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Beatriz González: la narración visual de la historia trágica del país
AUTOPLAY
El arte político de la maestra Beatriz González, en su muestra retrospectiva
Retrospectiva de la artista Beatriz González

Las cortinas de Turbay, uno de los trabajos más polémicos y recordados de la artistas colombiana.
Cortesía Banco de la República

Beatriz González: la narración visual de la historia trágica del país

La artista es nuestro Goya y nuestro Picasso. El Banco de la República inauguró una retrospectiva.

En Colombia, por fortuna, los matones y los asesinos no saben de arte. Los políticos corruptos, mafiosos, o los que están cuestionados por algún tipo de crimen o abuso de poder, tampoco. El arte no es una de sus prioridades. Los contratos retorcidos o sus operaciones oscuras no les dejan ni un solo segundo para cultivar el gusto por las bellas artes.

El resto del mal, paramilitares, narcotraficantes, guerrilleros y otros criminales de poca monta (siempre son de poca monta), tampoco saben nada. Y también pasan de largo por el Cementerio Central, o les mencionan el nombre de Beatriz González y no se escandalizan ni se sienten ofendidos o atacados. En ningún allanamiento de mansiones o guaridas de asesinos, rateros y otras sanguijuelas de su especie, hay una serigrafía de sus cargadores de muertos, o sus terribles cuadros de cadáveres verdes flotando en el río, o los retratos de las mujeres que han dejado viudas o sin hijos.

No los tienen, no los han quemado y ella no está en su lista de ‘indeseables’. No les estorba.

“En tiempos de Turbay –dice Beatriz González– llamaban de Palacio a preguntar que ‘qué era eso’. Me mandaban ‘tiras’, unos tipos rarísimos, a las exposiciones; pero no más: era su forma de intimidar. No me hicieron salir del país como a Feliza Bursztyn (que atacaron diciendo que sus esculturas de chatarra eran cañones traídos de Cuba y terminó exiliada); o a García Márquez, que también terminó en el exilio. Alguna vez me escribió la viuda de Turbay a decirme que me admiraba mucho porque también era nortesantandereana, pero que me deberían llevar a un juzgado y que su marido había dejado el país como un jet; no más”.

Beatriz González

La artista Beatriz González ha marcado el desarrollo de la plástica nacional.

Foto:

Claudia Rubio. EL TIEMPO

La retrospectiva de Beatriz González en el Museo del Banco de la República tiene todas sus obras maestras y, en una lectura exhaustiva, es una historia de las masacres y los conflictos sociales y políticos de Colombia en las últimas décadas. Sus obras son nuestros 'Fusilamientos del 3 de mayo' y nuestro 'Guernica'. Es eso y mucho más.

La muestra comienza con uno de los grandes hitos de la pintura colombiana de todos los tiempos. Su ‘Manet’ de ocho metros por cuatro, su 'Almuerzo sobre hierba', la obra con la que inicia el recorrido, tiene una belleza apabullante. En tiempos de redes sociales, probablemente, es la obra más fotografiada y compartida en los últimos días de un museo en Colombia. Es un telón que –según me explica la curadora Sigrid Castañeda– salió de la carpa de un circo. “La he expuesto ocho veces”, me dice Beatriz González, “pero en ninguna parte se había visto tan bien”.

Y el recorrido continúa con su ‘Guernica’, y el inicio de su largo camino en la pintura. “Me decían que era buena dibujante, pero no tan buena pintora”. Esas palabras, sin duda, eran un reto. Su maestro era Antonio Roda y, para complacerlo, hizo su propia versión de 'La rendición de Breda', de Velázquez. Y ver la serie es una sorpresa total. Los cuadros no llevan su trazo ni sus colores emblemáticos, pero generan la misma admiración que despertó en 1962. “Roda y Marta Traba estaban encantados”. En esa misma sala están sus ‘Boteros’ (las comillas son mías), una serie de cuadros de niños con la cara inflada, tomada de la de Lyndon Johnson e influenciados por el pintor más poderoso de ese momento: Fernando Botero. Y luego vino un punto de quiebre. El momento en el que Beatriz González se convirtió en Beatriz González.

Me decían que era buena dibujante, pero no tan buena pintora

La maestra se graduó de artes plásticas de los Andes y le ofrecieron quedarse; pero ella prefirió aceptar el taller que le hizo su papá en una casa en Bucaramanga para encontrar su propia voz, sus propios trazos, su propia luz. Y aparecieron 'Los suicidas del Sisga'. La exposición del Banco de la República solo tiene ese pequeño lunar: son tres versiones de la pareja de campesinos que se suicidó para no tener que aceptar el deseo y el sexo porque su relación tenía que ser pura. Prefirieron matarse. La maestra tomó la imagen de la pareja de EL TIEMPO y 'El Espectador' y la reprodujo con sus colores planos y únicos. Fueron tres versiones del cuadro. En Bogotá hay dos, porque no prestaron el tercero –hoy en manos de un coleccionista de los Estados Unidos– debido a la pandemia.

Los suicidas del Sisga, obra de 1965.

Los suicidas del Sisga, obra de 1965.

Foto:

Cortesía de la artista

El recorrido se dispara en ese momento; hay cuadros emblemáticos como el de la 'Reina Isabel', su 'Simón Bolívar' o su 'Antonia Santos'; la maestra primero copió a Velázquez y a Vermeer, pero luego encontró su punto de partida en las láminas populares, las láminas Molinari, y en las fotos de los reporteros gráficos en los periódicos. Esa versatilidad en los temas también se trasladó a los soportes: ¿todo tenía que ser óleo sobre lienzo? Hoy en día los artistas colombianos pintan sobre inodoros o encima de un árbol, pero en su momento, solo ella era capaz de presentar una cama, un tocador o un aguamanil, como una obra de arte. Era la única capaz de tomar una obra de 10 metros y luego trocearla con unas tijeras para vender los pedazos. “El trozo que hay en la exposición es de Santiago Cárdenas. Y las tijeras eran como las tijeras de oro con las que Misael Pastrana vivía inaugurando obras”.

Retó al mundo del arte y luego al establecimiento con una furia única. Las cortinas de Turbay son una bofetada eterna y la foto salió de las páginas sociales del periódico. El entonces presidente tiene un vaso de whisky en la mano y hay una mujer cantando en primer plano. La risa de todos, en la pintura, es de borrachos; hay algo vulgar y repulsivo en toda la escena. Y en su tamaño: las cortinas ocupan toda la sala de exposición. Dicen que fue una noche de excesos. Y era una fiesta en honor de Camacho Leiva, el creador del estatuto de seguridad.

Retrospectiva de la artista Beatriz González

Turbay fue protagonista de varias pinturas de la maestra.

Foto:

Cortesía Banco de la República

Beatriz González pintó el gobierno de esos años hasta el cansancio. Y pintó a Turbay en otra de sus obras más conocidas: la del televisor con la cara del expresidente ocupando toda la pantalla. Belisario Betancur tampoco se salvó de su mirada. En 'Señor presidente, qué honor estar con usted en este momento histórico', aparece de frente con un cadáver sobre una mesa. Pero ese gobierno, justamente, fue un momento de transición para ella. La toma del Palacio de Justicia la alejó del humor, de la ironía y su obra adquirió otro tono. Ya venía la podredumbre.

La sala con sus pinturas de muertos en los ríos es apabullante. Sus obras de los desplazados que caminan con sus pertenencias en la espalda, o las pinturas que presentan las escenas de mujeres que solo pueden llorar por sus hijos muertos o recibir en una caja lo que queda de ellos, simplemente son aterradoras y abrumadoras. En esas obras logra pintar el duelo de todo un país. En una sala alterna están sus archivos, sus recortes de periódico de las últimas décadas. En uno de esos recortes veo el origen de sus 'Auras anónimas': hay una foto de unos hombres que cargan un muerto en una sábana con un palo en el hombro. La maestra cubrió los nichos de 8.975 tumbas de los columbarios del Cementerio Central con la silueta de esas imágenes y una foto en alta resolución de esa instalación es el fin de la exposición.

Pero, por supuesto, no es el fin de su obra. “Ahora estoy trabajando en unas pinturas de las tumbas de Dabeiba”, me dice. “Las voy a presentar en Casas Riegner y luego van a Zúrich”. Otro capítulo de su pintura; otro capítulo de nuestra tragedia.

Ahora estoy trabajando en unas pinturas de las tumbas de Dabeiba. Las voy a presentar en Casas Riegner y luego van a Zúrich

La retrospectiva, por cuenta de la pandemia, no tiene filas, pero vale la pena correr el riesgo. No lo duden. Para ir a la exposición vaya a: www.banrepcultural.org/exposiciones/beatriz-gonzalez-una-retrospectiva

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FERNANDO GÓMEZ ECHEVERRI
Editor de Cultura
En Twitter: @LaFeriaDelArte

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