los avances del musical. Larry incluso la molesta y le dice 'I’m only here for you'. Ella solo puede sonreír tiernamente y poner cara de emoción, como la de una niña chiquita cuando recibe un regalo, y suelta un: “Todavía no sé qué están haciendo acá”.

“Más alto de esto no se puede llegar”, dice Misi. La pregunta que queda entonces es: ¿Luego de haber hecho más de 40 espectáculos, de presentarse en Broadway y de traer semejantes personajes a que hagan parte de la producción de un musical, qué queda por hacer?

La respuesta es uno de los sueños más grandes de Misi, uno en el que trabaja desde hace doce años, pero que ahora comienza a materializarse: Proscenio, un centro cultural con capacidad para 1.500 personas que quedará ubicado en la calle 87 con carrera 15, en Bogotá, y cuyo diseño está a cargo de Foster&Partners, la reconocida firma inglesa de arquitectos. Con este ambicioso proyecto se busca posicionar a Bogotá como una ciudad capaz de producir grandes obras de teatro musical y darles trabajo a quienes quieren vivir de él.

Es imposible predecir el futuro, pero al menos es posible saber qué pasará con Misi en los próximos días y, tal vez, en los próximos 25 años. Se pondrá tacones y un vestido elegante para asistir a su musical; el 22 de diciembre, día del final de temporada, llorará, pues le dará tristeza decirle adiós a un trabajo que ha necesitado tanto esfuerzo. Pondrá la cabeza en la almohada, se sentirá exhausta y querrá descansar. A la mañana siguiente dirá: “¡Arturo!, tengo una idea para el próximo año”, solo que esta vez su esposo no la mirará como si estuviera loca.

SERGIO CAMACHO IANNINI

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