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'Voy a morir trabajando': Marina Abramovic
Marina Abramovic empezó su carrera artística en los años 70.

Marina Abramovic empezó su carrera artística en los años 70.

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AFP

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Entrevista con la 'reina del performance', ganadora del Princesa de Asturias de las Artes.

La serbia Marina Abramóvic es la artista del performance por excelencia, pero ella se define como “una guerrera con armadura dispuesta a ocupar nuevos territorios” y dice que buscará “los límites del cuerpo y la mente” hasta el final, tras conocer que es Premio Princesa de Asturias de las Artes 2021.

“En la vida de una artista es muy difícil la cantidad de sacrificios que hay que hacer por una carrera. Tengo 74 años, he pasado más de cincuenta trabajando sobre el terreno y eso no es fácil. El arte del performance es un territorio muy complicado. No es pintar, ni hacer esculturas. Es experimentar. Y ser reconocida ahora con este premio, en este momento de mi vida, es emocionante”, celebra la artista.

A sus 74 años, mirar atrás es ver un currículo de actuaciones inolvidables en las que usó su propio cuerpo como obra y pasó de darse latigazos hasta sangrar o tallarse un pentagrama en el abdomen, aunque los más escépticos observaron siempre sus espectáculos preguntándose qué tiene eso de “arte”.

(En contexto: Marina Abramovic, premio Princesa de Asturias de las Artes)


Esta estrella contemporánea, de las más aclamadas, notables e influyentes en el mundo, tiene respuesta para quienes creen que solo busca provocar. “Toda mi vida he estado luchando para poner el performance en el arte convencional porque al principio todo el mundo ridiculizaba esta forma de arte. No se lo tomaban en serio. Pero hoy puedo ver que hemos sido aceptados en el arte convencional. Creo que la performance es una forma inmaterial de arte y muy difícil, tiene una capacidad increíble de cambiar al observador, de transformarlo”, afirma.

Nacida en Belgrado en 1946, tras graduarse en la academia de arte puso rumbo a Ámsterdam, donde empezó a crear las actuaciones que marcaron su carrera, primero junto a su gran amor, el artista alemán Ulay, hasta lograr sus mayores éxitos, en solitario. Tiene su residencia oficial en Nueva York, desde donde ha seguido trabajando durante la pandemia. “Siempre encuentro la manera de usar diferentes medios, aunque esté solo indirectamente conectada con el público. Los artistas tienen que ser creativos”, indica en una conversación telefónica desde la ciudad estadounidense. “También tenemos que ver qué hemos aprendido de esto: yo ahora tengo más paciencia, más tiempo para desarrollar mi trabajo porque antes era mucho viaje, mucho estrés, un ritmo frenético. Y estoy conectada a la naturaleza de muchas más maneras que antes”, señala.

Su apariencia imponente nunca ha pasado desapercibida: alta, tez pálida y pelo largo y negro. Una imagen que muchos admiradores pudieron ver de cerca y guardan en su memoria después de “La artista está presente”, una obra que hizo que su fama saltara al mundo entero. Estuvo sentada, sin moverse, durante tres meses, seis días a la semana, en el atrio del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Fueron 736 horas y 30 minutos con una sucesión de personas sentadas una a una frente a ella. Se mantuvo en total silencio, mirando a los ojos a los visitantes. Esa solo fue una de sus actuaciones, caracterizadas siempre por llevar el cuerpo y la fuerza a sus extremos, poniendo a prueba y buscando los límites de su cuerpo y su resistencia.

“Eso es una investigación que tienes que hacer toda tu vida y nunca terminas la búsqueda. Soy una guerrera, una combatiente con armadura para ocupar nuevos territorios”, afirma. “Ahora entiendo mucho mejor mi cuerpo, dónde está el dolor, el sufrimiento, los límites físicos del cuerpo, y cuán complicada es la mente. Cada performance me descubre nuevos aspectos. Para mí, es muy importante cómo conectar con la audiencia, cómo transmitir estas ideas a la mente del observador. Es un proceso que seguiré hasta el final de mi vida, siempre habrá nuevos territorios que conquistar”, subraya.

(Además: Un artista recogió cien mil euros con pájaros de papel)

Abramovic, que recibió el galardón español por ser una de las creadoras más emocionantes de nuestro tiempo y por la valentía con la que se entrega al público, pide a las nuevas generaciones “dar más del 100 % si les apasiona su trabajo” porque eso marcará la diferencia entre ser “un buen artista y un gran artista”. “El público se ha convertido hoy en mi trabajo”, sentencia, y niega que su objetivo haya sido alguna vez “provocar” porque eso es “una forma barata de ver el arte” y ella “nunca ha esperado nada del público”.

“Lo espero todo de mí misma, si yo doy el 150 % de mi energía, eso les conmoverá emocionalmente y, si pasa, entonces habré tenido éxito. Y eso -precisa- es lo que está ocurriendo: la gente llora en mis performance, la gente no llora delante de un cuadro”. ¿Planea dejar de actuar en algún momento? “Voy a morir trabajando. A mi edad, tienes más limitaciones, pero tienes más control, sabiduría y fuerza de voluntad que cuando eres joven”, concluye.

EFE

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