‘La riqueza de nuestra naturaleza es inagotable’: Antonio Castañeda

‘La riqueza de nuestra naturaleza es inagotable’: Antonio Castañeda

Tras recorrer el país por más de 40 años, el fotógrafo traslada sus archivos a elegantes objetos. 

Emprendimiento de Antonio Castañeda

Las imágenes artísticas que el fotógrafo Antonio Castañeda capturó durante sus recorridos por todo el país, ahora, en un emprendimiento con su hijo, Pablo Antonio, las lleva a objetos decorativos.

Foto:

Antonio Castañeda Buraglia

Por: Armando Neira
23 de mayo 2019 , 07:52 p.m.

Muchos años atrás, por allá en los albores de los 70, Antonio Castañeda Buraglia (Bogotá, 1947) convenció a un grupo de amigos de ir a pasear al exótico parque Tayrona. “Tomamos una flota en Bogotá rumbo a Riohacha, con escala en Bucaramanga”, recuerda.

En la capital de La Guajira consiguieron provisiones para iniciar la caminata, cuyas huellas conserva en su memoria: “Fuimos por la costa Caribe, en la vía a Santa Marta, hacia Cañaverales, luego Arrecifes, el cabo San Juan y a Pueblito”.

Entre el equipaje llevaba docenas de rollos fotográficos blanco y negro y color con los que soñaba dejar un testimonio gráfico de una belleza tan espléndida como olvidada. “Quería transmitir el privilegio de lo que veía”, dice. “Luego, para mí, tomar fotos se convirtió en una necesidad existencial”.

Dejó a un lado su carrera de arquitecto y se internó en montañas, selvas, llanuras para retratar sus paisajes, la vegetación, la gente. En una entrega de tal dimensión que en 1992, mientras su esposa esperaba su primer hijo, Pablo Antonio, él estaba en la distancia en carro, solitario, en una travesía de 12.000 kilómetros para hacer el libro Casa campesina.

¿Era peligroso recorrer el país en esos años?

Era una época particularmente difícil. En muchas partes, la guerrilla era la ley. En nueve ocasiones me retuvieron. En aquel entonces aún se percibía en ella un discurso político y social que pesaba más que el interés por el tráfico de droga. Por eso se podía hablar.

¿De qué?

Del país, de sus problemas sociales. Tanto que cuando realicé Casa campesina, en contraste con el anterior libro publicado con mis fotografías, Casa colombiana, obtuve una especie de salvoconducto para recorrer el país sin molestias de los “camaradas”.

La situación en el campo era de extrema pobreza...

Sí. Es, creo, la experiencia más intensa de mi vida como fotógrafo. Por el fenómeno del Niño, el campo estaba seco, la pobreza era terrible. Pasaba horas hablando con abuelos que cuidaban a tres, cuatro o más nietos, en reemplazo de los padres que, desesperados, habían partido para otros pueblos, en el rebusque.

Quería transmitir el privilegio de lo que veía

En contraste, veía unos paisajes alucinantes...

Por todas partes. Colombia ofrece, en toda su extensión, sorpresas sobrecogedoras, impactantes, en cada espacio hay una postal. Por ejemplo, la pobreza era desoladora, angustiante, pero ver un rojo atardecer en las serranías de San Martín, Meta, con vaqueros y el ganado, es un privilegio.

Esta y otras imágenes están en sus libros. Son tantos que es difícil llevar la cuenta...

Son muchos. Como fotógrafo he participado en 81 libros. Hay algunos muy importantes por lo que significaron como experiencia para comprender el país que somos, y otros, por la posibilidad de expresar mi propia interpretación estética de la realidad que ha acompañado mi vida: paisaje, naturaleza, arquitectura.

Tras casi cuatro décadas de imprimir sus fotografías en papel incursiona ahora con nuevas tecnologías. ¿Por qué?

A pesar de haber sido enemigo acérrimo de la fotografía digital, por miedo a lo desconocido, hoy, después de haber abandonado la fotografía análoga, siento que aquella me ha permitido ampliar sustancialmente mis posibilidades creativas y, en especial, mi expresividad.

¿Encuentra muchas diferencias?

En la fotografía análoga, para mí, las fronteras eran más estrechas. Si en algún caso se lograba algo parecido a lo propuesto, era muy complicado repetirlo. Aunque llegué a un importante nivel de manejo del laboratorio fotográfico.

¿Y ahora?

La tecnología digital permite ampliar las posibilidades creativas y expresivas. Se puede trascender el papel eminentemente documental o descriptivo. No quiero decir que estos aspectos sean negativos. De ninguna manera, es, ha sido y siempre serán algo asociado a la esencia de la fotografía. Pero potenciar la imaginación, la creatividad y la expresividad de cualquier persona a través de la fotografía digital es una forma de liberación de la interioridad del individuo.

¿Así llegó a lo que llama la Expedición Cromática?

Este proyecto nació en 2013; al revisar mi archivo encontré que además del gran número de imágenes de arquitectura, el tema de la naturaleza y las plantas ocupaba un lugar muy importante. Entonces inicié, un poco tímidamente, la reinterpretación digital de una parte significativa de estos archivos.

¿Y se fue por ahí?

Sí. Los primeros resultados coincidieron con un viaje a Guaduas, ciudad que fue cuna de la Expedición Botánica a finales del siglo XVIII y principios del XIX, y lugar en donde nació Francisco Javier Matiz, uno de los más brillantes dibujantes de dicha expedición.

La reflexión de este viaje, del espíritu que se vive en esta pequeña ciudad en relación con la Expedición Botánica, y la posibilidad de volver a apreciar algunas reproducciones...

La reflexión de este viaje, del espíritu que se vive en esta pequeña ciudad en relación con la Expedición Botánica, y la posibilidad de volver a apreciar algunas reproducciones de los magníficos y perfectos dibujos originales me llevaron a considerar la idea de profundizar el trabajo en el lenguaje contemporáneo digital.

¿Una reinterpretación?

No era el caso de producir dibujos o fotografías que intentaran competir con la expedición original. No. He tratado de encontrar una manera de ver nuestra riqueza natural y las inagotables posibilidades en cuanto a la expresión estética de todas las clases de plantas.

¿Por eso el nombre?

En algún momento, al inicio de este proyecto presenté un grupo de imágenes trabajadas al curador de arte Eduardo Serrano, quien después de observar el conjunto y la riqueza de color me propuso modificar el nombre del proyecto por el de Expedición Cromática.

Luego vino otro proyecto que es en el que ahora está inmerso...

Sí. Se llama Buraglia. El año pasado, mi hijo mayor, Pablo Antonio, me propuso una conversación alrededor de mi trabajo y de hacer un proyecto. En esencia se trata de desarrollar un emprendimiento para potenciar el uso comercial, didáctico y propositivo a través de la producción de objetos artísticos utilitarios basados en mis imágenes.

¿Por qué el nombre?

Se llama Buraglia, es mi segundo apellido, en homenaje a mi abuelo materno, Antonio Buraglia Fiorenzano, quien llegó de Maratea (Italia) hacia 1906 y fundó en Bogotá el almacén El Vaticano (aún existe) y Talleres El Vaticano, ya desaparecido, en los cuales desarrolló la producción de imágenes religiosas y los elementos de la liturgia católica.

¿Conserva la filosofía de la empresa?

Sí. Buraglia se asienta en los mismos principios de las empresas del abuelo, desarrolla sus productos bajo claros propósitos estéticos, propone una novedosa apreciación de nuestra naturaleza, con un componente didáctico para disfrutar de su belleza.

¿Es su nueva visión de la riqueza de nuestra naturaleza?

Es una forma de expresar y compartir, con gran convicción, una visión del mundo, de lo que he visto, a través de las fotografías.

¿Cómo se siente hoy?

Muy feliz. El conocimiento que represento después de 45 años de ejercicio profesional de la fotografía y el espíritu que enmarca el trabajo fotográfico interpretativo que realizo desde hace algunos años alrededor de las plantas están puestos ahora en creaciones que pueden ir a los hogares, a las casas.

¿Se lo ve feliz de trabajar con su hijo?

Esta idea, en una época en la que la distancia generacional es cada vez mayor, de que él viniera a mí para emprender un camino conjunto me sorprendió profundamente. Por eso, sin dudarlo un instante acepté de inmediato.

¿Cómo va Buraglia?

Muy bien. Su puesta en marcha nos ha permitido recorrer un camino de acercamiento, de confrontación constructiva de ideas y procedimientos. Y, desde mi punto de vista, me ha dado la oportunidad de escuchar, comprender y asimilar las actitudes y enfoques de los jóvenes que ven el mundo y el futuro con sus propios ojos.

¿El país es un escenario fantástico que invita a la creación?

Así. Es increíble. El motivo fundamental de mi nueva propuesta es en el fondo la exaltación y valoración de la riqueza de la flora y la vegetación de Colombia. Lo que hago es convertirla en elemento permanente y protagónico de los espacios. Sin duda, eso se debe a que la riqueza de nuestra naturaleza es inagotable.

ARMANDO NEIRA
EDITOR DE CULTURA DE EL TIEMPO
Twitter: @armandoneira

Descarga la app El Tiempo. Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias. Conócela acá

Logo Boletin

Estás a un clic de recibir a diario la mejor información en tu correo. ¡Inscríbete!

*Inscripción exitosa.

*Este no es un correo electrónico válido.

*Debe aceptar los Términos y condiciones.

Logo Boletines

¡Felicidades! Tu inscripción ha sido exitosa.

Ya puedes ver los últimos contenidos de EL TIEMPO en tu bandeja de entrada

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.