Movilidad y formalidad, dos desafíos para el nuevo alcalde de Bogotá

Movilidad y formalidad, dos desafíos para el nuevo alcalde de Bogotá

El experto Rubén Sánchez habla de los retos en transporte y seguridad para el mandatario entrante.

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Crédito: Universidad del Rosario 

Por: ARTICULO PATROCINADO
16 de octubre 2019 , 11:59 a.m.

En octubre se conocerá el nombre del nuevo alcalde de la ciudad de Bogotá, y quien resulte elegido tendrá que enfrentar dos grandes desafíos que, hoy por hoy, son del mayor interés para la capital: la movilidad y la seguridad.

Así lo afirma Rubén Sánchez David, profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, para quien el problema de la movilidad radica, principalmente, en la falta de atención al usuario.

“Los candidatos hablan constantemente de megaobras como el metro, el Transmilenio y el tren de cercanías. Todo eso es, por supuesto, muy importante, pero en esas propuestas se suele olvidar al usuario, cuyos problemas pueden solucionarse, en parte, con acciones sencillas, no tan costosas y con resultados en el corto plazo”, asegura el experto.

Algunas de estas soluciones pasarían por descongestionar el Transmilenio por la Caracas con deprimidos, coordinar los semáforos de la ciudad, resolver el problema de los huecos, repintar las cebras y ofrecer alternativas reales a quienes conducen automóvil particular.

“Esas medidas, que aparentemente son simples, darían más gusto al usuario, y no tanto a esa idea de construir la ciudad como si todos fuéramos napoleones con grandes proyectos”, anota Sánchez David.

Lo anterior no significa que soluciones de gran envergadura, como el tren de cercanías, los puentes y el metro, no deban ser prioridad. De hecho, con respecto al metro, el profesor de la Universidad del Rosario asegura que este no es una solución, sino una necesidad inaplazable para una ciudad como Bogotá. El debate, por tanto, no tiene que ver con la pertinencia de este medio de transporte, sino con su ejecución.

“Lo ideal es que sea subterráneo. Se puede hacer aéreo en muchos puntos, pero es evidente también que en varios otros debe ser subterráneo por diferentes razones: por seguridad, por las lluvias constantes e, incluso, por la afluencia de usuarios que, en ciertos lugares de la ciudad, no cabrían en los andenes relativamente estrechos de un metro elevado”, manifiesta el experto.

La formalidad, una solución para la inseguridad


Para el profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, otro de los principales problemas para el nuevo alcalde será la percepción de inseguridad, una constante que va en aumento, según el experto.

No obstante, Sánchez David considera pertinente precisar que la inseguridad es tanto una realidad como una percepción y, por tanto, es necesario mejorar en los dos ámbitos: “En efecto, hay que trabajar en el campo objetivo, es decir, eliminar las situaciones que generan inseguridad o temor. Yo no podría decir que ningún gobierno distrital ha actuado para que la violencia aumente. Todos han tenido buenas intenciones y han hecho énfasis en uno u otro aspecto. Pero es cierto que Bogotá necesita más policías, más inteligencia y mayor acuerdo entre el agente de policía, el defensor, el fiscal y el juez para que las sanciones se cumplan”.

No obstante, continúa el experto, “la inseguridad es un sentimiento y en ello también hay que enfocarse. Muestra de esto es que no siempre se percibe lo que realmente afecta. Normalmente, cuando pensamos en inseguridad, pensamos en homicidios, pero los problemas reales que más padecemos son el robo, el matoneo y la mala educación, lo que muchas veces se debe a que la gente está enervada y tensa, y esto deviene en situaciones proclives a la violencia física y simbólica”, señala Sánchez David.

¿Pero cómo avanzar en la inseguridad como percepción? Para el profesor de la Universidad del Rosario, la formalidad es una posible solución.

Y es que, de acuerdo con el experto, precisamente la informalidad es uno de los motores de la percepción de inseguridad. No obstante, es preciso aclarar los términos para comprender esta afirmación: “Con ‘informalidad’ no me refiero solamente a las ventas callejeras; me refiero, especialmente, a la proliferación de comportamientos poco civilizados que desconocen todo procedimiento, todo protocolo, e impiden el cumplimiento de reglas para una convivencia pacífica. Cuando cada uno se comporta como se le da la gana sin respetar acuerdos para vivir en sociedad, estamos en el terreno de la informalidad”, apunta el experto.

Y, asimismo, concluye: “La inseguridad nos conduce a unas actitudes muy molestas para otros. Con la formalidad y el respeto por las reglas, por el contrario, podremos seguir siendo nosotros mismos sin dejar de respetar el ámbito público, y esto es esencial para una ciudad como Bogotá”.

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