El dinero que ha hecho parte de nuestra historia

El dinero que ha hecho parte de nuestra historia

La colección de Casa de Moneda tiene 18.000 piezas, entre billetes, títulos valor y medallas.

Un recorrido por Casa de Moneda muestra cómo ha sido nuestra economía y nuestro arte.

Un recorrido por Casa de Moneda muestra cómo ha sido nuestra economía y nuestro arte. fotos:

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César Melgarejo. EL TIEMPO

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de junio 2019 , 10:50 p.m.

Hubo tiempos en los que cada departamento de Colombia tenía sus propios billetes, emitidos por bancos estatales y privados.

Fue entre 1863 y 1905 aproximadamente, y dice Sigrid Castañeda, curadora de la Unidad de Artes y Otras Colecciones del Banco de la República, que “el problema radicaba en la difícil circulación; por ejemplo, los billetes de Santander no servían en Antioquia, y así sucesivamente”, así que, como si se fuera a otro país, había que cambiarlos.

Esto, agrega, generó una hiperinflación que se vio agudizada luego por la guerra de los Mil Días y una difícil situación económica que condujo a que en 1923 se creara el Banco de la República, la única entidad, hasta la actualidad, encargada de emitir los billetes y monedas que circulan en el país, y de unificarlos.

Pero que hubiera tantos billetes circulando durante el siglo XIX generó, en últimas, algo positivo: un desarrollo de las artes gráficas en el país, que hoy podemos ver en el Museo Casa de Moneda del Banco de la República. Esas primeras emisiones del papel moneda son pequeñas obras de arte, grabadas con precisión y destreza artística.

“En esos billetes aparecen imágenes costumbristas, retratos de civiles, alegorías sobre la prosperidad y la abundancia, y en la segunda mitad del XIX aparecen medios de transporte, como locomotoras y barcos de vapor por el río Magdalena”, agrega.

De este modo, dice la curadora, conocemos la historia artística del país impresa en un objeto de valor que pasaba de mano en mano. “Era un momento del desarrollo de las imprentas locales, donde se realizaban billetes muy bellos con imágenes de mineros, aguadores, arrieros, lugares como el salto del Tequendama, pequeñas piezas gráficas que daban un sentido de lo que somos”.

Igualmente, a través de ellos se cuenta la historia de un país, “porque no es gratuito que se seleccionen determinados personajes, objetos o temáticas en ellos, como sigue sucediendo”, continúa.

Por eso, próceres y héroes, escritores y artistas, flora y fauna son parte fundamental de nuestros billetes y monedas.

Y en la Casa de Moneda conservan estos vestigios a lo largo del tiempo, representados en más de 18.000 piezas que hacen parte de la colección de este espacio, que incluyen monedas, billetes, títulos valor y medallas, en un museo ubicado en el centro de Bogotá.

Allí se puede ver la evolución del dinero desde las primeras monedas e, incluso, las distintas formas desde las primeras emisiones en papel moneda y cómo estas han ido cambiando.

“Los bancos privados que había en el país, y contaban con mayores recursos, mandaban a hacer sus billetes a Nueva York o Europa, y esto ocurría en todo el continente, de ahí que haya cenefas y alegorías parecidas en billetes de México, Perú, Argentina, etcétera”, comenta.

Pero no siempre fue así. En los territorios de América, cuenta Castañeda, tal como lo dicen los libros de historia, el trueque fue la forma económica que predominó por mucho tiempo. “Se intercambiaban productos como la sal, el oro, objetos de cerámica. Los muiscas, por ejemplo, usaron sal y mantas, y a la llegada de los españoles, estos entendieron lo valioso del cambio y lo realizaron para subsistir”, dice.

“Pero el concepto de moneda llega con ellos a América, y desde principios del siglo XVI hasta las últimas emisiones se acuñaban en la casa de moneda local. Por ejemplo, Bogotá fue una de las más significativas del continente americano, pues las primeras monedas de oro se acuñaron aquí”, dice.

En cada virreinato se acuñaron monedas de oro, denominadas escudos, y de plata, conocidas como reales. Las casas de moneda de México, Lima y la de Potosí (Bolivia), cuenta Castañeda, acuñaron en mayor medida plata y fueron las de mayor renombre.

“Durante el periodo colonial en América, las monedas tenían la imagen del rey de España, y cada vez que el monarca de turno moría, su imagen debía ser cambiada por la del nuevo. Para muchas personas, la única forma de conocer la figura del rey era a través de estas monedas”, agrega.

Había además una característica para las primeras que se acuñaron en los territorios americanos, y es que estas no tenían una forma regular; estas monedas fueron conocidas como macuquinas (unas de las más apetecidas hoy por los coleccionistas).

“Se cortaban con cizallas y casi no se usaban para comerciar, sino, en gran medida, para contar el metal que se embarcaba en grandes navíos con destinado a España”, dice.
Añade que la moneda como tal se volvió poco a poco un elemento de pago común en los siglos XVII y XVIII, cuando se acepta y populariza en las comunidades.
Con los billetes, en cambio, fue un poco más demorado. El papel moneda como tal, cuenta la historia, apareció en China hacia el siglo VII, pero solo en el XII, en Italia, se institucionaliza su uso con la creación de los bancos. “Poco a poco aparecen documentos que respaldad una suma. En Colombia, una de las primeras emisiones data de 1813 en Cartagena. Sin embargo, su función era más como la de un cheque; incluso, esos billetes podían ser cambiados por monedas de oro y plata”, afirma Castañeda.

Con la llegada de la independencia en el continente, las imágenes de las monedas empiezan a cambiar: se elimina la figura del rey y se incluye la de una indígena que representa la libertad americana. “Este mismo proceso conlleva una crisis económica en el país generada por las guerras independentistas, haciendo que haya escasez de oro y plata, y recurriendo a la acuñación de monedas de cobre.

Posteriormente, hacia la segunda mitad del siglo XIX, se trata de imponer el papel moneda, un elemento de difícil aceptación pues las personas no concebían cómo un pedazo de papel podía valer lo mismo que una moneda de oro o una de plata y se rehusaron a su circulación. Durante este periodo, mucha gente guardó sus monedas en la casa o las enterró, y de ahí el origen de algunas de las guacas que se han encontrado”.

Fue necesario adaptarse a lo nuevo, pero, aun así, la gente desconfiaba incluso de los bancos.

“Por eso, hablar de la emisión de billetes durante el siglo XIX es complejo, y solo en 1923, cuando se funda el Banco de la República y se convierte en el banco central de Colombia, se logra organizar la emisión de papel moneda en el país. Durante este primer momento se prohibió la emisión de billetes por otras instituciones bancarias y se adquirieron los billetes de la casa de moneda de Medellín para resellarlos provisionalmente, hasta que llegaran las primeras emisiones respaldada por el Estado, las cuales salieron a circulación con denominaciones de 1, 2, 5, 10, 20 y 50 y 100 pesos impresos en Nueva York. En ese primer momento se emitieron alrededor de 30 millones de pesos”, comenta.

En 1959 se crea la Imprenta Nacional de Billetes, que está cumpliendo 60 años. Desde este momento, los billetes se imprimen en Colombia, asegurando una producción con bajos costos, excelente calidad y altos sistemas de seguridad.

Nuestra historia está atravesada por la forma como compramos y vendemos, y por esto los billetes y monedas se encuentran presentes en cada momento de la vida diaria. Cada una de las piezas que conforman la colección del Museo Casa de Moneda va recorriendo no solo nuestro camino económico, sino que son muestra del desarrollo histórico y artístico del país que siempre nos dirán qué somos.

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