‘La tarea esencial de un artista es generar belleza’

‘La tarea esencial de un artista es generar belleza’

En charla con EL TIEMPO, Jaume Plensa reivindica el silencio del arte para mitigar tiempos de ruido.

Obras de Jaume Plensa

‘Detrás de las paredes’, escultura de friso en el Rockefeller Center de Nueva York.

Foto:

Cortesía Jaume Plensa

Por: Armando Neira
06 de julio 2019 , 10:04 p.m.

En ocasiones, las obras se parecen a sus creadores. Es el caso de Jaume Plensa (Barcelona, 1955). El artista y escultor español es un hombre de pocas palabras; sus respuestas son amables, exquisitas. Mira con serenidad a sus interlocutores y hace pausas en la conversación para exhibir una leve y sosegada sonrisa. Como ‘Julia’, una blanca pieza de doce metros de altura que se expone sobre el antiguo pedestal de la plaza de Colón, uno de los puntos más visitados de Madrid.

En Plensa se combinan gratamente el aplauso de la crítica y el fervor de la gente. En una solemne ceremonia, la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) lo invistió como doctor ‘honoris causa’ y, entre tanto, decenas de turistas, bien sea en Nueva York o Madrid, se toman selfis en algarabía junto a sus creaciones.

Mientras la muchedumbre dispara sus cámaras sobre otra de sus obras en el palacio de Cristal de El Retiro, en Madrid, el eco de sus palabras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAB, cuando agradecía el doctorado, invita a la reflexión: “¡El arte no sirve para nada, pero es por eso que es tan importante! Su falta de utilidad y de función práctica lo hace imprescindible en la vida del ser humano”.

Tanto en la charla con EL TIEMPO como en el discurso, él pone el énfasis en la belleza, “el gran vínculo que nos une a todo y a todos”. De hecho, anota que toda su carrera ha estado basada en la voluntad de “introducir la belleza en el mundo cotidiano de la gente”. “Desde las calles, en las plazas, desde los teatros a los museos, he procurado llevar a las comunidades destellos de luz para iluminar su día a día, nuestro día a día en común”.

¿Cómo define su obra?

Mi obra es una búsqueda del individuo, del ser humano, que creo es un gran tema. ¿Por qué? Siempre he pensado que si mejoramos individuo por individuo, lograremos un efecto que repercutirá de manera notable en la comunidad, en la sociedad.

¿Por qué le preocupa el estado actual del mundo?

Hay demasiado ruido. Mucha confusión. Por eso, yo busco fabricar silencios, y eso es algo esencial en estos momentos.

Nunca antes el ser humano había tenido tantas alternativas para comunicarse. Pero parece que usted duda de su eficacia...

Hay demasiada polución de mensajes. Ya no sabemos si lo que decimos es de verdad una idea nuestra o ecos de otros. Hay que reflexionar. En mi caso, la propuesta es el silencio. Porque nunca he querido gritar más que el que grita.

¿Sirve de algo el arte?

Lo he dicho sin mayor pretensión: el arte no sirve para nada, pero es por esto por lo que es tan importante. Su falta de utilidad y de función práctica lo hace imprescindible en la vida del ser humano.

Abundan hoy, por todo el planeta, las exposiciones, las propuestas de un arte que los espectadores no comprenden. ¿Qué opinión tiene de esto?

El arte contemporáneo es muy difícil porque se hacen cosas muy buenas, pero otras que sorprenden porque uno no sabe para dónde van.

Lo suyo, en cambio, es casi clásico porque uno lo siente muy fácil. ¿Es así?

Bueno, yo desde siempre he intentado redefinir la escultura desde cero. Desde cero quiere decir que me he alimentado de los orígenes de las cosas, y no de ayer, desde lo más lejano. Para mí es muy importante que las cosas puedan identificarse, después veremos si te gustan o no. Cuando veo un libro sé que es un libro, ya después si lo leo me gustará o no, pero identifico el contenido.

Ya no sabemos si lo que decimos es de verdad una idea nuestra o ecos de otros. Hay que reflexionar

¿Por qué su temática de las cabezas, de los rostros?

El rostro nos pertenece a todos. Es el lugar común que nos convierte en comunidad, en el que hablamos todas las lenguas, en el que nos sentimos amados. He trabajado en otras formas aunque siempre he querido comunicar, y la escultura es una posibilidad enorme de hacerlo.

¿El rostro es el mejor medio de comunicación?

Siempre he entendido la escultura como un mensaje en una botella. Y este mensaje quiero que llegue lo más lejos posible y con la máxima profundidad posible. Por tanto, tengo que hacer una botella lo más perfecta posible.

Hay varias esculturas suyas que se están convirtiendo en referentes en algunas grandes ciudades. ¿Prefiere que sus obras estén en espacios públicos?

He trabajado mucho en el espacio público, me parece que es una forma muy democrática de expandir esta idea de belleza y de arte en la vida cotidiana de la gente.

Su obra es de una estética maravillosa, realmente muy bella. ¿Lo realiza como artista?

Bueno, es que yo estoy defendiendo la belleza con las grandes necesidades del arte. Yo creo que si hay algo que tiene el artista que generar es belleza. Después podemos hablar de qué es belleza para ti o para mí, para él o para ella. La belleza es algo que todos tenemos clavado en nuestra cabeza, aunque no sepamos explicarla. Es algo que cualquiera, más culto o menos, puede entender inmediatamente.

¿Es vital para usted la pronta relación entre la obra y el espectador?

Así es. Busco que inmediatamente, la gente se emocione antes de querer entender intelectualmente. Yo busco que la escultura se relacione con la gente a través de la emoción.

Usted se está convirtiendo en un referente en España. Es muy fuerte lo que usted está haciendo, poner estas esculturas en puntos que son casi que hitos en la ciudad. Tomarse Madrid, Valencia, Barcelona...

Estos últimos meses ha sido una serie de casualidades que me han llevado a abrir una exposición en el museo de Barcelona. Hemos instalado una escultura en la plaza Colón de Madrid. Acabamos de presentar un libro sobre mi proceso de trabajo; han sido casualidades que en el fondo han sido maravillosas porque hacía 23 años que no exponía en Barcelona y 18 que no exponía en Madrid. Todo ha confluido en estos últimos meses. Estoy muy feliz porque mi propio país, que a veces es más difícil, ha respondido de una forma muy positiva.

¿Para dónde cree usted que va el arte contemporáneo?

Bueno, si lo supiera ya no volvería a mi estudio. La belleza del arte está en el enigma que entraña en sí mismo. Pero, en todo caso, el arte siempre es un reflejo de la sociedad. Yo creo que la sociedad está en un momento en el cual se están pidiendo muchas respuestas. El arte, al menos en mi caso, la escultura tiene una enorme capacidad para plantear preguntas. Y yo creo que el arte debe de plantear preguntas que la sociedad quiere que se le respondan. Las respuestas ya no sé si le correspondan al arte, pero sí que son necesarias en el mundo político y en la comunidad.

Dijo usted una cosa muy linda, y es que el estudio es el pensamiento que sale de su cabeza. ¿Puede explicar más este concepto?

En el fondo, el estudio es tu cabeza. Tú viajas con tus sueños, con tus ideas. Pero necesitas un lugar en donde realizarlas al que llamamos estudio, que es una expansión de tu cabeza. Han salido muchos libros sobre mí con fotos de obras en todo el mundo, pero no tenía un libro –‘Jaume Plensa 61’, editorial Artika- en donde hablara de estos rincones de la cabeza que es el estudio. Y hoy estoy muy feliz porque creo que un potencial lector va a disfrutar de esta intimidad que en el fondo es mi pequeño rincón en donde intento que las cosas ocurran.

¿Qué siente al saber que una persona anónima al caminar se encuentre con su obra?

Yo creo que esa es la parte más bonita de mi trabajo. Es decir, ese retorno de energía que encuentras en la gente es un valor extraordinario con el que el artista se emociona. El arte no sirve para nada, no tiene ninguna utilidad práctica, por eso es tan fuerte, tan fuera de control, tan comprometido políticamente con la sociedad. Porque no sirve para nada. Es, posiblemente, la única cosa en el mundo que no sirve para nada. Por eso, cuando cada persona quiere compartir este sueño contigo es un milagro, una maravilla.

ARMANDO NEIRA
Editor de Cultura de EL TIEMPO
Madrid

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