El emotivo homenaje de Antonio Caro a Jaime Ávila

El emotivo homenaje de Antonio Caro a Jaime Ávila

El artista plástico colombiano habla del legado de Jaime Ávila, de su obra innovadora e irreverente.

Artista plástico Jaime Ávila

El artista plástico Jaime Ávila murió el pasado 30 de octubre, víctima de un cáncer.

Foto:

Carlos Ortega. Archivo EL TIEMPO

Por: Antonio Caro*
20 de noviembre 2020 , 08:41 p. m.

Más allá de mis sentimientos, más allá de sus cualidades personales, quiero manifestar los pensamientos que me produce la muerte temprana de Jaime Ávila.
Desde su inicio como artista, con su formación de ingeniero, Jaime Ávila definió una producción singular, totalmente ajena a los modelos académicos y a las modas del momento.

Su capacidad comercial –tuvo una muy famosa boutique en Zipaquirá– le brindó una independencia económica que le permitió mantenerse apartado de los espejismos y veleidades del mercado del arte. Mercado que hoy en día seduce y hace sucumbir a tanto joven con pretensiones de artista.

(Le sugerimos: Murió el gran artista plástico Jaime Ávila)

Además, su talento para el diseño gráfico –hizo importantes trabajos para entidades tan rigurosas como la Policía Nacional– lo mantuvo alejado durante los años de la consolidación de su obra de los caprichos y vaivenes de las galerías.

Su inicio fue alegre y juguetón, recuerdo los bombillitos de los camiones de sus primeros cuadros. Luego de esa primera fase lúdica llega con sus trabajos, con referencia a las mitologías de Star Wars, a su trascendente epifanía: su capacidad mediática. Es decir, su certera, innata e increíble percepción del medio y del momento.
Alejado, arisco, huraño de los ámbitos artísticos, su capacidad social se reflejó en un interesante trabajo en las cárceles bogotanas, realizado en compañía de Penélope Richardson, una artista australiana que se enamoró de Bogotá.

Talento pirata’, del artista Jaime Ávila.

Talento pirata’, serie de obras del artista Jaime Ávila.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Ajeno a las discusiones, poses y teorías, con su obra incide de manera incisiva en el pensamiento, la política y la problemática social. Recordemos su afeitado y muy peluqueado ‘Che’ que anulaba con desparpajo todos los clichés de la izquierda y las apropiaciones de la derecha. Y por si eso fuera poco, está su demoledor escrito, fruto de su convivencia con un artista africano negro, en el cual, con pocas y sencillas palabras y con toda la fuerza de un manifiesto político, nos demostró a los colombianos que pese a todas nuestras aspiraciones, convicciones y pretensiones, solo logramos ser un vergonzoso ‘cuarto mundo’.

Sus sucesivos ciclos de producción nunca repetidos, siempre vigentes en cuanto a su discurso, siempre novedosos en cuanto a los soportes, soportes tratados con un rigor profesional extremo, eran siempre sorpresivos y, a la vez, de una contundencia total.
Queda para algún afortunado la difícil y grata tarea de reseñar su obra y de ubicarlo a él como un verdadero adalid del arte contemporáneo en Colombia. Y para nosotros, sus fans y para la cultura colombiana, el gran vacío de la ausencia de sus futuras obras, pues quiso la muerte llevarse a un gran artista apenas llegando a la plenitud de su madurez creativa.

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ANTONIO CARO
​Especial para EL TIEMPO

*Artista plástico

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