‘Poner el arte en la calle es un ejercicio de democracia’

‘Poner el arte en la calle es un ejercicio de democracia’

Beatriz González vuelve a Bogotá con una exposición en la Galería Casas Riegner.

AUTOPLAY
Beatriz GonzálezLa artista presenta una exposición de pinturas y dibujos en la Galería Casas Riegner y con una intervención en la que pegará carteles de dos obras suyas en varios muros de la ciudad.
La artista colombiana Beatriz González nació en Bucaramanga.

Claudia Rubio. EL TIEMPO

Por: Armando Neira
19 de marzo 2019 , 02:12 p.m.

Además de ser una de las artistas contemporáneas más grandes, Beatriz González (Bucaramanga, 1938) es una coleccionista incansable: cada mañana toma los periódicos del día y, con tijera en mano, recorta delicadamente las fotografías que acompañan las noticias.

Aquellas imágenes que la mayoría pasa en segundos y que al atardecer empiezan a coger el inevitable tono cetrino de periódico viejo, son guardadas por ella como si tratara de la última reliquia. “Creo que así lo he hecho desde siempre”, dice emotiva.
Lo que sí conserva en su prodigiosa memoria es el impacto de cada imagen en esta avalancha de noticias. ¿Cómo iba a olvidar, por ejemplo, los rostros de los sobrevivientes de las masacres de los paramilitares en Barrancabermeja? ¿O la soledad de quienes, tras la fuga de los asesinos del puerto sobre el río Magdalena, retornaban a sepultar a sus seres queridos? “En ocasiones, ni siquiera hallaron el cadáver, por lo que en los ataúdes pusieron una foto de su ser amado para sepultarlo simbólicamente”, relata.

De vez en cuando, la artista sacaba tiempo y volvía a ver en papel los recortes. En esas estaba cuando reflexionó sobre cómo la cambió su percepción de los elementos que nos rodean. “Cuando era niña repetía los cuatro elementos con la inocencia de esa edad: agua, tierra, fuego y aire”.

“Ahora, le dice a EL TIEMPO, pienso en el dolor, el sufrimiento que guarda cada elemento”. ¿Cómo se entreteje la tragedia humana con la naturaleza?, era un interrogante que le causaba insomnio. En búsqueda de la respuesta tomó lienzos y pinceles y realizó varios dibujos y pinturas que desde mañana se exhibirán en la Galería Casas Riegner, al norte de Bogotá.

Volver a casa

Ya que regresaba a mostrar su trabajo a la capital, ¿por qué no aprovechar y hacerlo con un hecho adicional a la exposición? Con su incombustible capacidad de trabajo decidió repetir una tarea que realizó en 1983: poner carteles suyos en los muros al aire libre, sacar el arte a las calles.

“El arte ha cambiado tanto, cada día más, así que decidí ponerlo en la calle”, sentencia. ¿Por qué? “Soy una santandereana radical y demócrata, me interesa que cualquier persona pueda contemplar mi trabajo. Llevarlo a la calle es un ejercicio de democracia”, afirma. “La gente hace allí sonidos, presentaciones, intervenciones, en un arte más participativo”.

Así lo hará este miércoles, en tres barrios: La Candelaria, La Macarena y Quinta Camacho. A diferencia de hace 36 años cuando tomó varios carteles sin que pocos advirtieran semejante suceso, ahora lo cuenta porque quiere que su reencuentro con la ciudad sea integral. “No me he ido, pero he estado exponiendo tanto tiempo fuera del país que parecía una ausencia”, explica.

EL TIEMPO la acompañó a la revisión de los carteles. Retomó el formato de sus aclamados Zócalo de la tragedia y Zócalo de la comedia (1983), y realizó una nueva serie que, según ella, exploran el duelo. Son dos imágenes de sendas mujeres, vestidas de rojo, pelo negro y rostros de dolor. En el comunicado que invita a la exposición se anuncia que se trata de dos “mujeres esperando noticias de sus seres queridos” y que “impresos sobre papel periódico, serán dispuestos en distintas calles de Bogotá, rindiendo homenaje a las mujeres dolientes de Colombia que a diario padecen perdidas por situaciones de violencia o catástrofes naturales”.

Este ejercicio forma parte de una misma línea de acción que ella ya llevó a las calles de Berlín y que pronto replicará en Zúrich. En Alemania muchos de los transeúntes, obvio, aprovecharon para arrancar los carteles y llevárselos. “A mí me daba mucha risa”, recuerda emocionada.

No sabe cómo será la reacción en la ciudad en donde ha pasado la mayor parte de su vida. Lo que sí espera es que mediten sobre el momento histórico que se vive en el país. “Es algo inédito: ahora está en todas partes, son los días de duelo y Colombia no va a tener paz si no hay duelo”. Para ella se trata de una fase que nos acerca. “Claro que estamos en una polarización que parece que nos fractura, pero en el fondo a todos nos une el enorme duelo que nos dejó la violencia que muy lentamente está quedando atrás”.

Por eso, ella cree que hoy en la agenda pública hay otros temas distintos a la guerra. Eso se refleja en su exposición bautizada Paisajes Nacionales. Además de la ya mencionada tierra de Barrancabermeja, está el fuego representado por una maloca que se quema en la Sierra Nevada de Santa Marta. “Me estremece pensar cómo ese espacio tan sobrecogedor era devorado por las llamas”.

Aire es la contaminación del ambiente causado por la explotación carbonífera en La Guajira. “Cualquiera que vaya allá, verá ese mar grandioso, esos cielos maravillosos, pero sin un horizonte limpio. El carbón está en todas partes”, dice.

Y agua, que tomó de una imagen de las inundaciones en el Valle del Cauca. “Es impresionante haber visto a esas familias cómo de la noche a la mañana lo perdieron todo, cómo la lluvia arrastró con sus humildes pertenencias”.

En estos dramas ella encuentra siempre el rostro de una mujer que sufre, pero que se levanta entre la adversidad. El impacto para el espectador que vea su obra será mayor si tiene en cuenta que “todo lo expuesto aquí lo he visto, todo ha estado en los periódicos”, concluye.

ARMANDO NEIRA
Editor de Cultura de EL TIEMPO

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