La escuela de la Bauhaus, revisitada en sus 100 años

La escuela de la Bauhaus, revisitada en sus 100 años

Conjugó de manera innovadora la estética con la arquitectura y el diseño industrial.

La escuela de la Bauhaus

En el edificio principal de la Universidad de la Bauhaus en Weimar, declarado patrimonio mundial por la Unesco en 1996, se encuentra la emblemática escalera de concha de caracol.

Foto:

Bauhaus

Por: Virginia Gutiérrez
02 de diciembre 2019 , 08:20 p.m.

Con gran revuelo se vienen celebrando desde abril los 100 años de la inauguración de la Bauhaus, “la escuela que cambió el arte y el mundo”, como bien la llama elpais.com.
De ahí que dos docentes, Íngrid Quintana y César Peña, de la Universidad de los Andes, en Bogotá, emprendieron la investigación ‘Bauhaus 100 años:
Reverberaciones latinoamericanas’, propuesta de la que me han hecho parte.

Por esta razón, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Federal de Alemania y el Goethe Institut Kolumbien me invitaron a visitarla para profundizar sobre la temática ‘Diseño, arquitectura, Bauhaus’. El 15 de septiembre viajé a Berlín junto con diez compañeros provenientes de diferentes países, cada uno con una afinidad particular hacia el tema.

Tras nuestra llegada fuimos al Goethe Institut, en Berlín, a la charla ‘Marke Bauhaus’, del arquitecto Philipp Oswalt, quien fue director de la Fundación Bauhaus Dessau por seis años. Si bien la marca Bauhaus estaba todo el tiempo bajo nuestras narices, la idea romántica de la escuela como un proyecto socialista incuestionable me había cegado con algo irrefutable: el éxito de la Bauhaus también radica en que, desde su nacimiento, fue pensada como una marca reconocible. No se trató de un hecho aislado.

De hecho, estas iniciativas pedagógicas se venían gestando en Alemania desde el siglo anterior y, gracias a los nuevos aires que trajo consigo la República de Weimar, se pudieron llevar a cabo con osadía. La inusitada postura del señor Oswalt no sesgó mi emoción por conocer la Bauhaus, pero sí me dio una nueva perspectiva desde la cual se podría examinar.

En Berlín visitamos la exposición ‘Original Bauhaus: The Centenary Exhibition’, organizada por el Archivo de la Bauhaus/Museum für Gestaltung en la Berlinische Galerie, con una muestra que recoge objetos pertenecientes al archivo de Berlín y también algunos préstamos de exposiciones internacionales.

No muy lejos de mi cuestionamiento inicial, la muestra se centra en el objeto original y la copia, en los ideales de la escuela por realizar objetos artísticos no como piezas únicas, sino para su reproducción en serie, ya que, en su origen, estos modelos pretendían eliminar la brecha existente entre la industria y el artista o diseñador, y estimular así el gusto de los usuarios.

No obstante, al observar varios de estos diseños icónicos que se encuentran exhibidos, nos cuestionamos su verdadera capacidad de reproducibilidad: los infusores de té de Marianne Brandt, los fotogramas de László Moholy-Nagy y Lucia Moholy, el tapete de Gertrud Arndt, entre otros. Estas piezas muestran cómo, en el momento histórico en el que se constituyó la Bauhaus (1919), la fina línea que separaba los objetos de arte (únicos) y los inicios del diseño (reproducción) aún no estaba trazada. Es posible que sea por esto que varios de los objetos de esta exhibición valgan más por su singularidad que por convertirse en objetos de uso cotidiano (fig. 3).

Una de las grandes cuestiones que enmarcan el mito de la Bauhaus es, precisamente, esa dicotomía entre la educación de artistas, a quienes se les incentivaba el pensamiento creativo y experimental, y la obligación, dada por su contexto, de pensar en los objetos de reproducción en serie que serían producidos por la industria y remediarían las necesidades de la Alemania de posguerra.

Partimos rumbo a Dessau, donde no quedó duda de que la marca Bauhaus ha sido explotada: desde el tren que nos transportó, pasando por los túneles que conectan las estaciones de tren y varios edificios, todo fue un raudal de imágenes con la marca Bauhaus.

La escuela de la Bauhaus

El alemán Walter Gropius (1883-1969) fue el teórico y fundador de la Bauhaus (‘Bau’: construcción; ‘Haus’: casa), en 1919. Sus ideas dominan hoy toda la arquitectura y el diseño industrial.

Foto:

AFP

Nuestra primera visita en la ciudad fue al edificio de Bauhaus Dessau, diseñado por Walter Gropius (fig. 5). Preservado y promovido gracias a la Bauhaus Dessau Foundation, es tal cual lo ve uno en los libros: estricta funcionalidad, amplios muros cortina en vidrio que completan su forma regular, pilotes que se posan sobre el piso sutilmente, entro otros, encarnan varios de los ideales modernos.

Aun así, lo más revelador en mi opinión, quizás porque es menos estudiado, es el uso que se la da al color al interior del edificio, dándoles forma a los espacios que toman distintas dimensiones gracias al color, rompiendo con la espacialidad sus límites materiales.

Posteriormente caminamos hacia las Casas de los Maestros, situadas a pocas cuadras y que también son parte de la Fundación. El concepto de restauración es interesante: por un lado, las casas que definitivamente fueron destruidas durante la guerra se reconstruyeron bajo una interpretación contemporánea con materiales actuales (hormigón a la vista), pero rescatando los estándares volumétricos de la obra original; por otro, las casas, cuya estructura no sufrió mayor deterioro, fueron restauradas a su estado original, de manera que es muy fácil distinguir cada operación en el recorrido.

Adicionalmente, la Fundación construyó en Dessau un nuevo museo que fue inaugurado una semana antes de nuestra visita. En su interior encontramos la exposición ‘Versuchsstätte Bauhaus. The Collection’, que resulta deslumbrante por su museografía y sus contenidos, pues cada espacio dedicado a un maestro o a un alumno nos relata la historia de enseñanza y aprendizaje en la legendaria escuela, y nos permite entender la variedad de diseños que ahí se produjeron: textiles, tipografía, mobiliario, arquitectura, iluminación, danza, teatro, fotografía, escultura, pintura, etc.
Retomando la dicotomía arte e industria, esta exposición nos muestra la variedad de soluciones que a veces desencadenaban en piezas únicas y exclusivas, aunque muchas veces buscaban una solución más universal y anodina.

Por último visitamos Weimar, la ciudad que los duques de Sajonia-Weimar-Eisenach convirtieron en foco cultural de primer orden en Alemania. Allí se encuentran los orígenes más próximos de la Bauhaus: la Escuela de Artes Aplicadas de Weimar, que se inició en 1907 y fue dirigida por el belga Henry van de Velde, quien diseñó el edificio donde se instauró la Bauhaus, en 1919.

Llegamos y nos dirigimos al edificio de Van de Velde, sede de la Bauhaus-Universität de Weimar. Allá nos reunimos con su director, el profesor Dr. Speitkamp, quien nos enseñó las instalaciones y nos habló sobre su historia más reciente y sus planes futuros. Así comprendimos que en la actualidad la Bauhaus original parece ser un modelo más bien utópico, y, no obstante los esfuerzos actuales por integrar las diferentes materias en el pénsum, a la manera de la antigua escuela, de la utopía socialista y el semillero experimental queda muy poco, quizás solo el edificio.

Saliendo y atravesando el casco histórico de la ciudad se encuentra el Bauhaus-Museum Weimar, inaugurado en abril pasado. En el primer piso la exhibición presenta las ideas originarias de la Bauhaus; en los pisos superiores nos muestra cómo estas ideas se llevaron a cabo junto con unos espacios dedicados a cada director.
Al recorrer la exposición es posible deducir que la falta de unidad de la paradójica escuela es también su encanto: distintos directores, distintas sedes, variados maestros, cuyos cursos reflejaban las distintas aproximaciones de lo que se pensaba que debería ser la enseñanza, pero, ¿la enseñanza de qué? ¿Las artes, los oficios, el diseño y la arquitectura? Eso tampoco está muy claro.

La escuela de la Bauhaus

La escuela tiene 3 sedes: Weimer, Dessau y Berlín. Esta última, en la imagen.

Foto:

Virginia Gutierréz

A diferencia de Dessau, el atractivo de Weimar va mucho más allá de Bauhaus y de la modernidad, como lo expresa El País: “Uno aprende en Weimar que la modernidad y el clasicismo están más cerca de lo que parece”, y, por tanto, Weimar es la ciudad donde uno puede comprender con más claridad las condiciones culturales que permitieron la aparición de la Bauhaus y su antecesora, la Werkbund.

Mi reflexión final sobre el porqué del éxito de la Bauhaus me llevó a entender que esta se convirtió en modelo de una serie de relaciones que estaban tejiendo el entramado de la cultura moderna. El centenario nos recuerda que los cuestionamientos que se plantearon en ese momento en torno a la pedagogía, el trabajo interdisciplinar, la industria y la maquinización, la vida comunitaria y el rumbo del arte y el diseño son relevantes hoy en día; además, ilustra cómo algunos personajes tuvieron la visión para entender los cambios que se avecinaban para interpretar las contingencias del arte y las virtudes de lo moderno.

Cien años parecen lejanos; sin embargo, las preguntas de fondo siguen siendo las mismas, gracias a eso seguimos hablando sobre la Bauhaus. A veces parece que lo fascinante de la modernidad es su inusitada atemporalidad.

VIRGINIA GUTIÉRREZ
PROFESORA DE CÁTEDRA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES

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