El archivo de Francisco de Paula Santander que acaba de ‘reaparecer’

El archivo de Francisco de Paula Santander que acaba de ‘reaparecer’

Armando Martínez, exdirector del Archivo General, cuenta cómo se reencontraron los documentos.

Documentos de Santander en el Archivo General de la Nación.

Ahora, ya están todos los documentos de Santander juntos en el Archivo General de la Nación.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

Por: Cultura
31 de marzo 2019 , 10:00 p.m.

Las personas que trabajan en entidades como archivos y museos, donde hay gran cantidad de objetos y documentos en espera de ser revisados o reencontrados, saben que, a la hora de la verdad, además de su conocimiento está la suerte de hallar.

“O la serendipidad –dice Armando Martínez, exdirector del Archivo General de la Nación–, que es la facultad de hacer un descubrimiento o un hallazgo afortunado de manera accidental”.

Y eso le pasó al hoy exdirector del Archivo General de la Nación, uno de los historiadores más importantes del país, cuando estando en la sede de la entidad, en Bogotá, encontró lo que faltaba de los archivos de Francisco de Paula Santander.

El Archivo General de la Nación ya tenía una parte, que llegó allí luego de largos caminos, desidia del Estado en algunos momentos, denuncias ante juzgados y una gran cantidad de problemas para la conservación de los documentos del llamado Hombre de las leyes.

Pero lo ‘nuevo’ que halló Martínez fueron “58 rollos de microfilme de los cuatro fondos documentales que custodia la Casa Natal de Simón Bolívar en Caracas”.

Para Martínez fue un gran “¡eureka!”, con signos de admiración, porque “apareció el texto original de un borrador del decreto de 1818 que abusivamente algunas personas del Casanare hicieron pasar por testimonio de una ‘primera constitución nacional’, atribuyendo al general Juan Nepomuceno Moreno la calidad de ‘primer presidente’ de Colombia. Gracias a este documento podemos saber que quien lo publicó, tomándolo de una fotocopia, lo falseó al agregarle la fecha que no tiene el original, ocultando que se trataba de un borrador con tachaduras que nunca sirvió a sus propósitos políticos por la emergencia de las elecciones de diputados ante el Congreso de Angostura”, dice.

Martínez agrega que la “magia de este archivo copiado en Caracas es que no solo contiene las cartas originales que se escribieron Bolívar y Santander, sino las de otras personalidades. Por ejemplo, las de doña Gabriela Barriga, la patriota más importante de la década de 1810, hasta ahora ignorada pues no había registros de su correspondencia”.

Examinando al azar uno de los rollos encontré el ‘sello’ que daba cuenta de la autenticidad de los documentos que pertenecieron al general Santander

Desde su llegada al Archivo General de la Nación, Martínez había buscado sin éxito los documentos originales que faltaban de Santander, tarea en la que le ayudó “la historiadora venezolana Inés Quintero, actual presidenta de la Academia Nacional de la Historia en Caracas. Sabíamos que fueron vendidos por el general Ernesto Restrepo Tirado, nieto político de Santander, a Juan Bautista Pérez y Soto. A su turno, la viuda de este los vendió al gobierno venezolano del general Juan Vicente Gómez”, sigue.

Sin darse por vencido, Martínez, recorriendo diariamente los depósitos que guardan “millones de documentos patrimoniales de la nación colombiana”, encontró estos 58 rollos de microfilme.

“Estaban confundidos con otros miles de rollos de microfilme y algunas de las cajas metálicas identificadas con el título Fondo J.B. Pérez y Soto. Solo para quien supiera la historia de la venta del archivo de Santander tendría sentido este nombre. Y en Colombia apenas quedarán vivas unas diez personas que lo saben, entre ellas el actual secretario de la Academia Colombiana de Historia, Luis Horacio López, y yo”, dice.

Su conocimiento de la historia lo llevó a buscar y “examinando al azar uno de los rollos encontré el ‘sello’ que daba cuenta de la autenticidad de los documentos que pertenecieron al general Santander: la firma, de su puño y letra, de su viuda. Decía Sixta Pontón Santander”.

Hizo algunas averiguaciones y de este modo ratificó que la esposa del prócer, Sixta Pontón Piedrahita, no firmaba Sixta Pontón de Santander, sino Sixta Pontón Santander.

Pero aún faltaba un pedazo. Hablando de su hallazgo, una de las investigadoras del Archivo, la licenciada Gloria Rosales, le dijo que en las colecciones de la Academia Colombiana de Historia había 11 cajas con el nombre de Santander.

“Fuimos a buscarlas y ¡eureka!: apareció la parte del Archivo Santander que la viuda de Pérez y Soto había vendido a esta Academia. Ya estaba completo el hallazgo: una parte está en Caracas y la otra en Bogotá, pero el Archivo General de la Nación tiene una de las cinco copias microfilmadas que hizo la Fundación John Boulto y que están en la Casa del Libertador”, cuenta con orgullo.

Luego de 179 años de la muerte del prócer, sus documentos están de nuevo juntos. Santander dejó el dinero para que dos personas se encargaran de su archivo: uno de reunirlo (con pago de 1.500 pesos de la época) y otro de imprimirlo (cancelándole 1.000 pesos).

Ese trabajo ahora, y sin cobrar, lo va a hacer Martínez. Organizará toda la documentación y la pondrá a disposición del Archivo General de la Nación para que pueda ser consultada en la página de la entidad.

CULTURA

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