¿Debe existir un museo sobre Pablo Escobar?

¿Debe existir un museo sobre Pablo Escobar?

Varias obras demuestran que se puede plantear una mirada necesaria y sin apología del narcotráfico.

Museo Pablo Escobar

La entrada al lugar tenía un costo de 90 mil pesos y se realizaban dos recorridos por día en inglés y español.

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Bryan S / Trpadvisor

20 de septiembre 2018 , 01:12 p.m.

Un imitador de Pablo Escobar, objetos personales del capo, su escritorio y hasta una supuesta moto de James Bond eran algunos de los objetos que conformaban el Museo Pablo Escobar, que fue clausurado este miércoles en un operativo en Medellín. 

Además de que el sitio no cumplía la normatividad para funcionar como museo, el secretario de Seguridad de la capital antioqueña, Andrés Tobón, dejó claro que promovía "la vida de uno de los bandidos más tristes, de los que más daño le ha hecho a Medellín". 

Ahí nace la pregunta de cómo se puede contar la historia violenta del país sin hacer apología a esos criminales sanguinarios. Es importante recordar que el arte colombiano ha dado numerosos ejemplos de que mirar esos antecedentes es necesario, como ejercicio de memoria, y que se pueden plantear diversas miradas, no solo la del villano.​

Justamente, en la noche de este jueves, el escritor antioqueño Jorge Franco presenta en Bogotá su nueva novela, 'El cielo a tiros', en la que el protagonista es el hijo de un capo de la era de Escobar, que vuelve a su tierra tras enterarse que encontraron los restos de su padre. 

Es una historia en la que se ponen en primer plano a los hijos de los narcos. "Yo me refiero sobre todo a esos que no optaron por el narcotráfico, que tenían que cargar con una historia, con un pasado, y yo los veía como otras víctimas más de todo ese conflicto que vivimos en Medellín en esos años. No querían seguir las carreras de sus padres, pero, al mismo tiempo, eran señalados por la sociedad, y en algunos casos detrás de ese señalamiento había una implicación de doble moral, porque algunos los utilizaban para negocios o cuando necesitaban plata, pero de todas maneras seguían siendo ‘el hijo de...’.", le dijo Franco a EL TIEMPO en una entrevista sobre su novela.

Esa tendencia de mirar otros sectores de la sociedad que de alguna manera han estado involucrados en el fenómeno del narcotráfico es palpable en la literatura colombiana. Un ejemplo es 'El ruido de las cosas al caer', de Juan Gabriel Vásquez, en la que uno de los personajes principales es un piloto que fue de los primeros en llevar droga a Estados Unidos. 

Como contar nuestra historia

El clásico 'El Paso', del Teatro La Candelaria; la película 'Pájaros de verano', y el libro 'Era más grande el muerto', de Luis Miguel Rivas.

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Fotos: Archivo particular

Entre los casos recientes se puede destacar 'Era más grande el muerto', la novela de Luis Miguel Rivas en la que los protagonistas eran los personajes de bajos recursos que querían trabajar con esos 'patrones del mal' que dirigían el negocio de la droga. 

De hecho, su protagonista empieza a comprar su ropa de marca a través de un contacto de una morgue, que vende por muy buen precio las pintas que llevaban los sicarios cuando los mataban.

Rivas le contó a este diario que la génesis de la historia se remonta a su adolescencia, cuando vivía en Envigado. "Que Pablo está repartiendo plata en la esquina, decían. Y uno corría y lo veía por ahí. Cuando eso, el narcotráfico no estaba marcado socialmente de la manera como lo entendemos hoy. Ni había degenerado en todo ese poder, destrucción y violencia", apuntó Rivas. 

Otro campo que ha contado muchísimas visiones del conflicto es el teatro, empezando por los grandes clásicos del Teatro La Candelaria, como 'Golpe de suerte', que retrataba la vida del capo Lucho Barranquilla, y 'El paso', que se estrenó hace 31 años y fue una especie de premonición sobre cómo el narcotráfico podía corromper la sociedad.  

En los últimos años sobresalen piezas como 'Labio de liebre', una mirada llena de humor negro sobre la reconciliación y el perdón, y el ciclo 'Anatomía de la violencia', en el que el grupo Mapa Teatro analizó la relación entre la fiesta y la violencia en Colombia. Mapa por ejemplo estrenó la obra 'Discurso de un hombre decente', que partía de un supuesto discurso que Escobar llevaba en su bolsillo el día en que fue dado de bajo. 

Discurso de un hombre decente

En 'Discurso de un hombre decente', Mapa Teatro profundizaba en la relación entre la fiesta y la violencia en el ámbito del narcotráfico.

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Cortesía artista

Aquella pieza fue un demoledor y contundente ejemplo de cómo se pueden poner a dialogar los lenguajes contemporáneos con nuestro pasado violento, pues en la obra incluso actuaban personas como Danilo Jiménez, quien tocaba el bombo en la banda Marco Fidel Suárez, una de las preferidas de Escobar, y además resultó herido por la bomba de la plaza de toros de Medellín, una de las más mortíferas de este criminal.

Por su parte la obra 'El ensayo', de Johan Velandia, se centra en tres mujeres que se reúnen en Medellín en un grupo de aeróbicos, un año después de la muerte de Escobar. Una de ellas está buscando venganza, pues las otras dos son las madres de los sicarios que mataron a su hijo. 

Velandia apunta que la obra se presentó recientemente en Argentina y allí se logró el objetivo que tenía la historia: una doble mirada sobre el tema de Escobar, diferente a la que tienen las series de narcos.

"En el encuentro con el público, mucha gente decía: 'yo me veo Narcos, yo me veo 'El patrón del mal' y nunca imaginé que detrás de este héroe (porque a Escobar lo veían como un héroe) haya tanto sufrimiento en familias y en historias tan lejanas como un grupo de aeróbicos en una comuna", recuerda el dramaturgo.

El cine y el arte, otros escenarios

Escobar se ha convertido en un personaje cada vez más explotado en las producciones audiovisuales recientes, no solo en Colombia. Pero el cine nacional también ha buscado explorar las raíces más profundas de este fenómeno, como lo demostraron Cristina Gallego y Ciro Guerra con su película 'Pájaros de verano'. 

Con ecos de tragedia griega, drama shakespereano y western estadounidense, la producción se centra en el nacimiento de la bonanza marimbera en La Guajira y además muestra cómo el narcotráfico afectó la cultura wayú. 

"Hubo una cosa que nos movió: el tabú. Durante años escuchamos eso de que en Colombia solamente se hacían películas de narcotráfico. Pero después de averiguar, nos preguntamos: ¿cómo es posible que esta historia no la pudiéramos contar nosotros? Es como si no nos pudiéramos ver al espejo. Nos aterraba no poder hablar de nuestra propia historia, de la forma como Colombia llegó hasta allí de una manera, incluso, cándida e inocente", le dijo Gallego a EL TIEMPO antes del estreno de la película en la Quincena de Realizadores del reciente Festival de Cine de Cannes.  

"Era un poco la gran historia que faltaba por contar. Cuando nos felicitaban por hacer filmes distintos a los de los narcos (se ríen) nos picaba la curiosidad de que podríamos lograr algo distinto y de calidad", complementó Guerra en aquella ocasión. 

Aquí también se suma 'Matar a Jesús', un relata más íntimo, también ubicado en Medellín, sobre una adolescente que ve cómo un sicario mata a su padre. Luego, la joven empieza a relacionarse con el criminal. 

La apuesta más simbólica para referirse a estas historias ha llegado de la mano de las artes plásticas, con piezas históricas como 'La muerte de Escobar', una serie de  cuadros del maestro Fernando Botero en los que, con sus trazos particulares, muestra al capo atravesado por hileras de balas.

Las visiones de las maestras Beatriz González y Doris Salcedo también han logrado un impacto internacional, y en la escena local también se han dado trabajos como los de Santiago Rueda y Juan David Laserna. 

Pero esta no es una discusión que se da solo en Colombia. En Estados Unidos, por ejemplo, está The Mob Museum (El Museo de la Mafia), que, según su página web, tiene la misión de "avanzar en la comprensión pública de la historia del crimen organizado y su impacto en la sociedad estadounidense".

Además, hay iniciativas estatales como el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, en Polonia, que en los dos campos de concentración nazis erigió un espacio que recuerda el genocidio judío en la Segunda Guerra Mundial. Es un llamado para no olvidar y no repetir esos atroces crímenes. 

CULTURA

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