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Las alas invisibles de El Dorado, desde la lente de Ruven Afanador
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Las alas invisibles del aeropuerto El Dorado

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Las alas invisibles de El Dorado, desde la lente de Ruven Afanador

El famoso fotógrafo aceptó hacer el libro de gran formato que celebra los 60 años del aeropuerto.

Hay lugares que se clavan en los recuerdos de los seres humanos, con profunda carga nostálgica. El fotógrafo Ruven Afanador cuenta que, curiosamente, el aeropuerto El Dorado ha sido uno de esos espacios relevantes en su vida, por la carga simbólica que encierran palabras como ‘partir’ y ‘regresar’.

“Nací en Bucaramanga y mi primer vuelo fue desde esa ciudad al edificio antiguo de El Dorado. Y todos esos viajes del principio fueron para mí muy impactantes. Y de allí salí por primera vez de Colombia muy joven”, anota el reconocido artista, a propósito de un nuevo libro de gran formato con sus fotografías. Se titula 'Plataforma de sueños' y celebra los 60 años de la terminal aérea más importante del país. La primera en carga en América Latina y la tercera en pasajeros, después de Ciudad de México y São Paulo.

(Lea además: Lo que se esconde detrás de los retratos de ‘Hijas del agua’)

Frente a la lente de Afanador han pasado las personalidades más famosas del planeta. Actores de Hollywood, modelos, aristócratas y artistas, entre otros, que han estado en las paredes de varios museos y en las carátulas de las revistas más prestigiosas del mundo. Por eso cuando Mauricio Ossa, presidente de la junta directiva de Opain, empresa encargada de operar el aeropuerto bogotano, le propuso a Afanador el proyecto, le estaba entregando un desafío. Así lo recordaron Ossa y Afanador durante la presentación del libro.

Miembros de Opain trazando la figura de un avión.

Foto:

Ruven Afanadro/ Cortesía Opain

¿Cómo convertir a un aeropuerto en un ‘modelo’ digno de ser congelado por el ojo y la lente de un fotógrafo exquisito? Precisamente, ahí mismo podría encontrarse la respuesta: gracias a la mirada novedosa de quien piensa desde el arte.

“Cuando regresé al país luego de muchos años, desde mi primer viaje, no hubo uno que me emocionara más que llegar a El Dorado”, anota Afanador en un español que, a fuerza de los años de vivir en Estados Unidos, cada día adquiere mayor acento anglosajón.

Y fue gracias a esas lindas memorias que Afanador aceptó este proyecto. “Los recuerdos visuales de la sabana y cómo ha cambiado con los años mantienen aún una cantidad de sentimientos y emociones cuando salgo o llego a Colombia. Para mí este proyecto fue un clic automático y un lenguaje muy natural. Vi nacer el nuevo aeropuerto dentro del anterior. Eso me impresionaba muchísimo. Cómo fueron saliendo los nuevos edificios dentro del viejo”, cuenta.

Norberto Castañeda con su equipo, inspector SST, posó dentro de una turbina de avión.

Foto:

Ruven Afanadro/ Cortesía Opain

Grises y nubes

Tres, tal vez, fueron los ejes narrativos que Afanador se propuso para este hermoso libro. Los dos primeros eran lograr una unidad visual, manteniendo los grises y la luminosidad particular de los días nublados bogotanos. Algo que, aunque parezca imposible de creer, no resultó fácil con este clima loco del mundo actual.

Y el tercer propósito, y tal vez el que definió su participación, fueron los protagonistas que posarían frente a su lente. Personas comunes y corrientes que conforman ese ejército de 25.000 funcionarios invisibles, en los que poco reparan o ven los cerca de 32 millones de pasajeros anuales que pasan por El Dorado.

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El cuerpo de bomberos de la terminal aérea aparece como un grupo de astronautas.

Foto:

Ruven Afanadro/ Cortesía Opain

A lo largo de las páginas, el lector se irá encontrando no solo con pasajeros anónimos del mundo, sino con bomberos, emboladores, mensajeros, maleteros, loteros, mecánicos de aviación, controladores aéreos, pilotos, policías antinarcóticos, entre otras muchas profesiones. Con un común denominador: los singulares lugares donde los congeló la cámara.

“Me pareció lindo que fueran fotografías de las diferentes profesiones que existen y ver cómo funciona un aeropuerto y todo lo que sucede detrás de la persona que está viajando. La dignidad de cada persona que fotografié estaba presente inmediatamente. El amor por su oficio. Personas que entran a trabajar a las 3 a. m. y vienen desde muy lejos. Hay una ética impresionante que contribuyó muchísimo al resultado final del proyecto”, explica Afanador.

El biólogo Elkin León junto a Chía, uno de los dos perros ‘border collie’, claves en el control de aves en las zonas verdes del terminal, gracias a su entrenamiento en pastoreo.

Foto:

Ruven Afanadro/ Cortesía Opain

Sin embargo, fotografiar a los modelos seleccionados resultó toda una proeza, teniendo en cuenta sus horarios de trabajo y las exigentes restricciones aeronáuticas. “Entonces cada vez que mi equipo entraba a la plataforma –anota el fotógrafo– había un proceso de seguridad inmenso. Fue de una complejidad increíble”.

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A esto se unió el obstáculo climático. “Lo que más amo cuando llego a Bogotá son las nubes, que producen una luz bellísima sobre el edificio del aeropuerto, que es un reflejo de los cielos nublados. Tiene una estética muy específica y yo quería que las imágenes estuvieran dentro de esta luz. Que no hubiera días soleados”.

Revisora de llantas de aviones, protagonista de la portada del libro.

Foto:

Ruven Afanadro/ Cortesía Opain

Y a diferencia de otras épocas, cuando la constante en Bogotá eran esos días encapotados, Afanador dice que hoy “¡hay sorpresas!”. A veces, cuando ya tenía todas las personas listas, en sus posiciones respectivas, a la espera –además– de que despegara o llegara un avión específico de fondo, de repente salía el sol.

“Todo eso hizo del proyecto un reto inmenso. Nos alegró mucho que el proyecto se hiciera en diferentes viajes. Porque cuando regresaba a mi oficina, estudiaba lo que tenía y me daba cuenta de lo que nos faltaba para mantener esta línea de las imágenes”, dice.

No fue en vano que le hubiera tocado a él la celebración de este aniversario. Era como si ese aeropuerto, que desde niño lo maravilló, lo hubiera escogido a él. Y cierra con una anécdota reveladora. Hace 13 años, él había regresado al país a ver a su familia, y aterrizó en la vieja terminal. “El día que salía en un vuelo de regreso a Nueva York, a las 7 a. m., el conductor del taxi que me llevaba me dijo: ‘¿Si sabe que hoy es el primer día del nuevo aeropuerto?’. De alguna manera, lo estrené”.

CARLOS RESTREPO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO
@Restrebooks

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