El hombre que construye un arca de Noé con fotos

El hombre que construye un arca de Noé con fotos

Por 25 años, Joel Sartore retrató casi 8.000 especies para un proyecto que busca atraer la atención.

Joel Sartore

La foto de un tigre hecha por Joel Sartore es proyectada en la basílica de San Pedro.

Foto:

AFP / Joel Sartore National Geographic

Por: JUANA LIBEDINSKY - PARA EL TIEMPO
18 de octubre 2018 , 07:39 p.m.

En la selección que suele mostrar Joel Sartore de algunas de las casi ocho mil especies que fotografió a lo largo de los últimos 25 años para Photo Ark, el gran proyecto de impulso de conservación de National Geographic, no hay chimpancés. Y no es porque no le gusten.

Todo el mundo los quiere –sostiene– y, además, son ideales para mi trabajo, porque están en serio peligro, con carne muy buscada y porque estamos destruyendo los bosques donde viven. Por eso, siempre que puedo darles a los chimpancés algún empujoncito para que sigan en el planeta con nosotros lo hago”. Sin embargo, cuando un zoológico de Kansas puso a su disposición un ejemplar perfecto para ser retratado, la cosa no resultó tan fácil.

Para Photo Ark, Sartore realiza retratos de estudio, con fondo blanco o negro y sofisticado equipo de iluminación, de las especies al cuidado de humanos que pueden extinguirse. Fotografía los leones y los insectos con el mismo fondo y en el mismo tamaño, sin contexto y dándoles igual jerarquía, “porque uno nunca sabe cuál es el animal que va a tocar el corazón de alguna persona que lo vea, y que así la va a impulsar a hacer algo por salvarlo”, explica.

Pero, después de armar cuidadosamente un estudio fotográfico con fondo de papel blanco para retratar el chimpancé en cuestión, en menos de treinta segundos el mono destruyó el set, arrancó los papeles y huyó con ellos. El animal se dio además el lujo de volver luego a la escena para saludar a la cámara con tal cara de satisfacción que, al verlo, fue imposible no estallar de risa. Eso ocurrió días atrás en el auditorio del Southampton Arts Center (el video está en la página de National Geographic Kids).

Joel Sartore

Joel Sartore, invita a crear conciencia sobre la importancia de proteger especies animales en peligro de extinción.

Foto:

NOTIMEX / AFP / Carlos Meza

Joel Sartore

Un hurón curioso por las cámaras.

Foto:

NOTIMEX / Carlos Meza / AFP

El ‘quién es quién’ del balneario más emblemático de la Gran Manzana se había reunido para homenajear a Sartore y ver las imágenes sobre su proyecto. Además de la charla profunda esperada, hubo mucho humor.

“Creo que todos tenemos un instinto básico de ayudar cuando vemos una necesidad –nos dijo Sartore después de la conferencia–. Veo mi trabajo como el de educar al público sobre dónde están algunas de estas necesidades. Necesitamos a todos involucrados para salvar el planeta”.

A Sartore el mensaje le llegó temprano. De chico, lo único que les pedía a sus padres era que lo llevaran al zoológico de su Omaha natal. “Para mí era mejor que ir a Disney”, subraya. Lo único que quería en la vida era estar rodeado de animales, y ser fotógrafo para National Geographic fue la profesión a la que siempre se sintió destinado. Durante sus primeras décadas en la revista, Sartore pasó la vida felizmente de viaje, siempre tras la próxima gran historia. No obstante su estatus de celebridad en el medio, “somos todos free lance en National Geographic, y solo somos tan buenos como la historia en la que estamos trabajando”, dice.

Pero cuando a su mujer le diagnosticaron cáncer, Sartore volvió a casa a ocuparse de ella y los chicos. Era la primera vez en su vida que no estaba sacando fotos. “Me vi forzado a enfrentar el tema de que no estamos en este mundo para siempre, y que es necesario dejar una huella a nuestro paso. Para los animales con los que compartimos el planeta, el tiempo es aún más corto y más crítico”.

Con estas ideas en mente y el apoyo de la revista, Sartore comenzó el gran registro fotográfico que es el Photo Ark, al que viene dedicándose desde entonces. “Algunas de las especies que retraté ya están hoy extintas, no obstante los esfuerzos extraordinarios de quienes estaban cuidando de ellas. No logramos salvarlas, pero al menos queda el testimonio fotográfico de cómo eran. Más allá de la importancia de esto para los estudiosos y temas de archivo, ojalá sus imágenes sirvan para evitar que les ocurra a otras”.

Sartore toma las fotos en zoológicos, reservas naturales, parques nacionales, santuarios, acuarios. Si son animales pequeños, es relativamente fácil. Trabaja con el equipo de la institución local para que coloquen los animales en cajas de luz especialmente diseñadas. Si son más grandes, las instituciones preparan un estudio fotográfico y van llevando los animales a jugar y alimentarse allí. Para el momento de las tomas, ellos solo piensan que es la hora del almuerzo (salvo los chimpancés, claro, que se dan cuenta de todo).

Las imágenes resultantes las muestra en charlas en escuelas y organizaciones internacionales dedicadas a la preservación; también, a políticos, banqueros y líderes espirituales. Sus fotos de animales en peligro están en libros e internet, y fueron proyectadas sobre el Empire State, en Nueva York, y en la basílica de San Pedro, como regalo al papa Francisco.

Contacto con la naturaleza

En la charla en Southampton les tomaba el pelo a los poderosos veraneantes de Manhattan. “Sus hijos no necesitan un yate aún más grande... ¿No hay, en su lugar, algún reptil un poquito repugnante que quieran evitar que desaparezca para siempre?”, les decía. “Lo que busco es construir conciencia de que hay un problema y estamos a tiempo para actuar, para que luego cada uno encuentre la forma de contribuir”.

Otro momento que causó sensación en la charla fue cuando mostró fotos de una adolescente enfrascada en su iPhone, en un cuarto que parecía el escenario de una batalla campal entre ropa, osos de peluche, pósteres de bandas de rock y todo tipo de adminículos de belleza a medio usar. “Es mi hija en su cuarto, ¡después! de ordenarlo para la foto –reconoció Sartore–. Y lo que tiene en la mano es su principal, y a veces temo que casi única, forma de comunicarse con el mundo y recibir información”.

Sartore no estaba dispuesto a demonizar a nadie ni nada. “La cantidad de información que reciben estos chicos no tiene precedente en otras generaciones, y puede servir para que tengan datos que impulsen a actuar de la manera que nosotros no supimos hacer”. De cualquier manera, aclaró que es importante sacarlos a que se embarren y tengan contacto directo con la naturaleza. “Los zoológicos en las ciudades muchas veces son la única forma en la que estos chicos tienen contacto con animales sin que medie una pantalla. Ese contacto directo no se reemplaza con nada: si no los ven, los animales no les van a importar y no les va a interesar preservarlos”.

Si la meta con sus fotos es salvar a las especies, ¿no deberían estas ser de animales sufriendo o muertos por acción humana en vez de mostrarlos majestuosos o entrañables?

Nuestras fotos tienen que mostrar lo que está pasando con la naturaleza y las amenazas a las criaturas. Mostrar solo animales maravillosos no es suficiente, y no es responsable desde un punto de vista periodístico. Pero eso no quiere decir que debamos dejar de mostrar la belleza que encontramos. La fotografía puede ayudar de las dos maneras.

Tras una vida con animales salvajes, ¿alguna vez estuvo en riesgo de muerte?

Para Ark estoy trabajando con fotos de estudio de los animales, porque creo que le da una entidad muy distinta y poderosa al conjunto para su misión. Pero, después de años entre selvas y pantanos, tengo que reconocer que el trabajo en estudio tiene el beneficio agregado de que es más seguro. Siempre intenté evitar hacer cosas estúpidas, pero me han perseguido osos salvajes y bueyes almizcleros que, si me agarraban, hoy no lo estaría contando.

(...) En el Amazonas me picó una mosca que llevaba un parásito que se va comiendo la carne del cuerpo. De vuelta a casa encontré un agujerito en la pierna que no cerraba, y tuve mucha suerte de que los médicos se dieran cuenta de qué era y, con un mes de quimioterapia, me pudieron salvar.

Finalmente, ¿logró fotografiar al del zoo de Kansas que le destruyó todo?

Nunca. Como Moby Dick fue el capitán Ahab, se volvió la ballena blanca de mi vida.

JUANA LIBEDINSKY - PARA EL TIEMPO (GDA)

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