Empresarios se sacuden de la guerra y miran el futuro

Empresarios se sacuden de la guerra y miran el futuro

Terminada la contienda, la Cámara emprendió misiones que reorganizaron asuntos críticos para el país

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Terminada la guerra de los Mil días, la Cámara de Comercio de Bogotá empezó a tener influencia en asuntos del Gobierno, y fue así como se convirtió en un organismo consultivo.

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Por: ARTÍCULO PATROCINADO
09 de octubre 2018 , 09:56 a.m.

Octubre de 1898 - septiembre de 1908.

La etapa transcurrida entre 1898 y 1908 fue una década marcada por la guerra de los Mil Días –y sus efectos–, que los historiadores estiman dejó no menos de cien mil muertos, un país devastado y con él, unos comerciantes sumidos en la ruina y el caos.

Precisamente, el comienzo de esos diez años, tras la creación de la Cámara de Comercio, fue la guerra que se disputó entre el 17 de octubre de 1899 y el 21 de
noviembre de 1902. No obstante, también fue una década de despegue para los comerciantes y la ciudad que comenzaba el nuevo siglo XX.

Bogotá requería urgentemente mejorar los servicios básicos, marcados por la precariedad y la escasez, y los empresarios necesitaban de la Cámara para regulación
y apoyo: después de la guerra, Colombia era una nación empobrecida, y el golpe anímico de la separación de Panamá fue devastador para los negocios.

La Cámara venía de una parálisis de 9 años, entre 1879, año en que la Corte Suprema Federal de los Estados Unidos de Colombia declaró inexequible la ley que les daba vida jurídica a las Cámaras, y 1890, fecha en la cual el Congreso expidió una ley
que autorizó nuevamente su creación, definió sus funciones y su lugar de operación.

Tras el fallo de la Corte, la Cámara siguió operando, pero lentamente entró en una parálisis de la que despertó en 1890, cuando el Congreso revivió la existencia de las cámaras (Ley 111 de 1890) y autorizó al Gobierno para crearlas en los centros comerciales.Ese renacimiento llegó con la facultad de ser órganos oficiales del comercio y cuerpos consultivos en temas comerciales e industriales y con la autorización para actuar como árbitros y componedores cuando surgieran diferencias entre empresarios.

En aquel momento, todos estos postulados se quedaron en el decreto. El país estaba dividido, envuelto en guerras fratricidas, y los comerciantes decidieron esperar a que pasara la inestabilidad política. Lo que no previeron fue que esperando la paz,
llegó la guerra de los Mil Días, que tendría efectos sobre la siguiente década.

Una vez terminada la contienda, la Cámara cobró vida y emprendió misiones que ayudaron a reorganizar asuntos críticos para el país, los comerciantes y la capital: la energía eléctrica, el banco central y la moneda, la aduana y los correos fueron las
prioridades. Es decir, despuntando el siglo XX, la Cámara empezó a influir en asuntos que terminaron siendo definitivos para la futura Colombia, asumiendo como consultora del Gobierno Nacional y vocera de los comerciantes.

Por la importancia que tenía para los empresarios, la entidad asumió un rol protagónico en la estructuración y tramitación de un proyecto de ley sobre la acuñación de una moneda nacional y creación del Banco Central de Colombia.

Ese organismo tendría a su cargo almacenar la riqueza de la nación, regular la banca y ser el centro de la economía. Ese intento de banca pública solo funcionó de 1905 a 1908, por excesos de sus funcionarios, pero fueron los primeros intentos de organización del sistema monetario del país. Y en ese intento, la Cámara, vocera empresarial, estuvo ahí.

1901: llegada de la energía eléctrica
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A finales del siglo XIX, por iniciativa del empresario Santiago Samper Brush, la ciudad decidió importar bombillas incandescentes el alumbrado eléctrico.

Foto:

Archivo El Tiempo

“En las noches en que la luna alumbra en las primeras horas, los faroles principiarán
a encenderse por los alumbradores a las seis y media de la tarde, y se apagarán a
las cinco de la mañana, o más tarde si no hubiere suficiente claridad natural, en
cuyo caso se apagarán de las cinco a las seis y media de la mañana”.

Esta fue la reglamentación de la Junta de Comercio de Bogotá, que tenía a su cargo
coordinar los asuntos de alumbrado en Bogotá desde 1867. Esta situación cambió
34 años después, cuando la ciudad comenzó a tener alumbrado eléctrico, gracias
a la iniciativa del empresario Santiago Samper Brush, que pertenecía a la Cámara de
Comercio.

En 1895 decidió que había que importar máquinas y sustituir las lámparas de arco voltaico por bombillas incandescentes. Antes de terminar el siglo XIX compró
la hacienda El Charquito, al lado del salto de Tequendama, para producir energía.
El proyecto se frustró cuando se desató la guerra de los Mil Días, pero una vez terminó la contienda, el empresario retomó el proyecto.

La producción inicial fue de 350 kilovatios. En 1904, su empresa se refundó y se convirtió en la Compañía de Energía Eléctrica de Bogotá, a la que todos miraban como una maravilla, capaz de romper con la noche y hacer amigable la oscuridad.

Consultora oficial del Gobierno Nacional

De manera oficial, el Gobierno Nacional toma la decisión de acudir a la Cámara de Comercio como consultora en temas que afectan a los empresarios. Significó un
hito para la entidad que el Gobierno –que había legislado para los comerciantes sin consultarlos– ahora confiara en su criterio.

Entre los primeros asuntos que sometió a su consideración estaba recurrir a sus oficios para estudiar la reforma de las tarifas de aduanas que estaban vigentes
desde 1879. La Cámara recuerda en sus archivos el mensaje del entonces presidente Rafael Reyes: “Urgentemente desea conocer la opinión de la Cámara de Comercio
acerca del nuevo recargo que ha de fijarse por el Congreso a la tarifa de aduanas”.

Esta comunicación fue enviada en noviembre de 1904, desde el Palacio de San Carlos, cuando el Gobierno decidió hacer efectiva la calidad de consultora de la Cámara
de Comercio.

En esta década llegó la especialización en temas

Desde la reorganización de la Cámara, a partir de 1904, el ente de control entendió
que la labor que tenía que enfrentar era sacar la ciudad del estancamiento después de la guerra civil y, de paso, jalonar al país en ese cometido.
Por primera vez se establecieron comisiones especializadas para estudiar temas
de aduanas, de crédito y obras públicas, que trabajaron de la mano con Nemesio
Camacho, director del Banco Central y luego, en ese mismo gobierno, ministro
de Obras Públicas de Rafael Reyes.

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