Toledo, el artista mexicano que universalizó la cultura zapoteca

Toledo, el artista mexicano que universalizó la cultura zapoteca

Perteneció a la generación que sucedió a los grandes muralistas de México.

Homenajes a Francisco Toledo

Homenajes a Francisco Toledo en México.

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Efe, Reuters

Por: EFE
06 de septiembre 2019 , 09:08 p.m.

El pintor y escultor mexicano Francisco Toledo contó desde niño con lo que cualquier artista plástico hubiera soñado: la complicidad de sus padres.

Desde temprana edad, Toledo se mostró como un niño precoz, con un talento particular y una personalidad impositiva. Al constatar sus habilidades artísticas, su padre las alentó al permitirle pintar las paredes de su casa para saciar la ola creativa de su hijo.

Toledo, fallecido el jueves pasado a los 79 años y famoso por su gran activismo social –una denuncia suya permitió recuperar obras de arte que se exponen en la residencia presidencial de México–, fue un artista polifacético, con una obra universal alimentada por la tradición indígena.

De hecho, su vasta obra se caracterizó por el arraigo en la cultura zapoteca, de la que provenía; la herencia prehispánica de Oaxaca, estado que es un crisol de culturas indígenas, y la naturaleza.

Francisco Benjamín López Toledo nació el 17 de julio de 1940 en Juchitán de Zaragoza. Fue el cuarto de siete hijos de la pareja formada por Francisco López, dependiente comercial, y Natalia Toledo; de familia de matanceros y dio muestras de genialidad artística desde su primera infancia.

Después de estudiar la educación básica en Oaxaca, llegó a la Ciudad de México, a los 17 años de edad, a tomar clases en el taller de grabado en la Escuela de Diseños y Artesanías del Instituto Nacional de Bellas Artes (Inba).

Ya con 19 años, expuso sus primeras obras en México y en Fort Worth, Texas (Estados Unidos) y luego obtuvo una beca para estudiar en París (1960-1965), donde consolidó su carrera al trabajar con el pintor británico Stanley Hayter.

En la ciudad parisina conoció al pintor mexicano, también oaxaqueño, Rufino Tamayo, y al poeta mexicano Octavio Paz.

Al volver a México se dedicó a desplegar en Oaxaca todo su arte con obras en pintura, acuarela, óleos, gouache y fresco, además de haber incursionado en la litografía, la cerámica, la escultura en piedra, madera y cera, además del diseño de tapicería.
A lo largo de su vida, Toledo cumplió largas estadías en ciudades como Nueva York (EE. UU.), Barcelona (España) y también vivió algunos periodos en la capital mexicana, Minatitlán (Veracruz) y Cuernavaca (Morelos).

El artista tuvo una destaca faceta filantrópica, marcada por la fundación de instituciones como el Patronato Pro Defensa y Conservación del Patrimonio Natural y Cultural del Estado de Oaxaca (Pro-Oax) y el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (Iago).

En enero del 2015, Toledo donó a México el Iago y el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, donde acumulaba más de 50 años de creación, alrededor de 125.000 objetos, según las autoridades culturales del Gobierno mexicano.

Transgresor del arte

La obra de Francisco Toledo se expuso en museos de México, Estados Unidos, América Latina, Europa y Asia. En ella hay colecciones como Zoología fantástica y Homenaje a Jorge Luis Borges.

Aunque fue considerado miembro de la generación de La Ruptura (1950-1970), grupo que transgredió los cánones de los muralistas tradicionales –Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco–, Toledo fue más que nada un transgresor del arte.

Entre los pintores que acompañan a esta generación están artistas como Gilberto Aceves Navarro, Lilia Carrillo, Pedro Coronel, José Luis Cuevas, Manuel Felguérez, Fernando García Ponce, Roger von Gunten y Vicente Rojo.

Toledo siempre mostró un gran compromiso social en defensa de las tradiciones culturales y sociales de Oaxaca, y como ejemplo de ello, en 2002 protestó contra la apertura de un local de hamburguesas y como alternativa regaló tamales oaxaqueños (masa de maíz cocida) y atole (bebida caliente de maíz).

En los últimos años se destacó por su oposición al cultivo de transgénicos y la construcción del Centro de Convenciones de Oaxaca en el Fortín, un lugar considerado el pulmón de Oaxaca; su respaldo a las familias de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos (noviembre de 2014) o a los damnificados del sismo que afectó a su tierra natal, Juchitán de Zaragoza (el 7 de septiembre de 2017), donde instaló con su propio dinero 45 cocinas comunitarias.

Su obra estuvo colgada en las salas más importantes, como el Museo de Arte Moderno de México, el Museo de Arte Moderno de Bogotá (en 1977 y en 1991), el Sofía Imbert de Caracas (Venezuela), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (España) y el Centro Cultura de México en París (Francia). También en el Nippon Gallery de Tokio (Japón), el Forth Worth Arts Center de Texas (Estados Unidos) y en el White Chapel de Londres (Inglaterra), entre otros.

Entre los reconocimientos que recibió se destacan el premio Nacional de Ciencias y Artes en 1998, el premio Príncipe Claus en 2000 y el premio Right Livelihood en 2005.

EFE

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