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500 años de Leonardo Da Vinci, una vida aún por descubrir
Obras de Leonardo Da Vinci

Italia y Francia han tenido tensiones frente a las obras de Da Vinci. Ambas naciones fueron importantes en su vida.

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Gabriel Bouys / AFP

500 años de Leonardo Da Vinci, una vida aún por descubrir

Fuente de leyendas y enigmas, la biografía de Leonardo es aún escurridiza.

No es fácil la tarea de los biógrafos de Leonardo da Vinci, y sin embargo se las arreglan para actualizar una historia larguísima de investigaciones y biografías, casi todas inevitablemente incompletas, que sitúan a Da Vinci como uno de los más grandes innovadores en la historia de la humanidad. Algunos ponen en esta lista a, por ejemplo, Steve Jobs, el creador de Apple. Quizás tienen razón. Sin embargo, de Jobs estamos muy cerca para calibrar su impacto, mientras que de Da Vinci nos separan 500 años: fallecido en 1519, a los 67 años, la figura renacentista por excelencia este año será sujeto de una decena de muestras sobre su obra en el mundo, y en cada una de ellas sobrevolará silenciosamente la pregunta acerca de su vida. 

Una pregunta que han intentado responder miles de investigadores, como también Stendhal y Freud, y que a principios de este siglo se nubló con las teorías que disparó ‘El código Da Vinci’.

Según cuenta Walter Isaacson en su biografía de Leonardo da Vinci, cuando el artista tenía 30 años decidió hacer un giro en su vida. Hasta entonces había vivido en Florencia, donde ya tenía cierta reputación como pintor y escultor, aunque ni cerca de la de Miguel Ángel. Le escribió una carta a Ludovico Sforza, el duque de Milán, que bien puede leerse como una solicitud de trabajo: muy detalladamente le contaba sus “habilidades en ingeniería, sin olvidar su capacidad para proyectar y diseñar puentes, canales, cañones, carros acorazados y edificios públicos”, informa Isaacson. Apenas en el último párrafo, Da Vinci menciona que podía esculpir y pintar. Con esa historia, Isaacson inicia su libro sobre el artista, titulado simplemente ‘Leonardo da Vinci’.

“Su capacidad para combinar arte y ciencia, simbolizada por su dibujo de un hombre completamente proporcionado con los brazos extendidos dentro de un círculo y un cuadrado, conocido como el Hombre de Vitruvio, lo convirtió en el genio más innovador de la historia”, anota Isaacson.

Los cabos sueltos

Más allá de la ficción que aportó Dan Brown, Da Vinci tuvo efectivamente un costado misterioso. Todavía no está del todo claro si escribía de derecha a izquierda para ocultar algo o solo porque al ser zurdo le resultaba más cómodo. Pero lo realmente enigmático está en los hechos de su vida. En el enorme legado que dejó en sus cuadernos privados, formado por casi 7.000 hojas, prácticamente no hay nada sobre su intimidad. Hay listas, dibujos, inventos, reflexiones, investigaciones, ideas, proyectos, una base de informaciones que todos los biógrafos usan para perfilar su impacto cultural. De hecho, en su libro sobre el artista, el investigador Serge Bramly recurre sistemáticamente a los cuadernos de Da Vinci, pero reconoce que su vida está “envuelta en misterios”.

Publicada en 1998, en francés, el ‘Leonardo Da Vinci’ de Bramly apareció en 2015 en español y es una de las biografías del artista disponibles. El libro sitúa a Da Vinci en un momento histórico de genios: junto a él convivían Miguel Ángel, Maquiavelo, Cristóbal Colón y Erasmo de Róterdam, entre otros personajes. En ese contexto, Leonardo es perfilado como un hombre dotado y racional, de enorme belleza física, obsesivo con la higiene, disléxico –de ahí su escritura al revés– y homosexual, aunque, según especula Bramly, podría haber intentado una vida de castidad. Pero, al parecer, no siempre: en 1476, el artista fue acusado de sodomía y estuvo detenido hasta que los cargos fueron desestimados.

Todavía no está del todo claro si escribía de derecha a izquierda para ocultar algo o solo porque al ser zurdo le resultaba más cómodo. Pero lo realmente enigmático está en los hechos de su vida

Serge Bramly narra ese momento de problemas ante la justicia, aún cubierto de especulaciones, y también otro aparentemente menos rastreable: su nacimiento. En su relato aparece la versión más aceptada: que Da Vinci nació de una aventura de su padre, Piero, con una sirvienta, Caterina, pero con la cual no tuvo una larga relación. Leonardo habría vivido pocos años con su madre en el campo, para luego irse con su padre a Florencia. ¿Quién era Caterina? Según la biografía ‘Becoming Leonardo’, de Mike Lankford, publicada en 2017 en Estados Unidos, la madre del artista podría haber sido una esclava proveniente del norte de África.

En el libro de Walter Isaacson, Caterina no fue una esclava sino una joven campesina de 16 años que tras concebir a Leonardo, prontamente tuvo otro matrimonio y habría salido de la vida del niño. Instalado en Florencia, en su adolescencia Da Vinci entró al taller de Andrea del Verrocchio y se formó como pintor y escultor, pero también aprendió técnicas de metalurgia, mecánica y carpintería. Como plantea Isaacson, y también Serge Bramly, el artista pasó años en Florencia demorando una consagración, en parte por una inhabilidad para entregar trabajos.

Como documentan todas las biografías, en Milán Da Vinci se dedicó poco al trabajo artístico, aunque diseñó sucesivamente desfiles para el duque Ludovico, verdaderas piezas teatrales. También propuso muchos tipos de armas, increíbles e inviables la mayoría, aunque ninguna se habría llevado a la realidad y –se explaya Isaacson en su biografía– ahí hay una clave para entenderlo: “Creo que sus propósitos eran serios, pero sus diseños eran más un trabajo de imaginación que de invención”, dice al analizar los cuadernos del artista, que justamente empezó a llevar en esos años. Hizo algo más: en 1495 empezó el mural de ‘La última cena’, una obra que lo llevó de inmediato a situarse como uno de los artistas principales de la Italia renacentista.

Cuando la Francia de Luis XII ocupó Milán, este intentó llevarse ‘La última cena’. No tuvo éxito. Pero sí lograron que Da Vinci regresara a Florencia, donde el artista fue reclutado nada menos que por Maquiavelo para que, dentro de una negociación con los Borgia, sirviera para ellos como asesor militar. Walter Isaacson cuenta esos pasajes de la vida del artista, en parte, para reforzar su tesis de Leonardo como un hombre que pasaba del arte a la ingeniería sin problemas. De hecho, su libro pone especial atención en el ‘Codex Leicester’, el cuaderno que el artista dedicó al estudio de la astronomía, la meteorología, la cosmología, la geología y especialmente a la hidráulica.

Isaacson analiza esos cuadernos como la clave para entender a Leonardo, revisando la manera como en esas páginas la investigación científica se mezclaba con el arte.

Escribe la historia de un visionario, el más brillante de su época, y también se fija en el trabajo mismo: para narrar la historia tras la ‘Mona Lisa’ –pintada entre 1509 y 1519– describe cómo Da Vinci investigó los músculos del rostro y cuenta sus últimos años. Y en ese tránsito aparece el conde Francesco Melzi, su último aprendiz y probablemente pareja, quien remplazó a su discípulo más famoso, Gian Giacomo Caprotti, conocido como Salai.

Los últimos días de Da Vinci fueron en Francia, en la corte del rey Francisco I. Vivió en su corte terminando la ‘Mona Lisa’, acompañado por el conde Melzi. Su última obra, documentan las biografías, habría sido una fiesta que le dio al rey: a la luz de cuatrocientas antorchas y bajo telas azules con estrellas doradas, un grupo de actores montó una pieza de danza circundando el sol y los planetas. También había música.

ROBERTO CAREAGA C.
EL MERCURIO (Chile) - GDA
En Twitter:@ElMercurio_cl

Las exposiciones para seguir a Leonardo

Nuevos hallazgos y obras rara vez exhibidas al público presentan las principales exposiciones que conmemoran los 500 años de la muerte del maestro del Renacimiento. Este año, ningún país quiere prestar las escasas pinturas existentes.

Italia

Italia no cede en prestar las pinturas que posee de uno de sus mayores genios renacentistas, insiste en la delicadeza de esas obras y subraya la nacionalidad italiana de Leonardo. Por eso quiere destacar el derecho propio a ser el primer país en conmemorar, a lo grande, los 500 años de su muerte, que se cumplen el 2 de mayo.

La Galería Uffizi, en Florencia, inauguró una muestra con el único y revelador Códice Leicester de Da Vinci, integrado por 360 ilustraciones y dibujos, que Leonardo recopiló entre 1508 y 1510. Al mismo tiempo se exhiben las pinturas que tienen de Leonardo. La ciudad de Milán, entre tanto, también festeja a Leonardo como un símbolo de la ciudad. Pasó 20 años allí. Las celebraciones partieron con la muestra ‘Leonardo da Vinci Parade’ (abierta hasta octubre), en el Museo de Ciencia y Tecnología. Exhibe 52 modelos construidos a partir de los bocetos que él dibujó y documentó. En Milán también se preparan visitas especiales a la obra más famosa del Alto Renacimiento: ‘La última cena’.

Francia

El Louvre plantea exhibir la mayor cantidad de pinturas de Leonardo existentes en el mundo, entre las escasas 17 que conocemos. El museo tiene ya cinco de ellas, y de las mejores. No obstante, Italia decidió no prestar las suyas. Con todo, el Louvre sigue con el proyecto de la gran exposición para octubre y guarda silencio sobre qué otras pinturas pueda haber conseguido (tal vez obtengan la de Estados Unidos, la que hay en Rusia o en otros países del norte europeo). La novedad es que expondrán importantes dibujos hechos por Leonardo en Francia.

Colombia

Un documental que hace un recorrido por las obras más emblemáticas del gran maestro italiano y se presentará en las salas de cine de once ciudades colombianas será el homenaje al genio en Colombia. La producción explora la exposición que la Galería Nacional de Londres le dedicó a Da Vinci en 2012 , y considerada en ese entonces la muestra del año, ya que museos de todo el mundo prestaron sus obras para su realización. Contó con 60 dibujos y cuadros. El documental muestra, en siete salas, la versatilidad y creatividad de Da Vinci durante los 17 años que vivió en Milán, ciudad a la cual se mudó en 1482. Y explora además las obras del italiano, pieza por pieza. Se presentará los días 25, 26 y 27 de enero en algunas salas de Cine Colombia de Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, Manizales, Barranquilla, Cartagena, Armenia, Ibagué, Popayán y Pereira.

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