Expresiones culturales en tiempos de confinamiento

Expresiones culturales en tiempos de confinamiento

Tras la cancelación de eventos culturales por la pandemia, el sector ha tratado de reinventarse.

Arte en coronavirus

La decisión de que las librerías sean uno de los primeros espacios que se abrirán al público en Italia y España luego del confinamiento ha generado algunas polémicas.

Foto:

Franck Fife. AFP

Por: Germán Rey 
29 de abril 2020 , 10:16 p.m.

Al comienzo del Decamerón, Giovanni Boccaccio explicó que el origen de su obra fue “el doloroso recuerdo de aquella pestífera mortandad, universalmente funesta y digna de llanto para todos los que la vivieron”.

Pero junto a las desdichas de la epidemia escribió también que “el gozar y el beber mucho y el andar solazándose, y el satisfacer todos los apetitos que se pudiese, y el reírse y burlarse, era medicina infalible contra el mal”.

Porque la pandemia no es solo un gravísimo problema de salud, sino también un fenómeno cultural de enormes proporciones. Ha modificado de manera radical las formas habituales de vida, las rutinas cotidianas y las relaciones con el entorno.

Como también las maneras de entretenerse, de acceder a la información y de recrear el tiempo y el espacio del confinamiento.

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Muchos sectores de la cultura, comenzando inclusive por los más fuertes y extendidos industrialmente, como la música, la industria editorial y las producciones audiovisuales, han sido golpeados dramáticamente por la pandemia.

En efecto, los espectáculos públicos fueron los primeros en salir y serán seguramente los últimos en retornar. Inclusive, en Italia y España han surgido polémicas tras la iniciativa de sus gobiernos de convertir las librerías en uno de los primeros espacios que se abrirán al público tras el confinamiento.

Además de los requerimientos de seguridad (gel, mascarilla, distancia y guantes), temen la pérdida de los alivios económicos aprobados frente a la seguramente lenta reacción de las ventas. El primer libro vendido después de la cuarentena en la famosa librería Toletta de Venecia fue la Divina comedia, el regalo de una abuela a su nieto.

Un bosque de iniciativas

La pandemia no solo ha golpeado todos los eslabones de la cadena de valor, sino todas las expresiones culturales, desde las más pequeñas e informales hasta las más sofisticadas y estables.

Pero junto a este panorama de desdicha es muy interesante explorar la gran cantidad de realizaciones culturales que se están generando en el país en los tiempos de la pandemia. Desde el programa ‘Adopta una librería’, la ‘Cuarentena musical’ o los ‘Conciertos telemíticos’ hasta ‘Retratos en tiempos de cuarentena’, ‘Cazavideos’, ‘Historias en cuarentena’, ‘La gira se queda en casa’, el ‘Festival desde el sofá’ o la exposición virtual ‘No es la peste’.

Una primera característica de todas estas expresiones culturales emergentes es su virtualización. Ya no son los teatros, los estadios o los museos los que acogen las presentaciones musicales, las películas o las muestras de arte, sino Instagram, Google o Facebook.

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La pandemia está acelerando los proyectos virtuales de las instituciones y experiencias culturales que habían comenzado hace años, como la digitalización de las bibliotecas, las visitas virtuales de los museos o las plataformas online de cine y música. En la industria de la música el liderazgo comercial lo tienen hace tiempo las estrategias de streaming, y Netflix ha sido clave para la difusión del audiovisual.

En las mediciones nacionales sobre acceso a internet en el mes de marzo se constató un considerable incremento del 37 por ciento que, como muestran estudios realizados en tiempos normales, se orienta especialmente hacia el entretenimiento, la información y el encuentro.

Pero, más que la hegemonía virtual, lo que existirá en los próximos años será una necesaria convivencia entre los modos tradicionales de circulación cultural y los nuevos soportes tecnológicos. Las tecnologías siempre han propuesto nuevas áreas de las artes y la cultura. Por ello, en la pospandemia se encontrarán relaciones aún más creativas entre ambos mundos.

Una segunda característica es la gran diversidad de las nuevas realizaciones en tiempos de pandemia: fotográficas, radiales, electrónicas, de artes visuales, museográficas, teatrales y relacionadas con la lectura.

La mayoría de experiencias han sido gratuitas, lo que se opone al afán obsesivo y monetizador de la cultura, que algunos ven como un salvavidas de ilusión.

Han aparecido pódcast independientes, fotografías tomadas con celular en las casas, emisoras como Pandemia Estéreo, plataformas digitales-magazín como La Ración (Medellín), exposiciones virtuales, formas del desconectado musical en redes sociales, grabaciones de grandes orquestas hechas desde las casas de sus músicos.

También hay seminarios web, clubes digitales de lectura, obras de teatro para pequeñas audiencias conectadas, circulación frenética de memes sobre la pandemia a través de WhatsApp, muestras de arte con realidad aumentada, bibliotecas digitales como la de El Libro Total en Bucaramanga, filminutos, festivales desde el sofá, educación artística virtual, redes de conversación, trabajos interactivos internacionales en las artes, bancos de información cultural de acceso público, portales de patrimonio intangible como Maguaré, del Ministerio de Cultura.

Lo que existirá en los próximos años será una necesaria convivencia entre los modos tradicionales de circulación cultural y los nuevos soportes tecnológicos

Un bosque maravilloso de iniciativas culturales cooperativas que, inclusive, ya tienen sus propios archivos digitales.

La música ha mostrado una gran flexibilidad y lo audiovisual, una condición de adaptación originaria. La cantante española Amaral lo definió perfectamente cuando, al cantar en el Yo Me Quedo en Casa Festival, dijo: “Qué sensación más extraña. Canto estas canciones desde el sofá en que las compuse”.

Esta relación entre intimidad creativa e interpretación pública ha estado presente en los conciertos de las orquestas filarmónicas y sinfónicas colombianas, así como en ‘No te vayas de tu casa’, de Carlos Vives; ‘La gira se queda en casa’, de Alejandro Sanz y Juanes; ‘Transmitiendo en vivo’, de Fonseca, y el ‘Concierto en casa’, de Andrés Cepeda. Pero también en la Fundación Batuta con sus sesiones virtuales de actividades pedagógicas musicales.

De públicos a creadores

Una tercera característica de la creatividad en el confinamiento es la promoción de formas de participación que van más allá de lo que se conocía habitualmente como ‘audiencias’. Son producciones que generan públicos que se pueden comunicar e interactuar entre sí, como sucede con la invitación de la Asistencia para la Creación Artística de la Universidad Javeriana a construir un espacio para sentir, imaginar y pensar a partir de testimonios la situación de aislamiento, a través de imágenes, crónicas, ensayos, videos y otras formas expresivas.

El estupendo Covid Art Museum se presenta en Instagram como el primer museo nacido durante la cuarentena y el Covid Latam, como un reporte fotográfico colectivo sobre el avance del coronavirus en Latinoamérica (9 fotógrafos + 9 fotógrafas + un virus).

En la exposición virtual ‘No es la peste’, promovida por el Museo de Bogotá sobre la epidemia de gripa en 1918, se puede participar a partir de los documentos del pasado y encontrar relaciones con la cuarentena actual.

‘Cantemos juntos’, una iniciativa de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y Bancolombia, tiene el “propósito de levantar el ánimo, brindar un espacio con familiares y amigos y reiterar la importancia de promover la unidad para salir adelante como país”.

Se trata de hacer vídeos caseros del ensamble virtual de ‘Soy colombiano’. La Cinemateca de Bogotá junto con Smartfilms promocionan el taller de filminuto en casa, para estimular realizaciones visuales con dispositivos móviles.

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Plataforma Bogotá, el Laboratorio de Arte, Ciencia y Tecnología del Idartes, desde hace años una de las propuestas culturales más importantes en este campo en el país, promueve el taller virtual para experimentar con técnicas analógicas y digitales del collage, el dedicado al Aprendizaje de máquinas con Wekinator, la Hacktividad para realizar amplificaciones microscópicas a partir de materiales muy accesibles y los laboratorios virtuales de poesía y código y de estéticas disidentes y creación sonora con Super Collider y Pure Data.

Todas, experiencias digitales y colaborativas que promueven la creación y el intercambio con tecnologías, impulsadas por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá.

Cultura confinada o cultura pública

Una cuarta característica es el fortalecimiento de la apropiación cultural en el espacio doméstico, como ya venía sucediendo hace años con la radio, la televisión y mucho más activamente ahora con el computador, internet, las redes sociales y la telefonía celular.

También aquí se producirá una interacción cada vez más imaginativa y moldeable entre el espacio público y el privado, desarrollada por instituciones como el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo con su Teatro Digital, el Fotomuseo con sus concursos de retratos familiares.

La Biblioteca Nacional o la Luis Ángel Arango con sus bibliotecas digitales y la Biblioteca Pública Piloto de Medellín con su oferta múltiple de audios, recorridos virtuales, fondo fotográfico, videos y sitios web infantiles.

Mientras que algunas manifestaciones culturales son originalmente virtuales, algunas más tradicionales e inclusive milenarias, como la lectura o la pintura, hacen interesantes experimentos digitales. ‘#Adopta una librería’ y la ‘Filbo virtual’ son dos iniciativas de la Cámara Colombiana del Libro.

La primera busca que 47 librerías puedan transitar las tremendas penurias económicas que les abrió la cuarentena y la segunda, convertir un acontecimiento cultural presencial en un evento virtual que, en palabras de sus promotores, “aplane la curva” de pérdidas del sector.

Toda esta ebullición cultural en época de penurias deja abiertas muchas preguntas, todas ellas conectadas con el futuro de la creatividad y las artes en la vida de las sociedades: su permanencia o su carácter efímero y circunstancial, los nuevos caminos de la cultura presencial y sus vínculos cada día más sugerentes con el nuevo entorno tecnológico, la combinación creadora entre lo público y lo privado o los encuentros y desencuentros entre la contemplación íntima y el entretenimiento.

Pero, como lo han hecho los seres humanos desde que pintaron las cuevas de Lascaux o los preciosos murales del Chiribiquete, el arte y la cultura nos proponen reflexiones fundamentales, revelaciones en profundidad.

Y enseñan, como escribió Boccaccio en medio de la peste, que “así como el final de la alegría suele ser el dolor, las miserias se terminan con el gozo que las sigue”.

GERMÁN REY
Especial para EL TIEMPO

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