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Inversión en infraestructura: acciones de la academia ante la pandemia
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Inversión en infraestructura: acciones de la academia ante la pandemia

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La Universidad Católica implementó clases presenciales y a distancia, con tecnología de punta.

El confinamiento debido a la pandemia de coronavirus, primero, y las medidas de seguridad personal adoptadas en los últimos meses han cambiado la manera como se imparte y recibe la educación a escala global.

Por eso, diversas Instituciones de Educación Superior de nuestro país han venido trabajando en la adopción de soluciones basadas en tecnología y que les permitan asegurar el desarrollo académico de los estudiantes y la continuidad de su labor administrativa.

En el caso de la Universidad Católica de Colombia, junto con el lineamiento de un “Protocolo de bioseguridad”, se han efectuado varias adaptaciones físicas y adoptado más herramientas digitales con el fin de seguir adelante con las clases, tanto en pre como en posgrado.

Como resultado de esto, la institución desarrolló los salones híbridos, en los que se combina la enseñanza presencial dentro de aula física con clases a distancia. De esta manera, y mientras algunos estudiantes toman sus materias en el salón bajo las más estrictas medidas de bioseguridad, otros lo hacen con acceso remoto desde sus casas o en donde se encuentren.

“Nuestro modelo de clases cambió de uno presencial a uno híbrido, en el que el uso de las Tecnologías de la Información es fundamental al momento de apoyar a los estudiantes y docentes en la educación remota. De ahí que hayamos implementado soluciones como Webex, de Cisco, simulación de laboratorios remotos y aulas virtuales, que les permiten a los alumnos disponer de entornos digitales”, explica el ingeniero Juan Carlos Fernández, director del Centro de Servicios Informáticos de la Universidad Católica de Colombia.

En estos espacios híbridos y seguros, el docente se puede comunicar tanto con los estudiantes que están en casa como con los que se encuentran presentes físicamente, evitando que muchas personas se reúnan en un mismo lugar.

Clases aquí y allá

Los 128 espacios híbridos de la institución cuentan con diferentes componentes que permiten tener videoconferencias e interactividad en modalidad ‘Blended Learning’, incluyendo:

- Cámara con movilidad, micrófono incorporado y acercamiento para una mejor cobertura visual y auditiva de la clase, además de escenas predefinidas.
- Computador conectado mediante cable a Internet y con la configuración necesaria para ejecutar el software de las clases.
- Sistema de audio con parlantes ubicados siguiendo normas acústicas.
- Proyector LED de tiro corto y, en salones más pequeños, televisores LED.
- Botoneras de pared que controlan tanto las funciones de video y proyección, como las opciones de audio.

“Esto tiene muchos beneficios -asegura el ingeniero Juan Carlos Fernández- como que les permite a los alumnos seguir sus estudios de manera segura. Junto con eso, y cuando deben desplazarse hasta la universidad, disponen de espacios protegidos”.

Por otra parte, la implementación de tecnología a lo largo de 2020 y 2021 hace posible que la universidad esté preparada para el futuro y eventuales contingencias. Al mismo tiempo, puede llegar a los estudiantes y mantener el distanciamiento social gracias a implementaciones seguras al alcance de todos.

La situación también ha sido una oportunidad para que las personas adquieran otras competencias, no solo relacionadas con la tecnología, sino también con el trabajo en equipo, la autodisciplina y la autonomía, herramientas fundamentales para el devenir académico.

Buenas consecuencias

La nueva realidad implicó reconfigurar y repensar todos los procesos administrativos de esta institución para que fueran virtuales y semipresenciales, apoyando así a la universidad en sus esfuerzos por proteger a estudiantes y profesores, pero sin dejar de responder a las necesidades de preparación académica.

Sin embargo, y a pesar del cambio, el director del Centro de Servicios Informáticos revela que los resultados han sido muy positivos.

“A diferencia de otras instituciones, hemos mejorado la retención de estudiantes. Adicionalmente, y con las nuevas tecnologías, pudimos ayudar a cerca de 600 docentes a cambiar sus paradigmas, acompañándolos siempre en ese proceso”, asegura el ingeniero Juan Carlos Fernández.

De esta manera, la Universidad Católica de Colombia sigue comprometida con la educación en el país, al tiempo que concibe el bienestar de todos como una tarea en la que la tecnología es clave.

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