El artista Fernando Botero, siempre de pie

El artista Fernando Botero, siempre de pie

La galería Marlborough y la embajada de Colombia en Madrid presentan ‘Pinturas recientes’.

Exposición de Fernando Botero

La muestra de Botero en Madrid es una exposición de pinturas recientes seleccionadas por Pierre Levai, el director de la galería Marlborough.

Foto:

Victor Lerena / EFE

Por: Mario Jaramillo Samper
03 de marzo 2019 , 03:52 p.m.

Es invierno en Madrid, pero hace calor. Es una tarde especial. No por las altas temperaturas, sino porque el artista colombiano Fernando Botero vuelve a exhibir sus obras en la capital española 25 años después. La galería Marlborough y la embajada de Colombia fueron las encargadas de presentar ‘Pinturas recientes’, una exposición abierta hasta el 30 de marzo en la que muestra sus últimas obras y forma parte del alboroto artístico que se vive en torno a la feria ARCO.

Los colores vivos de los cuadros deslumbran los pasillos. Se ven pintados niños, parejas, animales, bailes, instrumentos, frutas y brindis. Parece que reflejan una fiesta en la que no faltan sus tradicionales toreros.

Botero entra en la sala a un paso lento y corto, pero constante. Se sienta y esboza una sonrisa. Lleva unas gafas redondas y una chaqueta de gamuza que cubre una camisa blanca y un saco vinotinto. Pide agua para la voz: “La profesión de la pintura es la más silenciosa porque uno está todo el día sin hablar. Salgo a conversar y me quedo afónico”. Deja el vaso sobre la mesa y, concentrado, espera las preguntas.

¿Cuál es la intención o el mensaje que desea transmitir en ‘Pinturas recientes’?

No es ningún mensaje en especial. Era una buena oportunidad para mostrar mis últimas obras. Es una exposición de pinturas recientes seleccionadas por Pierre Levai, el director de la galería Marlborough. Entre los dos decidimos en mi estudio cuáles quería para la exposición de Nueva York, que luego se mostrarían aquí y que después irán para Barcelona.

‘Pinturas recientes’ se expone ahora en Madrid, la ciudad a la que viajó con el dinero del primer premio que ganó. ¿Qué recuerdos tiene de esos comienzos?

Me acuerdo de la ilusión de descubrir el Museo del Prado, de descubrir a Velázquez, de descubrir tantas obras maravillosas… Era la primera vez que venía a Europa y solo tenía 19 años. Fue todo tan emocionante; con viaje en barco y todo. Me acuerdo de una España muy distinta, muy pobre. Todo el mundo la pasaba muy mal. No había calefacción y la gente no comía bien. Era otra España. Pero yo estaba feliz de estar en Europa, al lado del Prado. ¡Había tantas obras maestras! Estaba complacido todo el tiempo.

Su madre auguró que usted moriría de hambre como artista…

Es cierto. Cuando me dediqué a la pintura me lo dijo. Vine a Madrid y me puse a estudiar en la escuela de Bellas Artes de San Fernando. Y, como le comento, la gente vivía muy estrechamente, yo incluido. Pero estaba encantado de estar acá.

Era otra España. Pero yo estaba feliz de estar en Europa, al lado del Prado. ¡Había tantas obras maestras! Estaba complacido todo el tiempo

Su presencia en la capital es permanente a través de las esculturas ubicadas en algunos de sus rincones. ¿Qué siente al llegar a España y que lo reciba una escultura suya en el aeropuerto?

El Gobierno español me compró cinco o seis. Una para Barajas, otra para Palma de Mallorca, un caballo para Barcelona. Después en Vigo… Las regaron por cinco aeropuertos de España, pero no he visto ninguna de ellas.

Pues en Madrid donde uno anda ve una escultura suya…

Sí, en Madrid he visto la ‘Mujer con espejo’ en Colón y la de ‘La mano’ de la Castellana, que es la que más me gusta.

¿Cuál es su obra favorita de todas las que ha creado?

No tengo favoritas. Es difícil decirlo. He hecho más de 80 esculturas monumentales. Le tengo especial cariño a un caballo expuesto en Francia porque está bastante logrado. Está hecho como yo lo hubiera querido hacer. Hay ciertas obras que lo dejan a uno satisfecho y ese caballo me produce esa satisfacción. Y todavía es propiedad mía; solo lo presté para una exposición en Francia.

Ha dicho que quedó deslumbrado cuando vio por primera vez ‘Las meninas’, de Velázquez, en El Prado y que ha vuelto en varias ocasiones.

¿Y quién no? Yo viví un año en frente del museo en una pequeña pensión. Fui copista del Prado, no de ‘Las meninas’, pero sí de otros cuadros. Intentaba ir siempre tres o cuatro veces a la semana. Conozco muy bien el museo.

¿Qué otros museos suele visitar?

Donde estoy voy a los museos. Si estoy en Nueva York, voy al Metropolitan. Si estoy en París, voy al Louvre. Me gusta ver la gran pintura, pero no visito exposiciones nunca.

En esta exposición hay un par de obras dedicadas a la tauromaquia. Usted no solo es un gran aficionado a la fiesta brava, sino que quiso ser matador en su juventud.

La tauromaquia ha sido un tema de grandes pintores. Ahí nació mi interés por pintar los toros y admirar esa gran tradición. Estuve yendo a la escuela por unos meses, motivado por la curiosidad. Empecé pintando toros y constituyen un tema que me ha interesado toda la vida. Como espectáculo me encanta.

¿Ha disminuido la relación entre los toros y el arte en general?

Los toros han sido un tema de grandes pintores como Goya, Manet y Picasso. Ahí nació mi interés y quise ofrecer también mi versión.

¿Qué opina sobre el futuro de esta actividad tan criticada ahora por algunos sectores?

Tal vez serán prohibidas en algunas ciudades, pero la tauromaquia es parte de la cultura en España. No puede uno pensar en Madrid, en Sevilla o Bilbao sin las ferias. Los matadores y mucha gente joven están dedicados a eso. Es decir, no solo los toreros sino los ganaderos, los empresarios… Le da mucho trabajo a la gente y le proporciona enorme importancia turística a España.

¿Cree que pasa lo mismo en Colombia?

En Colombia también hay mucha afición, pero sí ha habido problemas en Bogotá y en Medellín para hacer las corridas. Yo creo que seguirán en Colombia también.

Muchas de sus obras presentan denuncias, como las que dedicó al narcotráfico en Colombia y a las torturas que tuvieron lugar en la cárcel iraquí de Abu Ghraib. ¿Qué le gustaría denunciar de los acontecimientos que vive el mundo en la actualidad?

La verdad es que la obligación del artista no es estar denunciando acontecimientos. La obligación del artista es pintar bien; esa es su responsabilidad. Siempre hay una situación dramática, pero eso no significa que uno tenga que estar pintando todo lo dramático que pasa en el mundo. A veces uno se interesa, como con la violencia en Colombia, que me interesó porque es mi país y porque era una situación dolorosa.

¿Cómo es su relación actual con Colombia?

Igual a la que ha sido siempre: excelente. Yo amo mi país. No vivo allá ahora por cuestiones médicas. No me dejan viajar mucho en avión, no me dejan estar a mucha altura porque me afecta el corazón. Mi casa de campo allá está a 2.200 metros y desgraciadamente no la puedo usar porque me lo prohibió el doctor en Mónaco. Me apena mucho dejarla y que se quede vacía y sola, porque la he disfrutado muchísimo, pero ¿qué hago? Tengo que cuidar mi salud.

Entonces, ¿cree que no podrá volver a Colombia?

Podría volver solo si es a Cartagena. El problema es que mi vida es pintar y allá no tengo estudio. De todas maneras, intentaré visitar el país aunque sea por unos pocos días e ir a una parte donde esté sin peligro.

¿Qué siente cuando va a Cartagena y ve mal copiados en las esquinas muchos de sus cuadros?

Me siento complacido porque en el fondo es una forma de mostrar admiración e interés en mi obra. Claro que si luego firman el cuadro con Botero eso ya me gusta menos. Pero si hacen una copia para vendérsela a los turistas no me molesta en absoluto.

Ha dibujado a Pablo Escobar y al dictador español Francisco Franco. Algunas personas ven en ellos la encarnación del mal. ¿Por qué los escogió como personajes?

A Pablo Escobar porque es parte de nuestro mito, de nuestra historia. Era el tema ideal para un artista colombiano y lo pinté dos veces. Doné las dos obras al museo de Medellín. A Franco lo pinté por encargo de una revista que se llamaba ‘Cambio 16’. Después se lo regalé al Museo Reina Sofía.

¿Se acuerda del primer cuadro que pintó?

Quizás del primero, no, pero sí que empecé haciendo cosas parecidas a las del muralista mexicano José Clemente Orozco porque en ese momento –no sé por qué– me atrajo mucho ese tipo de pintura dramática. Después, a medida que fui descubriendo la historia del arte, me influencié por la época azul de Picasso y por muchas otras. Al final uno tiene que pasar por numerosas influencias antes de encontrar la forma personal de expresarse.

¿Por qué es tan importante el volumen en sus creaciones?

Porque fue un gran descubrimiento en la pintura. Giotto fue el primero al que se le ocurrió hacer la pintura realmente volumétrica en los siglos XIII y XIV. Eso creó una revolución muy grande porque antes la pintura era plana y de repente llega este italiano que hizo que existiera en una superficie plana un volumen y un espacio. A uno le parece muy normal que un cuadro tenga espacio y volumen, pero en el siglo XII eso no se conocía. Fue un invento tan grande que creó las bases del Renacimiento italiano, donde después participaron todos los grandes artistas. Esa intensidad del objeto pintado volumétricamente me sedujo. Esa sensualidad, esa manera de existir intensa que da el volumen a la pintura fue muy importante para mí. Pero la pintura hoy en día volvió a ser plana. Regresamos a antes del Renacimiento, a la Edad Media.

Usted tiene fama de ser un trabajador incansable. ¿Es cierto? ¿A qué se dedica en su quehacer artístico hoy?

Yo trabajo todos los días. Ayer estuve todo el día y mañana estaré todo el día en mi estudio. No lo veo como un trabajo sino como un placer. Es una mesa de curiosidades para ver qué puedo lograr. Es ver qué calidad puede tener lo que yo hago. Por otra parte, el placer de realizar algo es una sensación muy agradable.

He hecho más de 80 esculturas monumentales. Le tengo especial cariño a un caballo expuesto en Francia porque está bastante logrado. Está hecho como yo lo hubiera querido hacer

¿Ha cambiado su técnica en los últimos años?

Sí, obviamente he aprendido bastante. Es decir, la pintura no se acaba de aprender nunca. Los únicos que se la aprendieron toda fueron Leonardo y Rafael. Esos sí sabían pintar.

¿Qué tipo lectura le gusta?

No soy un gran lector, pero leo mis libritos también.

¿Cómo es su día a día?

Llego como a las once de la mañana al estudio y me quedo hasta las siete de la noche. Eso sí, me duermo mi siesta todos los días después de almuerzo. Aunque es corta, de una media hora. De resto, todo el día trabajando. Disfruto al trabajar. Es mi fuente de placer, mi fuente de equilibrio. Después hago una vida normal, como la de todo el mundo. Leo el periódico, voy a restaurantes que considero buenos, veo películas de noche antes de dormir…

***

Botero disfruta con el trabajo y tiene gozo para rato, pues se le acumulan las invitaciones. El próximo mes presentará 17 esculturas en la feria Basel de Hong Kong y en abril expondrá en Barcelona. Son apenas un par de las exhibiciones planeadas. Todavía trabaja de pie siete horas al día y, a los 86 años, no tiene ninguna intención de parar.

MARIO JARAMILLO SAMPER
Especial para EL TIEMPO

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