Kat Menschik, la ilustradora que dibuja los sueños de Murakami

Kat Menschik, la ilustradora que dibuja los sueños de Murakami

La alemana ganó la admiración del escritor japonés y es quien se encarga de ilustrar sus ideas.

Kat Menschik, ilustradora alemana

Kat nació y creció en Berlín del Este. Trabaja con Murakami desde 2009.

Foto:

Sascha Moser

Por: Fabiana Scherer - La Nación (Argentina) - GDA
30 de septiembre 2018 , 11:24 p.m.

“Las imágenes de Kat Menschik son de verdad diferentes y únicas –describió Haruki Murakami el trabajo de la ilustradora alemana–. Es precisamente ese sentido de otredad el que como autor quiero evocar en mis lectores”.

Confesa lectora del autor de ‘Tokyo Blues y Kafka en la orilla’, solo por nombrar algunos de los títulos que despiertan fascinación por el autor japonés, Kat se convirtió en la ilustradora elegida por el eterno postulante al Premio Nobel para poner en imágenes sus relatos. La reciente aparición de ‘La chica del cumpleaños’ (Tusquets), en una hermosa edición en tapa dura, sirvió de excusa para intercambiar algunas apreciaciones.

“Las narraciones de Murakami tienen muchos niveles, caminos casi oníricos que te llevan en una o en otra dirección, nada parece seguro, y muchas cosas dependen de nuestra experiencia individual. Parecen sueños, ‘puzzles’, y yo puedo hacer algo nuevo sobre estos –confiesa–. Eso es maravilloso para mí, como ilustradora, porque puedo trabajar en un plano casi surrealista”.

La relación que mantienen Kat y Murakami se inició en 2009, con ‘Sueño’ (publicado por primera vez en 1990), donde la noche añil y de plata con la que propone imágenes oníricas, ensoñaciones y visiones, se cuelan entre las palabras del escritor y permiten esa otredad que tanto destaca el autor. Sueño es el primero de los cuatros relatos ilustrados. Le siguieron ‘Asalto a las panaderías’ (publicado por primera vez en 1981 en la revista literaria Waseda Bungaku); ‘Segundo asalto a la panadería’ (apareció en la revista Marie Claire, en 1985 como continuación de aquél); ‘La biblioteca secreta’ (se conoció originalmente en 1990, fue traducido al inglés para ‘The New Yorker’, en 1992, y compilado en ‘El elefante desaparece’, primer libro de cuentos del autor), y ‘La chica del cumpleaños’.

La idea de establecer una relación entre Kat y Murakami surgió de la editorial Dumont-Verlag, tras enterarse de que el escritor había develado cierta atracción por los dibujos de Menschik. Es sabido en el mundillo editorial la obsesión del autor japonés por controlarlo todo, incluso las portadas de las traducciones de sus libros, las que supervisa personalmente antes de que se publiquen: las acepta o las rechaza. Nunca hay grises. Dispuesta a seducirlo, Kat preparó una carpeta de muestra y el encuentro entre el autor y la ilustradora se convirtió en un sueño hecho realidad. Murakami viajó a Berlín, ciudad en la que Kat creció y vive desde antes de la caída del Muro, la invitó a cenar y después de hablar de jazz, de Japón y de la variedad de cervezas alemanas le propuso que llevara mucho más allá sus historias: que se animara a ir a un segundo nivel.

Las narraciones de Murakami tienen muchos niveles, caminos casi oníricos que te llevan en una o en otra dirección, nada parece seguro, y muchas cosas dependen de nuestra experiencia individual

¿Cuál fue el mayor reto a la hora de ilustrar las narraciones del autor japonés?

Admiro profundamente la obra de Murakami, por lo que el desafío con él siempre consiste en realizar un trabajo que le satisfaga de verdad. No quiero contentar solo a los lectores, busco que él también disfrute de mi trabajo.

¿Qué fue lo que más le llamó la atención del relato ‘La chica del cumpleaños’?

Quizá la relación entre ser joven y envejecer, entre la vida y la caducidad; la mirada hacia la vida que queda por delante, y la mirada retrospectiva; la juventud y la muerte. Pero, también, un carácter muy femenino, de niña, la ‘birthday girl’ de color rosa... (Todas las ilustraciones son en ese tono, como se puede ver en la tapa).

En el cuento publicado originalmente en 2002, en el volumen ‘Sauce ciego, mujer dormida’, Murakami se permite, como siempre, explorar entre lo fantástico y lo tangible, elementos que llevaron a Kat a imaginar una Alicia, de Lewis Carroll, en el que se entremezclan el deseo y la magia.

“–Hoy cumples 20 años y, además, me has traído una magnífica comida caliente –dijo el anciano como si quisiera confirmarlo una vez más (...). ¡Qué dichosa coincidencia! ¿No te parece?

–Así pues –dijo el anciano, palpándose el nudo de la corbata de tonalidad parecida a la hojarasca–, voy a hacerte un regalo, jovencita. Un día tan especial como el del vigésimo cumpleaños requiere un recuerdo también muy especial.

Sentada en el sofá, ella negó precipitadamente con la cabeza.

–¡Oh, no! No se moleste, se lo ruego. Yo solo le he traído la cena porque así me lo han ordenado.

El anciano levantó las manos con las palmas vueltas hacia delante.

–¡Oh, no, no! Eres tú quien no debe preocuparse. Es un regalo que no tiene forma. No tiene valor. En fin –dijo, posando las manos sobre la mesa. Y suspiró–. En fin, que voy a satisfacer un ruego tuyo, mi joven y preciosa hada. Voy a hacer que se cumpla un deseo. El que tú quieras. No importa cuál. Cualquier deseo que tengas. En el caso de que tengas alguno, por supuesto”.

El libro cierra con un relato adicional de Murakami, donde narra lo que significa para él cumplir años y el ritual que practica año tras año. El texto repasa los hitos de su generación: la que nació después de la Segunda Guerra Mundial, creció con el ‘rock and roll’ y la rebeldía del 68; además de ofrecer una curiosa reflexión sobre el rito que lleva cada año.

“Vine al mundo el 12 de enero de 1949. Eso significa que pertenezco a la llamada generación ‘baby boom’ (...). Una vez busqué en internet qué personas cumplían años. Cuando entre ellas descubrí a (no vamos a ‘spoilear’ el nombre del personaje en cuestión), me sentí inmensamente feliz (...). Ese día, alzo la copa de vino y brindo por el descanso eterno de este brillante escritor norteamericano con quien comparto el día del cumpleaños”.

Murakami destaca la otredad en sus dibujos. ¿Trata usted de narrar una historia paralela con sus ilustraciones?

Lo hago muy a menudo, sí. Y con eso pretendo no aburrir a los lectores, ofrecerles algo más. Los lectores ya tienen a su disposición el texto, así que no necesito ilustrar con precisión lo que dice, sino que puedo apartarme ligeramente del relato y crear algo nuevo. Ese es precisamente mi objetivo, y me alegro mucho si lo consigo.

¿Se identifica con los personajes de los textos que dibuja?

No, la verdad es que no. Intento captar la sensación del texto y trasladarla a la imagen, pero, para conseguirlo no necesito identificarme con el personaje. Sí, puedo empatizar con ellos.

Los lectores ya tienen a su disposición el texto, así que no necesito ilustrar con precisión lo que dice, sino que puedo apartarme ligeramente del relato y crear algo nuevo

¿Cree que los libros ilustrados son una excelente contraposición a los textos digitales?

Sí, en mi opinión, una obra ilustrada también puede leerse en un soporte digital, pero si uno coloca un libro impreso en una estantería, debería ser un objeto bello, que nos apetezca tener en las manos.

¿Qué considera relevante cuando está ilustrando un libro?

Necesito una idea inicial con la que imaginar cómo quiero dar forma al libro. Es decir, pienso en los colores que podrían funcionar y cómo quiero realizar los diseños. Después desarrollo esta idea a lo largo de todo el libro, y el resultado es un libro, un concepto, homogéneo y coherente.

¿Cuál es su deseo a la hora de entablar esa comunión con el texto?

Mi trabajo es ilustrar cualquier clase de texto que me encarguen (también hago trabajos para diferentes periódicos o revistas). Con mis dibujos quiero conseguir un segundo nivel, una ampliación ilustrada del texto. Y, por supuesto, también quiero dotar el texto de belleza, busco que sea un libro bonito, un objeto para apreciar, esos que te gustan poner en los estantes y tocar. Me gusta animar al lector a encontrar otros significados, su propia historia.

La biografía de Kat Menschik señala que nació en 1968, en Luckenwalde. Creció en Berlín del Este, pero pasó gran parte de su infancia con su abuela en Jüterbog. Gracias a ella descubrió su pasión por las artesanías y de su padre, diseñador gráfico y calígrafo, como bien aclara heredó “la paciencia y la importancia de trabajar con esmero”.

¿Cómo trabaja usted? ¿En qué consiste su proceso creativo?

En primer lugar, imagino el diseño. Después lo pongo sobre el papel con pluma y tinta, escaneo la imagen en blanco y negro y, a continuación, retoco la tinta y aplico el color en el ordenador. El resultado final siempre es digital.

¿Prefiere dibujar textos creados por otros a los suyos propios?

Prefiero ilustrar textos de otras personas, porque los otros escriben mejor que yo. No tengo dudas.

¿Qué autores o qué libro le gustaría dibujar?

Muchísimos. Pero me gustaría ilustrar sobre todo a autores clásicos, o aquellos cuyos libros que leo y me hacen disfrutar.

¿Qué artistas influyeron en su trabajo?

Entre otros, Werner Klemme, Elisabeth Shaw, Manfred Bofinger, los artistas del Jugendstil y los expresionistas.

¿Considera que el campo de la ilustración logró mayor reconocimiento en los últimos años?

Sí, su prestigio ha aumentado, con toda certeza. Además, cada vez veo más trabajos que apuestan por la ilustración, y en algunos casos muy buenos.

¿Tiene pensado dibujar alguna otra narración de Murakami?

Seguro que la editorial Dumont y yo tendremos ocasión de editar e ilustrar otra historia de Murakami. Pero no sé cuál será ni cuándo lo haremos.

La espera valdrá la pena, porque cada relato, novedad referida al ‘rock star’ de la literatura, genera una reacción en cadena: “Los lectores esperan por su trabajo de la misma manera en que generaciones pasadas hacían cola ante las disquerías esperando los nuevos discos de los Beatles y Bob Dylan”, escribió Patty Smith en ‘The New York Times’. No hay duda de que esta devoción es contagiosa y que la imaginación de Kat, quien dibuja con la mano izquierda y luce orgullosa su dedo medio izquierdo manchado de negro, nos abrirá otras puertas al universo murakamiano.

FABIANA SCHERER
La Nación (Argentina) - GDA

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