¿Qué tanto daño nos ha hecho el pobre Diablo?

¿Qué tanto daño nos ha hecho el pobre Diablo?

En Medellín censuraron al demonio, pero ¿el Diablo no hace parte de la cultura colombiana?

El Carnaval de Blancos y Negros, de Pasto, también tiene sus diablos y vienen de la tradición de los indígenas pastos y quillasingas.

El Carnaval de Blancos y Negros, de Pasto, también tiene sus diablos y vienen de la tradición de los indígenas pastos y quillasingas.

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Juan Pablo Rueda

Por: Cultura 
19 de noviembre 2020 , 04:04 p. m.

El diablo siempre ha estado con nosotros. En el fulgurante comienzo de Años de indulgencia, de Fernando Vallejo. En las obras de Germán Espinosa o en las de Gabriel García Márquez; en los vallenatos de Francisco el Hombre, o en el escudo del América de Cali.

Es una presencia omnipotente y omnipresente en la cultura colombiana, pero en Medellín acaba de ser censurado, empacado y enviado nuevamente al más allá (o al más acá de una bodega) por el grupo “Medellín Cuenta Conmigo”.

La polémica por la inclusión del alegre Diablo de Riosucio en los adornos navideños se generó porque, según este grupo de ciudadanos, escandalizados por sus cuernos y sus barbas, “no hace parte de la cultura antioqueña”.

Pero Marcos González Pérez, un riguroso historiador de las fiestas populares en toda América Latina, cree que están profundamente equivocados. “Hay una fiesta en Santafé de Antioquia, la de los Diablitos, que se celebra a finales de diciembre”. Y viene, según explica, de los oscuros tiempos de la Colonia, cuando a los esclavos solo se les daba un día de descanso al año y aprovechaban para disfrazarse de sus amos con máscaras y capas. Cuando fue abolido el horror de la esclavitud, la fiesta siguió de largo y se quedó en la memoria colectiva paisa.

El Diablo también es invitado de honor en el Carnaval de Blancos y Negros, patrimonio inmaterial de la humanidad. En el Carnaval de Barranquilla, otro patrimonio del mundo, los Diablos Arlequines de Sabanalarga siempre se toman la fiesta. Fueron creados por Apolinar Polo y son parte de la celebración desde la década de los años 70. En la tradición de Sabanalarga están presentes desde la colonia como una burla frente a la colonización.

Polo, fallecido en el 2015, se inspiró en esa historia, pero “no quería un diablo malo, un diablo común con cachos y cola, un diablo negro y rojo", decía. "Su objetivo era el diablo fiestero, carnavalero, por eso se dio a la tarea de buscar personajes fantasiosos, coloridos, alegres y juguetones, hasta que encontró en el diccionario el significado de la palabra arlequín y se imaginó un payaso de colores con cara de diablo”, explicó el diario El Heraldo.

Los Diablos Arlequines de Sabanalarga hacen parte del Carnaval de Barranquilla. Fueron creados por Apolinar Polo.

Los Diablos Arlequines de Sabanalarga hacen parte del Carnaval de Barranquilla. Fueron creados por Apolinar Polo.

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Vanexa Romero

La coreografía, inspirada en el fuego, la bailan solo los hombres que hacen malabares, giros, saltos y acrobacias. Tambora, tambor alegre, llamador, guache, maracas y flauta de millo celebran al… ¡Diablo! El personaje que tanto nos aterroriza y que, en medio de todo, es universal, fiestero, y siempre, según Marcos González Pérez, tiene que ver “con la burla y con la sátira. Hace cientos de años hizo su aparición en las grandes fiestas monárquicas, que eran de etiqueta, para burlarse de todo y de todos”.

González agrega que, entre las más de 4.000 fiestas que se hacen cada año en Colombia, el Diablo está muy presente. “Él se quedó para mostrarnos lo divertido y lo burlesco”.

En el cine colombiano el diablo ha sido una palabra poderosa más que una presencia específica. Ha sido más un concepto alrededor de un mundo peligroso, malsano o fracturado, que se ha hecho su aparición en producciones como Saluda al diablo de mi parte (2011), de Juan Felipe Orozco, en la que no había un encuentro con su satánica majestad, sino que se centraba en una historia de acción y venganza, ambientada en Bogotá y con un no tan conocido en ese momento Édgar Ramírez como protagonista.

Otro película emblemática es Satanás, de Andi Baiz, inspirada en la novela de Mario Mendoza, que tomó el caso del asesino en serie Campo Elías Delgado, para hacer un retrato de una sociedad fracturada y violenta.

También hay otro filme notable, con una alta presencia diabólica: La cabaña del diablo (Gallos Hills), coproducida y rodada en Colombia con David Facinelli, Carolina Guerra, Gustavo Angarita y Sebastián Martínez.

En la música uno de nuestros “diablos” más famosos es el que enfrentó a punta de acordeón y versos a Francisco el Hombre. Esta historia, que incluso llegó a ser recreada en la serie de televisión Escalona, habla de un duelo en el que el mítico personaje vallenato se dio por triunfador al cantar el Credo al revés.

Francisco El Hombre fue un personaje real –que incluso aparece en Cien años de soledad–. Su nombre verdadero fue Francisco Moscote y alcanzó a dar testimonio sobre su batalla contra el Maligno.

Francisco dijo que, efectivamente, alguna vez, solo en un paraje, empezó a tocar su acordeón y sintió que otro acordeón, tan invisible como su ejecutor, le contestaba, pero no hubo credo al revés y tampoco tuvo la certeza de que fuera el diablo.

Este duelo musical tiene un equivalente en el joropo llanero. La historia fue contada en el poema Florentino y el Diablo, del escritor y político venezolano Alberto Arvelo Torrealba en 1940.

Florentino es retado por Satanás en un duelo de versos. En esta historia el músico también venció con un verso titulado Las tres divinas personas, que envió al diablo directamente al infierno.

Las artes plásticas colombianas también tuvieron un demonio. El artista Norman Mejía fue tachado de "satánico" y en su castillo de Puerto Colombia fue atacado por un grupo de pescadores que trataron de quemar su casa porque veían al diablo en sus pinturas, en su barba y en los oscuros murales de su casa.

Norman nunca quiso vender su obra comercialmente. Se encerró en un apartamento en Barranquilla y dejó un legado de más de cinco mil lienzos. Y La horrible mujer castigadora, la pintura con la que ganó el Salón Nacional 1965, es considerada de las obras maestras del arte colombiano.

Satanás, el Diablo, el Maligno o como lo quieran llamar, también estuvo presente en uno de los objetos industriales más preciosos del país: Fósforos El Diablo
. Su caja (que hoy se vende como un objeto vintage de colección) es una maravilla visual. La cara roja de perfil del demonio, su fondo amarillo, la mirada coqueta de reojo, su dientes blancos burlones y la palabra Fósforos en un diseño Art Deco, más el lomo con su orgulloso CIA Fosforera Colombiana, lo convierten en una parte de nuestra identidad.

¿Y qué decir del América? Los católicos americanos han llegado a creer que sus fracasos en la Copa Libertadores o su calvario en la B, son culpa del diablo. Su aparición en su escudo se remonta a los años 30 del siglo XX, porque un periodista de la época decía que los jugadores del equipo, la mayoría afrodescendientes, “corrían como diablitos”. Julio César Falcioni y Anthony de Ávila, en un acto de fe, pidieron no llevarlo y lo cubrían con un pedazo de tela.

En el Valle de del Cauca no hay tanto lío con el diablo, y además del América, que los hinchas del Cali soportan sin problema, viven los caránganos, unas comparsas que todos los diciembres salen con su diablo en rastras.

Pero nuestro diablo más representativo, con el perdón de los hinchas americanos, está en Riosucio, Caldas, en el carnaval que se realiza cada dos años en su honor y que es patrimonio oral, cultural e inmaterial de la nación.

El Carnaval de Riosucio, Caldas, se realiza cada dos años y tiene a este personaje como eje central de burla y alegría.

El Carnaval de Riosucio, Caldas, se realiza cada dos años y tiene a este personaje como eje central de burla y alegría.

Foto:

Ricardo Vejarano 


Su historia se remonta a un hecho que ocurrió entre los siglos XVI y XVII, cuando los habitantes de dos poblados, Quiebralomo y La Montaña “se disputaban el territorio que se extiende al pie del cerro Ingrumá y se declararon en mortal enemistad. Los dos curas párrocos, en histórica alianza, logran unirlos fundando Riosucio con ambas poblaciones en 1819”, según recogen algunos textos.

Con los años se unieron los ritos de los aborígenes con los cultos africanos y la fiesta de los reyes magos, y nacieron las Diversiones Matachinescas, “con leyes festivas que ordenaban la reconciliación de los antiguos rivales”.

En el Convite, uno de sus apartados de esta celebración, se oye la frase: “La euforia comienza, el himno retumba y la bandera es tremolada con azufrada pasión. Su majestad el Diablo del Carnaval está próximo a llegar”.

No lo duden: el diablo es parte de nuestro patrimonio.

CULTURA
@CulturaET

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