Historia oral de ‘El Quijote’ del Teatro La Candelaria

Historia oral de ‘El Quijote’ del Teatro La Candelaria

La obra, que Santiago García creó inspirado en el clásico de Cervantes, está celebrando 20 años.

Quijote de La Candelaria

Luis Hernando ‘Poli’ Forero, como Sancho, y César ‘Coco’ Badillo, en el papel del Quijote, protagonizan esta obra.

Foto:

Cortesía Teatro La Candelaria

Por: Yhonatan Loaiza Grisales
26 de abril 2019 , 10:06 a.m.

El actor César ‘Coco’ Badillo estaba pasando un fin de semana en Villa de Leyva (Boyacá) y decidió quedarse a dormir en las afueras del pueblo. Luego de almorzar en la casa de unos campesinos locales, y mientras disfrutaba el reposo después de la comida, observó la amenaza de lluvia que crecía a medida que el cielo se desteñía de azul a gris.

Badillo recuerda que la mujer que había preparado el almuerzo describió aquella situación con una frase exquisita: “Ya se va despejando el celaje”.

La reacción de Badillo ante aquella perla idiomática fue escribirla en su libreta y llevársela al maestro Santiago García, director del Teatro La Candelaria, para incluirla en la que iba a ser la nueva obra del tradicional grupo. Aquellas palabras se convirtieron en una pincelada más del lienzo que estaba creando el maestro García, una versión del gran clásico del idioma español, 'Don Quijote de La Mancha', de Miguel de Cervantes Saavedra.

García, que ya había visitado con éxito el mundo barroco del Siglo de Oro español con su obra 'Diálogo del rebusque', inspirada en La vida del buscón y otros textos de Francisco de Quevedo, quiso dar un paso más adelante y plantear una innovación en términos narrativos y de lenguaje. La puesta en escena, que se estrenó en 1999, terminó convirtiéndose en una de las piezas más queridas de la agrupación y también en una especie de reflejo de su creador, pues plasmaba la genialidad intelectual de uno de los padres del teatro moderno colombiano, y a la vez estaba llena de su humor repentino y pintoresco.

“Cuando Cervantes escribió la novela no había mucha gente letrada, entonces eran textos muy pensados para la oralidad, para leerlos en las tabernas, en los caminos. Santiago lo que hizo con su texto fue rescatar la oralidad colombiana, en el sentido de que hablamos la misma lengua aparentemente, porque también hay muchas diferencias, pero exaltando que en el interior del país aún se usan una gran cantidad de términos que pertenecían a los siglos XVI y XVII de España”, apunta Patricia Ariza, una de las cofundadoras de La Candelaria.

Dos décadas después del estreno, Ariza ahora está sentada en la platea de la sala del grupo en la fría mañana del 23 abril. Es el día del idioma, que se celebra en honor a Cervantes, y el grupo de artistas está reunido para afinar de nuevo los detalles operarios de la pieza, que está realizando una temporada especial por su vigésimo aniversario.

Serán 13 actores, como algunos de los históricos del grupo –Carmiña Martínez, Adelaida Otálora, Rafael Giraldo, Alexandra Escobar y Nohra Ayala–, y otros nuevos integrantes, que de nuevo le darán vida a los textos que García creó inspirado en la obra de Cervantes.

El director y dramaturgo, que desde muy pequeño empezó a sentir una gran atracción por las figuras del ingenioso hidalgo y de su leal escudero Sancho Panza, se zambulló en ese inmenso océano que significaban los dos tomos de la obra capital de Cervantes con la idea de encontrar situaciones inéditas, que se alejaran del imaginario que tenía el gran público.

Santiago lo que hizo con su texto fue rescatar la oralidad colombiana

“Con eso quería fabricar una historia que resultara un poquito más original, que no tuviera todos esos incidentes que son tan recontraconocidos acerca del Quijote, sino buscar otros, como por ejemplo la historia de la barca encantada. Es decir, una serie de aventurillas que, partiendo de un lenguaje narrativo que es el de la novela, me dieran la posibilidad de dar cuenta del lenguaje fundamental del teatro, que se asienta más que todo en la acción de personajes con diálogos o con movimientos o con gestos o con lenguajes no verbales”, explicó García en un documental sobre la obra que se grabó en Cali.

Badillo y Ariza recuerdan que García le propuso al grupo un libreto compuesto por doce escenas, que empezaba con la barca encantada y recorría otros episodios como la aventura con los leones, la aparición del mago Merlín, el gobierno de Sancho y el encarcelamiento del Quijote.

Los actores entonces se dedicaron a leer la novela y a proponer ejercicios de improvisación. Finalmente, el elegido para encarnar al desquiciado caballero fue Badillo, quien rememora que su propuesta encerraba cierta ternura y fragilidad, cierta ridiculez y algo de payaseo. “Funcionaba mucho y García dio el argumento de que se creaba una imagen antiquijote, muy colombiana en el fondo, como un país que está muy bien, pero al otro día se colapsa, que se está haciendo y deshaciendo”, complementa.

Es difícil dar un número exacto de las funciones en las que Badillo se ha metido en el cuerpo y en la mente de este caballero incomprendido, pero el experimentado actor aun conserva la solemnidad de sus movimientos. Su mirada todavía refleja la locura de este hombre que ve peligros y fantasías en cualquier situación cotidiana, y la riqueza gramatical de los diálogos brillan como un cristal con los matices de su de voz.

El actor enfatiza en que este papel requiere cierto trabajo energético que puede llegar a ser agotador a nivel físico y psicológico. Ahí es que aparecen las herramientas del oficio para no ‘sicopatearse’ con todas las ocurrencias de este enigmático ser. Hay otro reto: encontrarle la novedad a hacer el mismo papel durante 20 años. “Aunque La Candelaria tiene la particularidad de no haber parado de crear, nosotros hemos hecho muchísimas obras y yo he hecho mis cosas también. Pero de todas formas hay un agotamiento de los primeros impulsos, entonces yo me inventó mucha mamadera de gallo y estoy tratando de jugar como si fuera la primera vez para no aburrirme y para que la obra no decaiga”.

***

Para el papel de Sancho Panza, el fiel escudero del Quijote, el elegido fue el fallecido Fernando Peñuela, que con la batuta de García creó un personaje que se convierte en la voz que trata de rescatar de la locura al Quijote.

Peñuela encarnó por cerca de diez años a Sancho y, tras su muerte en el 2011, su reemplazó fue Luis Hernando ‘Poli’ Forero, quien ya había diseñado otra serie de personajes de la obra, como el Mago Merlín, y además estuvo encargado del diseño de la música. El actor no solo renunció a estos papeles sino que tuvo que reemplazar a su gran amigo en el grupo, con el que durante más de 30 años compartió cuartos de hotel y escenas en casi todas las obras.

Fue un proceso muy difícil, Peñuela había construido un personaje muy lindo, muy especial, muy finamente tejido

“Fue un proceso muy difícil, Peñuela había construido un personaje muy lindo, muy especial, muy finamente tejido. Y yo lo único que tomé de él fue el vestuario, me dediqué a construir un nuevo personaje y lograr esa integración con Don Quijote y con Coco fue una construcción ardua, dolorosa”, cuenta Forero.

El actor asume su personaje con un desparpajo festivo y cierto cinismo, y además se convierte en la conciencia en esa isla de las pesadillas, aunque le siga acolitando las locuras a su jefe.

En los diálogos de este personaje es donde se siente la conexión más fuerte con la forma de hablar de los departamentos del interior de Colombia. El propio Quijote vive exasperado con su escudero porque e se la pasa recitando refranes populares, como: “El que nació pa’ tamal, del cielo le caen las hojas”.

“En eso hubo un trabajo muy fuerte de Santiago y de Peñuela, hay una mezcla de muchos dichos que son de acá y que se reconfiguran dentro del contexto del habla popular de Sancho. El de los tamales es súper coloquial, y también está el de: ‘El que no oye consejos no llega viejo’”, apunta Forero.

En una de las escenas de la obra, en la que los dos protagonistas se topan con un grupo de aldeanas que confunden con las damas de Dulcinea, aparece una protesta de Sancho que solo podría salir de Colombia: “No se me patrasee, jefe”.

“Se supone que Cervantes creció el idioma a partir de lo que decían las prostitutas del pueblo, los braceros, los pescadores. Y él además estuvo preso, imagínese usted el lenguaje de los presos, y todo eso lo mezcló ahí. Esa palabra patrasear se la consultamos a García y él dijo: ‘Sí, eso es muy de la calle colombiana. Miremos a ver’. Y la fuimos probando y fue encajando”, apunta Badillo.

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Este Quijote no ha vencido desaforados gigantes pero sí ha recorrido cantidades de escenarios,, como plazas de mercado y canchas de fútbol, y también ha estado en encuentros internacionales, como el Festival de Teatro Clásico de Almagro, en España, que destaca las mejores producciones sobre el Siglo de Oro, e incluso se ha adaptado en escenarios como el Repertorio Español, de Nueva York.

También han corrido elogios de figuras como el nobel peruano Mario Vargas Llosa, que en una columna en el diario 'El País' de España destacó esta “versión desopilante y circense”. Por su parte, la Biblioteca Virtual de Cervantes resaltó el tono irónico que García le influyó a la obra, recordando esta frase del maestro bogotano: “El secreto está en tomar a Cervantes como si fuera colombiano y tratarlo como a una cosa propia, como se trata a los seres queridos, o sea, tratarlo mal”.

Para Ariza, más que una versión, el director plasmó una visión en la que la utopía es fundamental. “A pesar de que el cuerpo del Quijote se le está desbaratando por los golpes, y porque además se supone que fueron muchos años que duraron en esas aventuras, él sigue en su utopía”, dice la directora.

Es así como a medida que avanza la obra, El Quijote va perdiendo capas de vestuario y ganando aun más dosis de delirio. Sin embargo, en la escena final, en un destello de cordura, el hidalgo no reniega de sus desventuras, pues por ellas es que se ha vuelto famoso en el reino.

No lloréis mis buenas señoras, que todas estas desdichas son propias de los que profesamos esa noble tarea de la caballería
andante

“No lloréis mis buenas señoras, que todas estas desdichas son propias de los que profesamos esa noble tarea de la caballería andante”, grita mientras se aleja en una jaula, rematando la historia con una conmovedora despedida.

Badillo reflexiona que hay algo más allá de la utopía y la supuesta locura: “A mí me parece que el punto que tiene es el de escuchar al distinto. Esa llave entre Quijote y Sancho es una belleza, porque son el agua y el aceite, pero se necesitan y siguen y construyen juntos. Sancho lo acolita porque también hay una cosa de afecto. Hay una cosa de escuchar al otro que casi no se lee, la cultura ha hecho una sola lectura y está escondiendo eso”.

Algunas frases de la obra

"Volverse loco un caballero andante con causa, o sabiendo, no tiene gracia: el toque está en desatinar sin causa y dar a entender a mi dama, que si esto lo hago en seco, cómo sería en mojado": Quijote.

"El respeto a vuestras señorías y también al estado que vuestra merced profesa, me atan las manos de mi justo enojo": Quijote.

"Pues yo, sumercé, no pienso matarme a mí mismo, y si muero, como dice el refrán, ‘muera Martha pero muera harta’”: Sancho.

¿Dónde y cuándo?

Funciones: miércoles a sábados, 7:30 p. m. Hasta el 11 de mayo. Teatro La Candelaria. Calle 12 n.° 2-59, Bogotá. Boletas: 28.000 pesos.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
Cultura y Entretenimiento
En Twitter: @YhoLoaiza

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