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El ‘funeral’ muisca de la estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada
Mortuorio de Gonzalo Jiménez de Quesada en Bogotá fue en la Alcaldía de La Candellaria.

Mortuorio de Gonzalo Jiménez de Quesada en Bogotá fue en la Alcaldía de La Candellaria.

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Camilo Ara - IDPC

El ‘funeral’ muisca de la estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada

El 20 de junio, el pueblo muisca hizo el ‘mortuorio’ del conquistador español.

El domingo 20 de junio en la etapa final de la Caminata Sagrada ATA Baqata Biqacha, comunidades muiscas se despidieron del espíritu de 'Goxique', como han llamado a Gonzalo Jiménez de Quesada. Lo hicieron a través de un ritual llamado mortuorio.

Esta caminata  se realiza desde el 2015 por la sanación y el reconocimiento del territorio muisca y en este 2021 planteó un recorrido siguiendo el sendero del río Biqacha (río San Francisco), hoy Eje Ambiental, y dibujando la forma del 'Ata', número uno en el calendario muisca, símbolo del amanecer y  la unidad.

“Se camina para limpiar, sanar y ordenar la memoria de violencia y muerte del territorio ancestral hasta nuestros días y así sembrar en el territorio, bajo la protección y la fuerza del sonido, un nuevo comienzo”, dice la comunidad.

Por eso, cuando la comunidad se enteró de que los misak había tumbado la estatura, el gobernador del Cabildo Mayor Muisca Oriente, Buntkua Yari Maku -que significa cerro de gobierno que mantiene el equilibrio entre la luz y la oscuridad- pidió los videos para ver cómo había sido su caída.

“Necesitábamos ver los detalles y hacer énfasis en ellos –dice el gobernador-. La estatua cayó dando un giro, que representa el espiral del tiempo, y de frente contra la tierra. Ese giro sucede cuando se cierra un ciclo. Su frente sobre la tierra significa que estaba pidiendo perdón”.

La estatua, que estaba en la Plazoleta del Rosario, fue derribada el pasado 7 de mayo.  No fue la primera acción de reivindicación histórica de los misak. El 28 de abril derribaron en Cali, la estatua de Sebastián de Belalcázar y en septiembre del año pasado otra del mismo personaje en Popayán. 

El gobernador muisca dice que, más allá de las acciones de los misak, el espíritu de Jiménez de Quesada los estaba invocando, estaba esperando su perdón. Era tan insistente el pedido que, desde el año pasado, sin saber que la estatua iba a ser derribada, empezaron a trabajar en este perdón. Gonzalo Jiménez de Quesada, en la conquista de las tierras de lo que hoy es la sabana de Bogotá, se enfrentó con los muiscas y los torturó. 

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El mortuorio incluyó  un conjunto de rituales por distintos lugares de Bogotá que terminaron con el ascenso de espíritu del conquistador y una sanación como individuos, como pueblo y como territorio. Un camino que los llevó por las localidades de La Candelaria, Santafé y Mártires, donde hay espacios considerados sagrados por su comunidad. Estuvieron acompañados de otros grupos originarios y de personas que quisieron participar de este momento.


“Hay iglesias y lugares que están alineados con puntos sagrados del territorio muisca”, agrega Buntkua Yari Maku, que pertenece a un linaje espiritual de su comunidad y cuenta que estas investigaciones están en la Cátedra de la Memoria Muisca.

Para la comunidad, Gonzalo Jiménez de Quesada no fue el 'fundador' de Bogotá: “Él instauró una ciudad de una colonia europea sobre tierras nativas en un lugar que es el útero del mundo”, sigue.

“La Sierra Nevada es el corazón del mundo, nosotros los muiscas estamos en el útero de la madre tierra, en el páramo más grande del planeta. Es el lugar donde la madre tierra exhala el aliento de vida: el aliento uterino”.

En las  crónicas de la conquista narran que los frailes que llegaron con Jiménez de Quesada vieron la espiritualidad de los indígenas, personas que no sabían ni robar ni mentir.

Y por eso, sostiene el gobernador Buntkua Yari Maku, la genética del conquistador hizo tanto daño. “No solo su parte física. Su respiración contaminó como un covid el territorio muisca. La madre tierra no pudo volver a parir, se perdió la biodiversidad, la cultura del pensamiento, las semillas y saberes. Ellos venían por el oro, que es el óvulo de la madre tierra y que para nosotros es sagrado, por eso, se ponía en tinajas que eran llevadas a las lagunas, para que prevaleciera la vida natural. Hoy luego de esta mortuoria volvemos a respirar en paz”.

Para el mortuorio pidieron en préstamo la estatua al Instituto Distrital de Patrimonio, que la tiene en custoria. 

“Hubo un novenario anticipado y el 20 de junio llegamos al río Bicachá (San Francisco). Con los bastones de mando golpeamos las piedras del río para que el espíritu emergiera y que el agua gobernara”.

Luego de una caminata por distintos lugares del centro de Bogotá, se realizó el ritual. 

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Camilo Ara - IDPC

La estatua fue limpiada por las abuelas muiscas y sahumadoras.

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Camilo Ara - IDPC

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Agua, además, fue lo que llevaron por todos los espacios. "La madre agua  fue la conectora que llevamos por todos los lugares, agua matriz de distintas fuentes naturales del mundo, para calmar dolores y rabias, para sanar y limpiar, para bajar la calentura y recordar que la vida es sagrada", sigue.

De allí pasaron a la iglesia de Las Aguas  y en las afueras hicieron un canto y una danza por la paz universal.

Se hizo un canto muisca "a los padres y madres de la existencia, para convocar el equilibrio, el respeto, la importancia del saber complementarnos desde los opuestos. Y una danza de paz, de una profunda sanación hacia esta historia de dolor y rabia".

El paso siguiente fue la estatua de Policarpa Salavarrieta, donde sanaron su muerte y las de todas las mujeres madres y líderes que han sido asesinadas por la violencia en los últimos 500 años. Y en el Eje ambiental, Héctor Buitrago, de Aterciopelados, hizo un canto al agua, un homenaje a las fuentes como lagunas, cascadas y ríos, entre otros.

“El agua es medicina, es tranquilidad”. El homenaje en este lugar también incluyó la chicha para el río Bicachá, que con los ríos Chiiguatchi (San Agustín) y Futcha “van al río Bogotá, de ahí al Magdalena y luego al mar, para sanar a todo el planeta”.

En el parque de los Periodistas, también en el centro de la ciudad, junto a una estatua de Simón Bolívar, “reconocimos dos aspectos: sanamos y morturiamos a los comunicadores que han sido asesinados en su oficio de contar la verdad. Y en Bolívar, al espíritu masculino que buscando la libertad resultó haciendo una guerra. Sanamos su memoria y todas las de lo masculino que ha sido violentas o violentadas”.

La iglesia de San Francisco fue la siguiente parada. “Alineada con las lagunas de Siecha, cada una representa un reino: animal, vegetal y mineral. El pueblo muisca se ha encargado de cuidarlas para que haya abundancia”.

Buntkua Yari Maku agrega que hay una relación entre esta iglesia y las lagunas y la naturaleza en general, pues san Francisco hablaba con los animales, los defendía, y ellos también han sido abusados, su sangre se ha derramado”.

Ahora, el pueblo muisca espera hacer el entierro de Gonzalo Jiménez de Quesada.

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Camilo Ara - IDPC


El siguiente mortuorio fue en el punto donde mataron a Jorge Eliecer Gaitán, en la carrera 7 con calle 13, “donde sanamos su muerte y recogimos su alma y las de los líderes asesinados, de los jóvenes de la primera línea que han muerto, de los que decidieron salir de la guerra y unirse a la paz y los han matado. Las llevamos a bailar y cantar con nosotros”.

Aún faltaba camino para llegar al mortuorio de "Goxique". En la ruta marcada, siguió la plazoleta de San Victorino, donde se libró en 1813 la batalla de San Victorino o de Bogotá, entre federalistas y centralistas, ganada por estos últimos.

“Se perdió mucha sangre en esa guerra y allí se sigue librando la fuerte guerra del capitalismo, de la plata y el comercio. Lo más importante es entender que la vida no tiene precio”, dice.

En la Plaza de los Mártires recogieron los espíritus de los muertos que han dejado tantas guerras, pues allí, además, mataron a varios de los héroes que lucharon por la independencia, como José María Carbonell, Mercedes Abrego y Jorge Tadeo Lozano, entre otros.

“En el Voto Nacional renovamos el voto por la conciencia. Declaramos la independencia y la de todos los seres. Hemos vuelto al gobierno mayor, de la madre abundancia, de la paz, al autogobierno que asegura paz, que es equitativo, incorrupto. El gobierno de la madre tierra da comida, bienestar. Muchos gobiernos humanos van en contra del bienestar”.

Y en el parque Tercer Milenio ofrendaron plantas de coca, tabaco y otras medicinales, para sanar la combinación que se hace de hierbas con química y que generan tanto daño.

En el lugar donde estaba la iglesia de Santa Inés se sanaron los espíritus de las niñas y en la de San Juan de Dios, conectada con Chingaza, “la heredad genética. Oramos por los enfermos y sanadores”.

Hubo más sanaciones: en la Iglesia de la Veracruz, en la plaza Santander, donde estaba la iglesia del Humilladero, lugar donde los indígenas eran convertidos al catolicismo; en la calle donde están las ventas de esmeraldas, hasta llegar al lugar del mortuorio de Goxique. 

La última estación fue en la Alcaldía de La Candelaria, donde estaba guardada la estatua de "Goxique" y la de Dylan Cruz, que brevemente reemplazó a la de Jiménez de Quesada en la Plazoleta del Rosario. Ese día, la Alcaldía de La Candelaria había organizado una feria con desmovilizados y exguerrilleros, que se unieron al ritual y pidieron perdón.

La limpieza de Jiménez de Quesada se llama recogida del yona. “Le limpiamos los ojos, la nariz, la boca, para ver la verdad del mundo, para que exhale paz, amor, verdad, para que no sigamos exhalando a Gojique, y para que la palabra sea verdad, dulzura, respectivamente”.

También, las abuelas muiscas y las sahumadoras le limpiaron el rostro, la garganta, el corazón, los genitales, las manos y los pies. Le pusieron chicha y pétalos de flores por todo el cuerpo. Lo ungieron con aceites. “Lo lloramos, lo liberamos y nos liberamos, le dijimos que ya se podía ir tranquilo”.

De paso, dice, nos liberaron a todos, incluido al territorio y la nación muisca, “hasta a los políticos. Es hora de hacer una sociedad equitativa, de paz, amor y reconciliación, sin armas, sin guerras. Por eso es importante que hayamos hecho el camino en la forma de la constelación del zorro (Foo), que nos dio una metodología social para asegurar bienestar y buen vivir, en armonía con la naturaleza”.

Cumplieron, desde la ley del pueblo muisca y de la Tierra, como cuenta el gobernador,  la orden del río Biqachá como verdadero gobernador del territorio: “Volver a la luz en medio de la oscuridad. Goxique ha sido sanado y entregado en las estrellas. Su espíritu pidió perdón. Su espíritu fue perdonado".

Ahora les queda pendiente su entierro…

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