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Los sorprendentes récords de las subastas de arte en Colombia
Sede de Bogotá Auctions

La sede de Bogotá Auctions, una preciosa casa de ladrillo de los 40.

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Bogotá Auctions,

Los sorprendentes récords de las subastas de arte en Colombia

Las obras de Beatriz González y Olga de Amaral hicieron sonar el martillo con fuerza.

Esta semana, en la subasta de arte latinoamericano de Christie’s, la obra de su majestad Fernando Botero sumó en ventas la nada despreciable cifra de 4’300.250 dólares. Dos esculturas, dos dibujos y tres pinturas –entre ellas, un poderoso tríptico de 1’830.000 dólares– lograron un número que, para la mayoría de artistas colombianos vivos, todavía suena en otro idioma: el idioma de los dólares y de las ventas en el glamuroso mundo de las salas de subasta de Londres y Nueva York. Pero en pesos colombianos –en nuestro humilde, devaluado y tan necesario peso colombiano–, las cifras también comienzan a sonar. Y no solo porque la cara de Débora Arango esté en el billete de 2.000 pesos.

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El 6 de mayo, en Bogotá, se rompió un récord que no debería pasar inadvertido: la casa de subastas Bogotá Auctions vendió un mueble de Beatriz González en 255 millones de pesos (70.000 dólares). Es el precio más alto que se ha pagado por una obra en subasta en Colombia.

El mueble de Beatriz González, una mesa de noche con el rostro de Juan Antonio Roda, se subastó por 255 millones de pesos.

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Bogotá Auctions

El mueble es una mesa de noche con el rostro de Juan Antonio Roda, uno de los grandes artistas colombianos (nacido en España) y uno de los profesores y maestros que marcaron la carrera de Beatriz González. “Nada mal”, dice Charlotte Pieri, directora de Bogotá Auctions. “En Christie’s, el año pasado se vendió un mueble similar de Beatriz González por 110.000 dólares, pero el personaje del mueble era mucho más popular: Carlos Gardel”.

También en Christie’s, en la subasta de arte latinoamericano de esta semana, amén de los gloriosos Boteros, también se vendió una obra de Alejandro Obregón en 25.000 dólares (poco más de 92 millones de pesos). Y en Bogotá Auctions hubo otras cifras similares; incluso superiores.

(De interés: Exposición digital de artistas impresionistas genera un gran debate).

Charlotte tiene la intensidad de la turbina de un Boeing 787. Tiene 34 años y llegó hace casi una década a Colombia. En Francia, su país, estudió derecho y se especializó en subastas y en mercado del arte. “Son dos carreras. En Francia ser subastador es una profesión”, sostiene. Hizo una maestría en el Lou-vre y estudió la restitución del patrimonio cultural en Roma. Trabajó en el departamento jurídico de Sotheby’s en París y pasaba sus horas entre objetos preciosos que tenía que mirar, tocar –sobre todo apreciar– y evaluar con lupa; pero el destino le tenía una sorpresa. Se enamoró. Dejó su trabajo y se estableció en Bogotá sin hablar una sola palabra en español. Dio clases en la Universidad de los Andes. Evaluó el mercado del arte en Colombia y dio por sentado que no le interesaba trabajar en galerías: no eran su pasión. Y de pronto, hace cinco años, en medio de su mundo perdido, le hablaron de que iban a abrir una casa de subastas. Y terminó convertida en su socia y directora.

La obra de Olga de Amaral se vendió en 150 millones de pesos.

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Bogotá Auctions

Bogotá Auctions tuvo una primera sede en la carrera 7A con calle 70, pero en medio de la pandemia consiguieron un nuevo hogar: una preciosa casa de ladrillo de los años 40 a solo unas cuadras. La casa tiene tres pisos. Charlotte se mueve con orgullo por todas las salas. En el primero hay todavía algunas obras colgadas y otras empacadas en papel burbuja, listas para entregar a sus nuevos dueños. Sobre la chimenea hay un precioso Ricardo Gómez Campuzano de formato medio que –inexplicablemente– no se vendió. ¿Salió con un precio base equivocado? ¿No es un ‘típico’ Gómez Campuzano? Quién sabe. El mercado es caprichoso.

En la entrada –como una marca de la casa– está otra de las piezas estrellas de la subasta: un Olga de Amaral que se vendió por 150 millones de pesos. Su precio de salida fue de 35 millones. También hay un dibujo de Óscar Muñoz que se vendió en 30 y empezó en 6. Hay un increíble Negret de los años 60 que se subastó en 50.

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En el segundo piso están las oficinas administrativas y otra pequeña galería. Y en el ático se encuentra su espacio estelar: la sala de subastas. “Esta vez fue virtual, pero no dejó de ser emocionante”, dice Charlotte. “Además, ¡fui martillo!”. La sala tiene el blanco clásico de los espacios de arte y, en un instante, es probable soñar con el ruido de los murmullos en la puja por alguna pieza.

En su oficina –en un pesado escritorio de los años 70 hecho en Estados Unidos–, Charlotte explica la importancia de las subastas: “El mercado secundario del arte fija los precios reales del arte. Es un termómetro comercial. En Francia hay más de 400 casas de subastas. En Colombia no tenemos mayor tradición, pero ahora estamos conectados con todo el mundo y como casa de subastas, en el concierto internacional, ya empezamos a existir. La mesa de noche de Beatriz González, por ejemplo, fue una venta en el extranjero. Hacemos un trabajo intenso. Recibimos las piezas, revisamos su origen y las cotizamos sin cobrar un solo peso. El porcentaje de venta es inferior al de una galería. Y el mercado también tiene momentos”, explica Charlotte. “Beatriz González, Óscar Muñoz y Olga de Amaral han sido nombres recurrentes –con precios parecidos– en otras subastas”.

(Le recomendemos: Restauran una de las obras emblemáticas del museo Thyssen de Madrid).

La acuarela de Guillermo Wiedemann de 1947 que se subastó en 15 millones de pesos.

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Bogotá Auctions

Pero no todo son precios exorbitantes. Hay oportunidades para cazadores. El precio de salida es, por lo general, un poco más bajo que el precio comercialmente aceptado. Entre todo lo que se vendió en la subasta de Bogotá Auctions hay una espectacular acuarela de Guillermo Wiedemann de 1947 que se subastó en 15 millones de pesos: lo mismo que puede costar una obra de un artista contemporáneo bien consolidado. “Solo hacemos dos subastas de arte al año. Tenemos otras de libros, mapas, grabados. La próxima será de muebles antiguos, el 24 de junio. Solo mira este escritorio”, dice Charlotte, y pasa la mano por su superficie: “3 millones de pesos, ¿dónde consigues algo con esta madera, este tamaño, estos acabados, estos cajones, completamente restaurado, por ese precio? Haz la prueba”.

Fernando Gómez Echeverri
Editor de Cultura
En Twitter: @LaFeriaDelArte​

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