El fotógrafo de la nostalgia plasma 50 años en un libro

El fotógrafo de la nostalgia plasma 50 años en un libro

Llamado el fotógrafo de la nostalgia, Armando Matiz fue formado durante años por Leo, su hermano.

Armando Matiz

Pesca en la Ciénaga Grande del Magdalena.

Foto:

Libro Armando Matiz Fotografía

Por: Plinio Apuleyo Mendoza
02 de septiembre 2018 , 10:00 p.m.

Leo Matiz, el más famoso fotógrafo colombiano, murió hace veinte años en octubre de 1998. Sus fotografías se han exhibido en países tan remotos como la China, después de haber ocupado los grandes museos de México, Nueva York, París y otras capitales europeas.

Ahora nos hace sentir sus huellas el más cercano de sus discípulos: Armando Matiz, su hermano, quien se formó a su lado. Aunque se dio a conocer como un dinámico reportero gráfico que con desprecio de su propia vida cubrió el incendio de EL TIEMPO y 'El Espectador', la caída de Rojas Pinilla, la de Pérez Jiménez en Venezuela, y sobresalientes acontecimientos en Panamá, Colombia y Ecuador, ahora nos descubre en su libro las intimidades de nuestro mundo rural. Caballos, estepas, montañas cubiertas de nieve, selvas, ignorados paisajes marinos, dunas, tristes o alegres parejas campesinas, todo ello con un contraste de luces y sombras. Su obra exhibida hoy en Bogotá muestra la mano de un poeta llamado por EL TIEMPO "el fotógrafo de la nostalgia".

¿De dónde nació su pasión por la fotografía?

Yo era muy apegado a Leo, mi hermano consentido y siempre quería estar a su lado. Fui su asistente, cargaba sus maletas, preparaba químicos fotográficos, le ayudaba en el laboratorio. Leo, nacido en Aracataca me llevaba 17 años. Con él me inicié, con él aprendí, cometí errores y me gané regaños, pero a pesar de ellos nuestra relación era muy buena. En Venezuela, donde lo acompañé, empezamos a distanciarnos un poco porque yo quería ya obtener el crédito de mis fotos.

¿Qué aprendió de Leo?

A demás de la parte técnica, del uso del 'flash', de determinado encuadre de las imágenes, me enseñó a tener paciencia para lograr una buena foto. A veces uno ve una imagen y no la puede captar en aquel momento, pero le queda a uno la intuición de que puede ser buena. Es una cuestión de paciencia. Leo fue mi mayor influencia, mi escuela. Todo lo que aprendí de fotografía se lo debo a él.

¿Cuál fue su primer desempeño como fotógrafo?

Yo tengo dos momentos que produjeron mis primeras fotos. La primera que yo tomé, por iniciativa de Leo, fue nada menos que a Fernando Botero cuando estaba haciendo su primera exposición en Bogotá en la galería de mi hermano. Leo necesitaba una foto de él con Fernando. Me graduó la cámara y yo cumplí con mi tarea. Para mí era una época muy bonita. Luego por iniciativa mía y a escondidas de Leo, cogí una cámara para hacer las fotos que yo quería. Me fui para Fusa, que era nuestro veraneadero de los fines de semana, para hacer fotos de la plaza de mercado y de las calles del pueblo, mientras él cubría en Barranquilla el reinado de Miriam Sojo Zambrano. Era el año 49, yo tenía solo 17 o 18 años.

¿Cuál fue su primer oficio como fotógrafo independiente?

En 'El Espectador', donde fui contratado por Guillermo Cano y el Mono Salgar como reportero gráfico. Cuando Rojas Pinilla cerró el periódico, trabajé en 'El Independiente' con Alberto Lleras. También trabajé una temporada en 'Semana' con Alberto Zalamea.

¿Qué otros países ha visitado como fotógrafo?


Estuve una temporada en Venezuela con Leo y con Plinio Mendoza Neira. En el diario 'La Esfera' hicimos el suplemento gráfico llamado 'Caraqueñas en Flor'. También recibí encargos para una revista de las Fuerzas Armadas venezolanas. Por cierto, gracias a esto le pude hacer muchas fotos a Pérez Jiménez. También cuando cayó.
Posteriormente estuve en Panamá cubriendo los Juegos Americanos. Trabajé además en Prensa Latina con Gabito y Plinio Apuleyo Mendoza.

¿Qué acontecimientos históricos ha captado con el lente de su cámara?

La primera vez que hice reportería grafica fue porque me llamó Pepe Font Castro y me dijo imagínese que están quemando EL TIEMPO y 'El Espectador'. Como estaba en la galería de Leo que quedaba a la vuelta de la esquina, cogí una cámara Speed Graphic y me fui a hacer fotos. Me cayeron entonces unos miembros del DAS. Me quitaron la cámara y me dieron garrote. Eso me valió un gran regaño de Leo. He cubierto también la caída de Pérez Jiménez, la visita de Allende, la visita que hizo la Princesa Ana al Ecuador por encargo de la UPI (United Press International) dirigida por Carlos Villar Borda. También debí cubrir la visita del Papa Juan Pablo II a Colombia. He estado muy metido en las campañas políticas. Fui fotógrafo en la campaña de Carlos Lleras y en la de López Michelsen. Por cierto, la foto de él en la serie de los billetes nuevos de veinte mil pesos es mía. Ni el crédito me dieron. Fui más tarde el fotógrafo de Virgilio Barco. Tanto en su candidatura presidencial como en la administración de Bogotá. Acompañé también a Galán.

¿Cuáles han sido sus temas preferidos en la fotografía?


El paisaje, la naturaleza, la parte humana. Una de las cosas que yo aprendí de Leo fue a captar las expresiones de la gente y las imágenes que uno ve a diario así sean feas o bonitas. En mi época no existían fotógrafos especializados, uno tenía que hacer de todo. He hecho fotos de arquitectura, reportería, sociales. La foto de arquitectura la aprendí del doctor Mendoza, él era muy exigente y perfeccionista. Tengo varios libros sobre Bogotá.

En La Casa del Valle lanzó recientemente su libro. ¿Qué lo movió a hacerlo?

Repasando mi archivo, encontré una serie de fotos que vale la pena divulgarlas. El libro editado por Consuelo Mendoza Ediciones es un resumen de paisajes, de actividades, de costumbres y faenas todo en diferentes regiones de Colombia. Son imágenes poco conocidas de nuestro mundo rural. Así saltan a la vista, con una delicadeza que se la debo a mi hermano, diferentes y a veces desconocidos lugares de nuestro país. Por distintas circunstancias de la vida yo he visitado detenidamente todas nuestras regiones. Recuerdo que una vez fui a Barranquilla con unos cazadores de Babillas. En el año 83 hice una exposición con fotos del llano. Me ayudo a titularlas el poeta Eduardo Carranza. Descubrí en esos paisajes ignorados que hay en ellos un considerable valor poético.

¿Tiene herederos del oficio?

Tengo seis hijos. Todos aman la fotografía pero ninguno es fotógrafo. Mi nieto Mateo, que estudió fotografía y cine ahora está en Alemania; y mi nieto Sebastián también estudio cine y está en Buenos Aires. La segunda generación no tengo herederos, pero la tercera sí de alguna manera.

PLINIO APULEYO MENDOZA
Especial para EL TIEMPO

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