Adiós a Santiago García, gran maestro y pilar del teatro colombiano

Adiós a Santiago García, gran maestro y pilar del teatro colombiano

Así recuerdan sus alumnos y amigos el genio y los rasgos como dramaturgo de este ícono del teatro. 

Santiago García

Santiago García en la casona que ha albergado durante décadas el histórico Teatro La Candelaria.

Foto:

Claudia Rubio. Archivo EL TIEMPO

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de marzo 2020 , 07:00 p.m.

César ‘Coco’ Badillo, uno de los actores icónicos del Teatro La Candelaria, siguió a Santiago García desde su natal Bucaramanga, donde lo vio actuando.

“Yo tenía como 15 años y me pareció un gran payaso en la obra Nosotros los comunes. Lo sentí especial y traté de acercarme”, cuenta.

Badillo, impulsado por esa imagen de García, viajó a Bogotá y entró a la Escuela Nacional de Arte Dramático, que el maestro dirigía y donde le empezó a dar clases de actuación.

Así comenzó ese acercamiento, que llevó a Badillo a entrar a trabajar en La Candelaria para poder sostener sus estudios: “Estuve en la taquilla, como ayudante del grupo, en lo que se necesitara, y terminé en la escuela, en el teatro. De eso hace 40 años”.
Es uno de los más adoloridos con la muerte del embajador mundial del teatro, designación que le dio la Unesco en el 2012, ocurrida el lunes 23 de marzo en su casa del barrio La Candelaria, en Bogotá.

Desde hace casi una década, el maestro tenía alzhéimer y se había ido retirando de la vida laboral. Ayer, en horas de la mañana, este gran hombre del teatro, de 91 años, sufrió un infarto y falleció.

“Pero nunca perdió su modo payaso, eso se le quedó, cosas raras de esta enfermedad”, sigue Badillo.

Tampoco había dejado sus ganas de salir a caminar, acompañado de su cuidadora, dos, en el último tiempo, como cuenta Carlos Adolfo González, dueño del espacio cultural Casa de Citas, también en La Candelaria, muy cerca de la casa del maestro.

Entraba a Casa de Citas, sin falta. Lo hizo hasta el pasado 15 de marzo. González cuenta que lo conoció en los 80, cuando este gestor cultural se trasladó al barrio con su esposa y sus dos hijas. “Asistíamos a todos sus estrenos”, dice.

Ese 15 de marzo no se demoró mucho y preguntó lo mismo que preguntaba desde hace tiempo: que qué era eso, que qué hacían allí.

“Yo hice lo de siempre, contestarle sus preguntas y agradecerle su amistad. Antes de irse nos miramos a los ojos y me apretó la mano”, afirma González, quien sintió que era la última vez que lo veía, pues estaba muy pálido y más ausente.

Santiago García se fue tal vez como siempre quiso hacerlo y, como dicen Badillo y González, esta coyuntura por el coronavirus le cayó bien, pues su partida será en silencio. “Él era un creador, esa era su mayor cualidad”, dice el actor.

Nacido en Bogotá el 20 de diciembre de 1928, se desempeñó como actor, director y dramaturgo. Y fue el faro del grupo La Candelaria, donde les enseñó a todos sus colaboradores, incluyendo a Patricia Ariza, quien fue su esposa y más cercana, a seguir adelante siempre.

De hecho, como dice Badillo, luego de una década sin él al frente del grupo, se han montado más de seis obras y está listo un estreno.

Arquitecto de la Universidad Nacional de Bogotá, realizó estudios en la Escuela de Bellas Artes de París y en el Instituto Universitario de Venecia. Igualmente, estuvo en clases con el director de teatro japonés Seki Sano, en 1957, asistió a la Berliner Ensemble en Alemania, la Universidad Carolina de Praga y el Actor’s Studio de Nueva York, entre otros centros.

Pero, especialmente, estuvo creando obras maravillosas que puso en escena, propias y adaptaciones. Y fue el fundador de grupos como El Búho, en 1958. En 1966, con otro equipo de creadores, fundó la Casa de la Cultura, que posteriormente fue La Candelaria.

Su huella fue latente, pues viajó a Cuba, México, Estados Unidos y Costa Rica a dirigir montajes.

Y a enseñar. Fabio Rubiano, codirector del Teatro Petra y dramaturgo, cuenta que él y Marcela Valencia, su coequipera en el Petra, asistieron a varias de sus clases.
“Fueron seis años en el taller permanente de investigación teatral. A él no le interesaba tanto el concepto académico sino la investigación, con un tema cada semestre: la voz, lo universal y lo particular en el arte... El grupo se subdividía en varios equipos y se hacían presentaciones, no clases magistrales, sino ejercicios de montajes sobre lo que se trabajaba”, cuenta Rubiano.

Lo considera, de paso, “el gran maestro del teatro colombiano con Enrique Buenaventura. En mi opinión, Santiago García renovó el concepto teatral nuestro, con mecanismos de construcción propios, desarrolló su técnica con La Candelaria en el sentido de grupo, de desarrollo de pensamiento, y yo desde chiquito lo veía viajando por el mundo, siempre en creación”.

Santiago García renovó el concepto teatral nuestro, con mecanismos de construcción propios, desarrolló su técnica con La Candelaria.

Rubiano alaba, además, su capacidad de renovación. “Decía que uno debía defender una idea radical hasta que cambiara de opinión. Casi que ese era su saludo. Fue de todo: pensador, filósofo, maestro, lo mantenía a uno en movimiento. No saludaba ‘buenos días’ sino ‘¿cuál es su problema fundamental en el concepto dramatúrgico?’ y era obsesivo por el conocimiento”.

Guadalupe años sin cuenta, El paso, Los diez días que estremecieron el mundo, Diálogo del rebusque, entre muchas otras, y la adaptación que hizo del clásico de Miguel de Cervantes, El Quijote, fueron solo algunos de sus montajes a lo largo de más de 50 años de carrera más que productiva.

Guadalupe Años Sin Cuenta

Guadalupe años sin cuenta, una de las obras de teatro más longevas de la historia del teatro colombiano. Fue dirigida por Santiago García.

Foto:

Archivo Teatro La Candelaria

También, Soldados, Persecución y asesinato de Jean Paul Marat, El matrimonio, La trilogía del cuerpo, compuesta por Si el río hablara, Soma Mnemosine y Cuerpos gloriosos. Son más de 71 obras montadas, incluyendo Camilo, sobre la vida de Camilo Torres Restrepo.

Además de Badillo y Patricia Ariza, el maestro trabajó con actores como Miguel Torres, Vicky Hernández, Carlos José Reyes y Francisco Martínez.

Y la casona donde está su teatro, que lleva el nombre del barrio, es un espacio en el que tiene su esencia y que visitó hasta hace muy poco, antes de decir que había que ir a ver a Ariza, cuya Corporación Colombiana de Teatro es muy cercana.

El maestro, además, tuvo dos hijas, Catalina y Rosario, y fue un hombre solidario con sus amigos.

El Quijote, montaje de Teatro La Candelaria

El Quijote, montaje del Teatro La Candelaria, a cargo de Santiago García.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Tras la cercanía que logró con González, de Casa de Citas, este último empezó a participar en los distintos homenajes que se le hacían al maestro y hasta a organizarlos.

“Entonces, en una gran crisis de nuestro espacio, hace algunos años, el maestro, con la aprobación del grupo, nos donó dos funciones de El Quijote, pero su solidaridad y respaldo no terminaron ahí: por dos meses me delegaron la administración de la cafetería de la sala teatral”, comenta.

En Casa de Citas pasó muchas jornadas rumberas, y con mucho orgullo, al final de la fiesta, sacaba su chequera y pagaba su cuenta. Era fanático de Los Cuatro de Belén, grupo musical cubano.

Para Rubiano, por su parte, era fundamental su concepto del teatro popular, “porque para él no tenía por qué ser marginal, todo lo contrario, debía fundamentarse en niveles de construcción importantes”.

Además, durante su vida más activa atendía a todos: periodistas de distintos medios, estudiantes de colegios y de teatro, gente del común. “Es que él estaba en otro lugar, en lo que tenía que hacer”, dice Rubiano.

Badillo agrega que La Candelaria aprendió de él porque “era muy retador, nos ponía retos a los actores, fue juguetón e irreverente, con su payaseo constante”.

Y, especialmente, el maestro le dio a Badillo dos importantes personajes: “El de Quijote y Eucaris, de Manda Patibularia, me dio su confianza”.

Además, le gustaba saber de todo. “Lo último que hizo fue una investigación sobre la física cuántica, duró rato dándole a ese tema y nos hizo varias exposiciones sobre esto. Me gusta haber estado en esas charlas, hoy es un privilegio, porque yo aunque tenía que estar en otras cosas, me quedé y hoy todo eso está en mí”.

La prueba de que Santiago García seguirá en el universo de las ideas y en el corazón de los amantes del teatro es que no solo queda su legado para la humanidad, sino el montaje que, tan pronto cambie la situación en la que estamos, llegará al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, de Bogotá, en una coproducción. Se llama Naira y hará parte del reconocimiento que seguramente se le ofrendará.

“Él se queda en nuestra memoria profundamente. Más, incluso, que sus libros, que no fueron tantos, pero todos muy valiosos. Nos deja su actitud, su hacer, su transparencia con el teatro, su coraje, sus juegos, su irreverencia”, dice Badillo.

El actor agrega que se queda con su grupo y la gente que acompañó. “Patricia Ariza estuvo con él 54 años y juntos hicieron grandes cosas, ella fue fundamental para él, así como el resto del grupo”, sigue.

Santiago García y Patricia Ariza

Santiago García y Patricia Ariza fueron pareja y fundaron juntos el teatro La Candelaria.

Foto:

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

Su gente más cercana estuvo ayer fiel y firme en la mañana, en el final. Dadas las circunstancias, su funeral será privado.

“Soy el guardián de las puertas del universo, pero se me perdió la llavecita”, empezaba una publicación de este diario en el 2016. Era la frase que el maestro decía en alemán con frecuencia y ese año, en la celebración del medio siglo de La Candelaria, García salió a la calle con una nariz de payaso para celebrar. Aún no tan afectado por su enfermedad, se la dijo a varias personas a lo largo de la carrera 7.ª.

“El problema –dice Badillo– es que se llevó esa llavecita”. Le duele, sí, no poder despedirlo en la sala de La Candelaria ni abrazarse con sus compañeros. Pero “para su fortuna, este sabio se fue sin ser consciente de tanto horror. Partió como un niño, inocente”, escribió.

Pero en todo hay algo positivo: “Se fue en su modo payaso, en el que quedó cuando empezó su enfermedad, y eso es lo más valioso”.

Olga Lucía Martínez Ante
Cultura y Entretenimiento
@CulturaET

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