Secciones
Síguenos en:
Cuadros vivos: una historia de belleza, arte y pueblo
Rastro de tu sangre

‘El rastro de tu sangre’, basado en el cuento homónimo de García Márquez, es una de las obras representativas de los cuadros vivos.

Foto:

OLGA LUCÍA JORDÁN

Cuadros vivos: una historia de belleza, arte y pueblo

La puesta en escena es candidata a Patrimonio Inmaterial Cultural de la Humanidad de la Unesco.

A las 6:45 p. m. del 5 de enero de 2019, en una diáfana tarde galerana, entramos a la Calle Real, una vía principal de casas bien tenidas que no se podían apreciar por la multitud que se agolpaba ante cada uno de los 32 cuadros vivos que la ‘vestían’. Carmen Inés Vásquez, a la sazón ministra de Cultura, sorprendida y feliz, fue adentrándose en el bullicio, conversando con los creadores y artistas, hablando con las gentes que la rodeaban, intentando conversar con los actores, que no abandonaban su lugar en la escena, pero respondían con la sonrisa amable de la bienvenida.

El primer cuadro fue La sequía, representada en un viejo agricultor que no encuentra donde refugiarse del sol despiadado que ha resecado y rajado su parcela, y se sienta solitario bajo un árbol de hojas marchitas, con el rostro surcado por los años y por las lágrimas, que le brotan cuando no puede ver siquiera un tallo de yuca que despunta. La sequía tiene la fuerza expresiva de la Grieta, de Doris Salcedo. Es el retrato del campesino colombiano que encara a un mundo que lo ignora.

A pocos pasos, observamos un cuadro que es, al mismo tiempo, denuncia y poesía: Que liberen mi canto, se oye el trino de un pajarillo que bate sus alas buscando el aire de su libertad. Es el planeta amenazado por el cambio climático buscando el aire que asegure la presencia del hombre sobre la tierra.

(Puede interesarle: Pueblo, protestas, revoluciones y grandes obras de arte)

Se suceden dos escenificaciones: El rastro de tu sangre…, una linda muchacha yace sobre un campo de nieve y sus gotas de sangre se convierten en pétalos rojos que lo cubren todo, hasta su cuerpo que languidece. Al lado, El viaje de ganado: son homenajes a Gabito y a la costumbre comarcal de trasladar en el verano las reses sedientas hacia los humedales de La Mojana. En esta ocasión, los vaqueros, con sus cantos legendarios, arreaban afanosos el ganado para llegar a ver al papa, quien había anunciado que asistiría al entierro fabuloso de la Mama Grande.

Más adelante, entre cultivos ilícitos, se levanta un árbol de selva que llora sangre ante cada golpe del hacha ‘ecocida’. Tiene el significado totalizador de la tragedia nacional de coca, deforestación, violencia y muerte. En el centro de la calle, nos impacta un crucifijo que parece llegado del Renacimiento y que habla del origen religioso de la manifestación. Fue captado por la cámara-arte de Olga Lucía Jordán: Jesús de Nazaret, en los momentos finales de su sacrificio, extiende su brazo derecho sobre los hombros de un muchacho armado, y exclama: “Deja tus armas y ven a mí”. Es la protesta tajante contra la guerra que se niega a desaparecer de nuestro suelo.

Ahora, una cosa es atreverse a describir los cuadros e interpretar sus mensajes y otra es intentar describir el encanto y la alegría de las ‘calles vestidas’. Es que en ellas se dan cita todas las musas de las artes. Hay cuadros que son como esculturas antiguas cinceladas en el mármol de Carrara, los hay que parecen pinturas modernas, y otros son tan refrescantes como el arte primitivista de Marcial Alegría. Se pueden ver, también, estampas costumbristas, que le cantan a las usanzas campesinas. Te atrae un cuadro de danzas contemporáneas o puedes contemplar el comienzo de un ballet.

(Lea también: Una poderosa y desoladora reflexión sobre ser inmigrante)

Hay como retratos de Macondo, que parecen extraídos de la cámara de Leo Matiz. Siguiendo la multitud, nos tropezamos con el teatro callejero, la pantomima y hasta con teatro del absurdo, propio de un país que a pesar de las dificultades crece, prospera y sigue buscando la felicidad. Sí, es un ambiente mágico en el que se funden los artistas, los creadores, los actores, los espectadores, la calle, las fachadas de las casas, los árboles frondosos, el corral del patio.

Los cuadros vivos son esencialmente una creación comunitaria difícil de explicar y más difícil de entender si no se ha gozado de esas tardes-noches de ensueño.

Todo se funde y se confunde en miniescenarios de prodigio que demoran, colgados de las estrellas y la luna, solo 90 minutos. Así de fugaz y bello es el arte de mi tierra.

Al final, los sones ancestrales de la gaita llaman a la cumbia. En su rueda de velas encendidas se entrelazan las caderas de amor de las muchachas con el piropo del enamorado que barre el piso de su bailadora con el sombrero que nos legaron los zenúes. En el descanso de los tambores se oye el canto decimero de Nacho Luna. A todo ese mundo de belleza, arte y pueblo lo visitan cada tarde-noche más de mil personas que van, vienen, regresan, en tal frenesí que le hizo titular a una joven periodista sincelejana “El teatro al aire libre más grande del mundo”.

Presiento que, en este momento de su lectura, el editor de EL TIEMPO que lea esta nota me pedirá nombres de los protagonistas de semejante maravilla. Entonces, empezamos a ser injustos. Los cuadros vivos de Galeras son esencialmente una creación comunitaria difícil de explicar y más difícil de entender si no se ha gozado de esas tardes-noches de ensueño.

Algunos creadores sobresalen unos años, para después confundirse en la creatividad colectiva. Pero, sí, hay nombres reconocidos por su lucha tenaz en cultivar y hacer conocer nuestro ya mítico quehacer artístico: Samuel Jaraba, Ciro Iriarte, Éver Ucrós, Antonio Suárez, Tere Navarro, Lucas León Díaz, Enrique Mercado, Otti Hernández, Francisco Salgado, Francisco Ramírez, Tatiana Narváez, Toñito Herrera, Rodrigo Banquez, Amparo Jiménez, Hugo Lastre, Alfonso Lezama, Rita Mendoza, Celene Miranda, Nicolás Marrugo, Tobías Bohórquez. Hay otros muchos olvidados por mi pluma.

El ambiente alucinante y feliz de la fiesta galerana contagió a la ministra Vásquez, como antes a Mariana Garcés y a María Claudia López, quienes lograron que los cuadros vivos fueran declarados patrimonio cultural inmaterial de Colombia, en 2014.

Ahora, dos altas funcionarias del Ministerio de Cultura, Ana María González y Wendy Pérez, llamaron a comienzos de este año a notificar a los galeranos que tenían 30 días para llenar formularios, redactar documentos, tomar fotos de alta resolución, grabar videos de alta calidad, montar cuadros, activar el Plan Especial de Salvaguardia y comprometer a la comunidad. Se trataba de cumplir con las exigencias de la Unesco.

(Podría interesarle: ¿Por qué Jiménez de Quesada es persona non grata para los misak?)

Fue un reto descomunal para la precaria organización del Festival de la Algarroba, marco oficial de los cuadros vivos. Lo cierto es que todas las falencias se superaron por la pasión de un grupo de jóvenes profesionales, técnicos y expertos, convocados por el alcalde, José I. Hernández; el secretario de Cultura, Remberto Castro, y por la Institución Educativa de Galeras (Inega).

Se idearon, entre otros recursos, un buzón naranja para que todos los habitantes del municipio firmaran y enviaran una carta a la Unesco. La apropiación social del quehacer tradicional es tal, que la fila para firmar era interminable. Empezó en el parque ecológico El Pelinkú, siguió por las calles de las tejedoras de esteras y hamacas, continuó por los caminos sembrados de algarrobos, pasó por los cultivos de yuca y arroz, calmó la sed con el trago de ron de los viejos alambiques de Pueblo Nuevo, pasó por las fincas ganaderas y llegó a la Ciénaga Azul de Puerto Franco, en cuyas aguas albeaban los peces anunciando que firmarían la carta de una sola frase: “Soy Cuadro Vivo”.

El 17 de marzo pasado, la Comisión Intersectorial Nacional de Patrimonio Mundial autorizó al Ministerio de Cultura postular los cuadros vivos de Galeras ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, como candidatos a ser incluidos en la Lista Representativa del Patrimonio Inmaterial Cultural de la Humanidad. Así lo presentí, lo soñé y lo escribí en estas mismas páginas en 2014.

A la espera de la decisión, puedo escribir con alegría inmensa que los cuadros vivos de Galeras caminan ya con sus pies alados por el firmamento del arte universal.

CARLOS MARTÍNEZ SIMAHAN
Especial para El Tiempo

ACCEDE A CONTENIDO EXCLUSIVO PARA SUSCRIPTORES

No te quedes solo con esta información.
Lee, explora y profundiza más.
¡Suscríbete ya!

COP $ 900 / MES *
Ya soy suscriptor digital

Si ya eres suscriptor del impreso, actívate

Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.