‘Fracking’, un debate necesario

‘Fracking’, un debate necesario

Colombia necesita opciones responsables para la autosuficiencia energética y las finanzas públicas.

Fracking

La falta de autosuficiencia energética en el país podría llevar a que las tarifas de energía aumenten .

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Archivo El Tiempo

Por: ARTÍCULO PATROCINADO
25 de septiembre 2018 , 05:52 p.m.

Más allá de la autosuficiencia energética que tiene el país desde 1986 (tras el desarrollo del campo Caño Limón) y que hoy se evidencia en situaciones cotidianas como tanquear el carro, prender la estufa para preparar el desayuno, calentar el agua para bañarse o encender el aire acondicionado, el sector de petróleo y gas se ha convertido en una de las principales fuentes de recursos para el desarrollo
del país.

Ahora, en medio del bajón de los últimos años en las inversiones en exploración, de la producción, de unas reservas de crudo que hoy están en 1.782 millones de barriles (5,7 años de autosuficiencia) y de la poca oferta de contratos de gas para el sector industrial, el país está en un debate político sobre el aprovechamiento de los hidrocarburos no convencionales, a través de la técnica de fracturamiento hidráulico de la roca que genera los hidrocarburos, conocido como fracking, y que recientemente le permitió a Estados Unidos ser el primer productor mundial de petróleo.

Las proyecciones de la industria petrolera muestran que solo con este tipo de recursos se podrían incorporar entre 2.400 millones y 7.400 millones de barriles adicionales de crudo a las reservas y al mismo tiempo despejar en el largo plazo el panorama para el abastecimiento de gas natural, pero además volverían a crecer los ingresos de la renta petrolera, que llegan a través del impuesto de renta, dividendos de Ecopetrol y regalías, cuya reducción en los últimos años llevó a ajustar los impuestos y recortar los gastos.

En efecto, hoy, cuando el Gobierno colombiano tiene un faltante de 25 billones de pesos en el presupuesto del 2017, según las cifras de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), muestran que entre el 2007 y el 2016 la renta petrolera fue de 198 billones de pesos, equivalentes en promedio a un 22 por ciento de los ingresos corrientes del gobierno central, pero cuyo aporte fue bajando al punto que el año pasado fue de solo 0,1 por ciento del PIB, según el Ministerio de Hacienda.

“No se nos olvide que uno de cada cuatro pesos de los ingresos tributarios los aporta este sector y 4 de cada 10 que invertimos en el desarrollo social regional se derivan de las regalías petroleras”, dice el presidente saliente de la ANH, Orlando Velandia, al destacar la importancia de los aportes de la industria petrolera en la economía.

Precisamente, entre el 2009 y agosto del 2018, según el funcionario, las regalías causadas por la explotación de hidrocarburos bordean los 60 billones de pesos. A esto se suma, de acuerdo con la entidad, la inversión social de las empresas, que entre 2009 y 2011 fue de 76.397 millones de pesos, pero que luego de los ajustes hechos al contrato petrolero, fijando un porcentaje mínimo obligatorio, sumaron 814.623 millones de pesos entre 2012 y 2017. Ismael Arenas, presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros (Aciem), destaca que este es un actor estratégico de la economía, que ha procurado desarrollar el principio de exploración responsable en función de la protección del medioambiente, la calidad de vida de las comunidades y el desarrollo de las regiones.

El potencial por aprovechar

Analistas de la industria petrolera indican que para extender la autosuficiencia y mantener lejos el fantasma de las importaciones se necesitan incorporar, como mínimo, 1.300 millones de barriles de petróleo a las reservas existentes, tarea en la que se puede avanzar con el desarrollo de proyectos como el recobro mejorado (extraer más) en campos actuales, el inicio de nuevas áreas en tierra y de proyectos en el mar.

Pero es en los yacimientos no convencionales (YNC), a través del fracking, donde están depositadas las esperanzas no solo para triplicar sino hasta cuadruplicar los recursos, manteniendo un ingreso constante para las alicaídas finanzas públicas. Para Francisco José Lloreda, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), no está garantizado que se siga produciendo, como mínimo, 860.000 barriles durante los próximos 10 años, por el declive natural de muchos de los campos.

Las proyecciones del gremio estiman que si se cumplen las expectativas de las empresas que están validando la presencia de crudo en los YNC para su posterior desarrollo, la primera producción se daría en el 2024, con unos 43.200 barriles día, volumen que tendría un crecimiento sostenido hasta llegar a los 123.000 barriles diarios en el 2028. Y es que las firmas interesadas en la actividad estiman no solo dicho potencial entre 2.400 millones y 7.400 millones de barriles recuperables de petróleo en la zona del Magdalena medio, sin contar el gas en la cuenca Cesar- Ranchería, que además de dar más años de autoabastecimiento, desencadenarían una serie de beneficios económicos para las regiones productoras y para las cuentas nacionales y regionales.

Ecopetrol calcula que con el desarrollo de los YNC los municipios terminarían recibiendo 1.000 millones de dólares en regalías petroleras adicionales cada año. Héctor Manosalva, vicepresidente de Desarrollo y Producción de Ecopetrol, explica que en la región del Magdalena medio, donde se concentraría esta operación, y que es estratégica por estar cerca la refinería de Barrancabermeja, se generarían 124.000 empleos, entre directos e indirectos.

Asimismo, los encadenamientos asociados a la provisión de bienes y servicios para el sector petrolero tendrían un incremento representativo, toda vez que el desarrollo de los YNC generaría 8.500 millones de dólares en inversión anual (el 60 por ciento de la inversión extranjera del 2017). Otro beneficio derivado de los YNC estaría en el aumento de las exportaciones, que se calcula en 15.000 millones de dólares. “Esto contribuiría a cerrar el déficit de la balanza comercial”, señaló Manosalva.

Con estas proyecciones, las compañías y entidades rectoras del sector de petróleo y gas están listas a avanzar en el desarrollo de esta actividad, con bases técnicas y científicas, de cara al país. De hecho, la ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, sostiene que los YNC se pueden hacer de manera responsable y segura. Y señala que si no se desarrollan y sin un campo grande como Cusiana (Casanare), será muy difícil encontrar reservas de esa magnitud.

Unas tarifas de gas al alza son señal de la necesidad de explorar y producir

Hablar del fracking en Colombia también significa, según los expertos de la industria de hidrocarburos, tranquilidad en materia energética de largo plazo para los más de 9 millones de familias que hoy tienen gas en sus hogares y las industrias que han encontrado en este energético una salida al suministro de sus máquinas de producción. Sin embargo, aunque las importaciones de gas licuado (GNL) tienen el objetivo de abastecer la demanda de gas de las centrales térmicas de la costa Atlántica, sobre todo en periodos de sequía, dichas plantas no se abastecen todo el tiempo de este combustible, lo que ha generado una presión al alza en los precios del gas local.

Según el informe del sector del gas natural del 2017, entregado recientemente por Promigás, hay preocupación porque el precio en boca de pozo ha tenido un crecimiento anual del 20 por ciento desde su liberación en el 2013, lo que ha afectados la competitividad de la industria y la demanda futura.

Hoy, la situación la sienten los industriales, especialmente los que están en la región Caribe, quienes en un contrato en firme tienen que pagar entre 6 y 7 dólares por millón de BTU (unidad británica de medición calórica) y hasta 9 dólares para contratos interrumpibles, cuando hace apenas unos años el valor era cercano a los 4 dólares.

Usuarios, los afectados

En este último caso, los afectados no solo son las empresas sino los usuarios de gas vehicular. Los gremios del sector advierten que este año, cuando se están negociando las tarifas de gas a cinco años, en la que los distribuidores aseguran su abastecimiento, se verán dichas presiones al alza.

Agrega que el próximo año, cuando las agencias mundiales han pronosticado una probabilidad del 85 por ciento de que ocurra un nuevo fenómeno del Niño, los consumidores verán reflejado esto en el valor de las facturas de energía eléctrica, ya que es en esos momentos cuando se activa el parque térmico para producir electricidad, que utilizará en su mayoría un gas más caro (importado y local).

De acuerdo con los gremios, con la exploración y explotación de la cuenca Cesar-Ranchería, en donde está el potencial de gas natural no convencional, se podrían triplicar, por lo menos, las reservas del país. El documento de Promigás muestra que Colombia tiene recursos estimados entre 20 y 40 terapiés cúbicos de gas no convencional (las reservas actuales suman 2,89 terapiés cúbicos al corte del 2017), lo que equivale a un rango entre 20 y 30 años de reservas de gas, situación que cambiaría radicalmente el panorama energético de Colombia.

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