Guerrilla Girls: la escuadra feminista que sacude al arte desde 1985

Guerrilla Girls: la escuadra feminista que sacude al arte desde 1985

Son mujeres artistas que señalan los mecanismos machistas en los círculos del arte contemporáneo.

Guerrilla Girls años ochenta

Las máscaras de gorilas han acompañado al movimiento desde sus inicios, a mediados de los años ochenta.

Foto:

Cortesía Guerrilla Girls

Por: Pilar Bolívar
17 de mayo 2020 , 12:05 a.m.

Humor, cifras, piel y máscaras de gorilas han sido parte de la ecuación
de estas ‘artivistas’ que por tres décadas y media han lanzado los más poderosos rugidos en contra del sexismo y el racismo en las escenas
del arte, la cultura, la política y la economía contemporáneas.

Enmascaradas, vestidas de negro y peludas. A ‘Frida Kahlo’ se la diferencia del resto de la manada porque tiene labios pintados de rojo; a ‘Zubeida Agha’, porque suele dejar sus brazos a la vista, mientras que de ‘Käthe Kollwitz’ se sabe que usa gafas de marco verde.

Pero, más allá de compartir el mismo rostro de gorilas, todas tienen en común el estatus subversivo y la astucia de Clark Kent para llevar dos vidas, una artística y otra activista con altas dosis de humor y crítica. “He estado en el Museo Whitney –dice ‘Zubeida Agha’– y veo a mucha gente, a través de mi máscara, con quienes hablo sin ella, pero ellos no tienen idea. Es como tener un superpoder”.

Sus alias son los nombres de las mujeres que, desde las artes, hace más de un siglo impulsaron la lucha por la representación femenina. De ahí que la primera afroamericana en abrir su propia galería de arte en América, la escultora Augusta Savage, sea la 'community manager' de esta escuadra feminista, o que las rebeldes Kahlo y Koll-witz –las espaldas plateadas, como cofundadoras de esta horda por la que han pasado un centenar de activistas desde los 8 hasta los 80 años– respondan los correos, o que entre sus filas militen desde la controversial escritora de novela de liberación femenina de comienzos del siglo XX Chiyo Uno hasta la vanguardista del videoarte Shigeko Kubota.

Se cambian en los baños de los museos o galerías en donde, ‘de civil’, exponen sus obras y, con sus máscaras de gorilas, tapizan los espacios públicos y los distritos de arte con estadísticas impresas en carteles que rugen ante las inequidades contra mujeres y artistas de color.

Este ha sido su 'modus operandi' desde hace 35 años, cuando se agruparon bajo la escuadra de las Guerrilla Girls y lanzaron su primera bomba de estrógeno frente al MoMA de Nueva York en 1989: un cartel de fondo amarillo con la figura femenina de la odalisca de Dominique Ingres, con máscara de primate, leyendo: ‘¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met Museum? Menos del 5 % de los artistas en las secciones de arte moderno son mujeres, pero un 85 % de los desnudos son femeninos’.

Desde entonces, su onda explosiva se esparció desde el arte hasta otras ramas de la inequidad por género y raza. El cine, la cultura popular y la política les han permitido trepar el árbol del ‘artivismo’ (activismo a través del arte), hasta autodenonarse ‘la conciencia del arte’.

Como artistas y mujeres pasamos siglos intentando encontrar el punto de vista perfecto. Nosotras, en lugar de eso, pasamos el tiempo intentando hacer el póster más efectivo”.

¿El arte es, para ustedes, más efectivo que otros temas al abordar el feminismo?

‘Frida Kahlo’: Somos artistas, por eso comenzamos en este campo. Pero inventamos una alternativa de usar datos y humor para darle un giro a un problema y presentarlo diferente para cambiar la mente de la gente. Así llegamos a la política, el cine, la cultura pop.

Devolvámonos a 1985. ¿Cómo nacieron las Guerrilla Girls?

‘Käthe Kollwitz’: Éramos un grupo de mujeres artistas y vimos que tras los logros del arte feminista de los 60 y 70, las cosas iban empeorando para las mujeres. Nos manifestamos frente al MoMA, de Nueva York, porque habían organizado una exposición antológica en la que casi no incluyeron a mujeres ni a artistas de color; notamos que a nadie le importó y decidimos que debíamos crear nuevas formas de protesta, pegando nuestros carteles con unos datos de la época según los cuales, en las galerías de arte y los museos no se mencionaba a las mujeres. De pronto, todo el mundo quiso hablar de eso, y nacieron las Guerrilla Girls.

El anonimato ha sido una de sus características ¿Por qué?

‘Frida Kahlo’: Para protegernos; pero nos dimos cuenta de que las máscaras nos permiten tomar distancia para que nadie pudiera decir que protestábamos porque personalmente no habíamos logrado algo. Así representamos la situación de las mujeres artistas y no la de una artista. El anonimato ha sido el secreto de nuestro éxito porque el misterio sobre quiénes somos es delicioso y seductor.

¿Y hubo algo en especial para elegir a un gorila?

‘Käthe Kollwitz’: Apenas pegamos nuestros primeros posters, mucha gente quiso hablar con nosotras y supimos que necesitábamos un disfraz. Un día, una de nuestras primeras integrantes estaba escribiendo en un papel ‘Guerrilla Girls’, pero en vez de ‘Guerrilla’, ella escribió ‘Gorila’ (en inglés, estas dos palabras se pronuncian muy similar), y fue como si el cielo se hubiese abierto. Pensamos: ‘Eso es lo que haremos: usar máscaras de gorilas; confrontemos el estereotipo femenino’.

¿Por qué guerrilleras?

Éramos guerrilleras antes de ser gorilas. Somos activistas en nuestras vidas sin máscaras. Decidimos ser luchadoras de la libertad, porque el mundo del arte era un lugar muy cortés y de clase alta; queríamos asustarlos y que pensaran que éramos espías infiltradas.

¿Por qué 'girls' aún, 35 años después?

Queríamos ser 'girls' (chicas) porque queríamos que todas reclamaran esa asquerosa palabra usada para referirse a mujeres jóvenes.

¿De ahí su contrapeso a la cosificación de la mujer a través de arte?

Sí, de allí también viene nuestro primer gran cartel. Nos preguntamos por qué las mujeres artistas solo están en los museos desnudas. Seguimos la pelea de una de las sufragistas, Mary Richardson, quien para protestar por la detención de su compañera de causa, la británica Emmeline Pankhurst, rajó con un cuchillo en 1914 la pintura de la Venus del espejo, de Velázquez, que estaba en la National Gallery. La apodaron la ‘acuchilladora’, y dijo que no le gustaba cómo los hombres babeaban frente a ese cuadro mientras su aliada feminista estaba en prisión luchando, cartel en mano y en huelga de hambre, por el derecho al voto y la representación femeninas, más allá de ser un objeto de deseo.

Guerilla Girls en el arte

Una de las facetas más incisivas de las Guerrilla Girls ha sido el cartelismo y los mensajes gráficos.

Foto:

Cortesía Guerrilla Girls

¿Y por ello el cartelismo?

Este ha sido una de nuestras herramientas para hacer de la protesta un arte. Al combinar esta técnica con el humor puedes llegar a personas que no piensan como tú. Los carteles han sido clave en los movimientos feministas. Como artistas y mujeres, pasamos siglos intentando encontrar el punto de vista perfecto. Nosotras, en cambio, pasamos tiempo haciendo el póster más efectivo que podemos.

¿Cómo definen la efectividad de un cartel?

Uno de los mayores logros es cuando los medios empiezan a hablar en los mismos términos que nosotras. En 2002 creamos un cartel que señalaba la discriminación en los Óscar y representaba la estatuilla anatómicamente correcta: blanca y hombruna, ‘¡tal como la gente que gana!’, decía el texto, acompañado por cifras como que, hasta entonces, no se había otorgado nunca a una mujer el premio al mejor director y solo el 5,5 % de los galardones a las mejores interpretaciones fueron para personas negras. Al año siguiente, Denzel Washington y Halle Berry fueron premiados; en 2010, Kathryn Bigelow se erigió como la primera y única mujer en recibir el Óscar a la mejor dirección, y Patricia Arquette, en la edición 2015, utilizó su discurso para denunciar las diferencias salariales. Ahora todo el mundo critica que los Óscar son muy blancos. Y es estupendo cuando otros critican lo mismo que nosotras.

¿Qué ha cambiado, en la escena del arte, desde 1985 debido a su ‘artivismo’?

‘Frida Kahlo’: Al comienzo las instituciones se sintieron presionadas, pero las cifras siguen desalentando. La discriminación se mantiene, lo único que ha cambiado es que ahora usa un lenguaje codificado. Y que cada vez es más difícil conseguir buenas máscaras de gorila en Nueva York.

¿Más codificado?

‘Käthe Kollowitz’: Sí, es lo que llamamos el tokenismo, o una filantropía aparente. Los galeristas dicen que las mujeres y los artistas de color no están haciendo trabajos que generen un diálogo; lo que quieren decir es: ‘No puedo ganar miles de millones de dólares de mujeres artistas. Así que voy a incluir en mi colección a este joven blanco’.
Ustedes son artistas, y sus exposiciones son convocadas por museos a los cuales también señalan de las inequidades en el arte.

¿No sienten como si ‘patearan a la lonchera’?

‘Frida Kahlo’: Somos provocadoras y queremos transformar, no solo criticar. Avergonzar a las instituciones ha sido útil, al crear cierta conciencia. En 1985, los museos decían que no exhibían obras de mujeres ni de artistas negros porque no cumplían los estándares (hombres y blancos). Nunca se saldrían con la suya diciendo eso en este momento.

Sus señalamientos van en contra de los coleccionistas y dueños de museos privados ¿Por qué?

Nos preocupa la economía triangular del arte, que redujo a los artistas a un instrumento capitalista. Lees sobre los artistas, se dice lo ricos que son, por cuánto se vende su trabajo y qué multimillonarios los tienen en sus colecciones privadas. Y, sí, el arte es escandalosamente caro, y todas estas personas enormemente ricas son las que compran, pero ¿por qué ellos también controlan las instituciones? Hay un conflicto de intereses.

¿Por qué venden sus carteles y su merchandising a precios ínfimos?

Para subvertir el paradigma económico convencional. Las galerías nos piden representarnos, pero no estamos interesadas en formar parte del mercado ni en producir un bien precioso; por eso cualquier persona puede comprar nuestros carteles online por 20 dólares. Preferimos ser recordadas en la historia (herstory, no history, en inglés), no porque los coleccionistas de arte hayan estado interesados en nuestro trabajo, sino porque los y las artistas y estudiantes se interesan en él.

¿También para democratizar el arte?

Sí; queremos promover entre los artistas que dejen de hacer arte solo para el uno por ciento –los oligarcas que manejan el negocio– y comiencen a hacerlo para todos.

¿Qué opinan de movimientos feministas virales, como #MeToo o #NiunaMenos?

‘Frida Kahlo’: Son muy importantes. Casi todas las mujeres, muchos hombres y transgéneros han experimentado algún tipo de acoso sexual o abuso, aun en la escena del arte. Por eso creamos un afiche enfocándonos en la pintura del expresidente Clinton elaborada por Chuck Close (¡un acusado de depredador sexual pintando a otro!), que reposa en Washington.

¿Sus frutos se evidencian en las nuevas iniciativas feministas?

‘Käthe Kollowitz’: Que la gente nos tome como modelo para hacer su activismo creativo es nuestro verdadero premio, no que tengamos éxito al ser ‘elegidas’ por un galerista. Si bien no esperamos que un siglo de feminismo borre milenios de patriarcado, todos necesitan luchar por lo que creen; mientras más activismo, mejor.

¿Por qué ya no encuentran buenas máscaras de gorilas?

Quizás ya no son una gran cosa para Halloween.

PILAR BOLÍVAR
En Twitter: @lavidaentenis

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