Cuando Bogotá entró en la era de la aviación

Cuando Bogotá entró en la era de la aviación

Sus necesidades de intercambio con los mayores puertos de Colombia, exigían poder realizar vuelos

CCB

En 1930, en inmediaciones del monumento de Banderas, en Kennedy, se inauguró el aeropuerto de Techo, respondiendo así al sueño de los comerciantes organizados de que la ciudad tuviera un aeródromo.

Foto:

Archivo El Tiempo

09 de octubre 2018 , 09:57 a.m.

Octubre de 1928 - septiembre de 1938.

Desde que el comercio aéreo entre Girardot, Cundinamarca, y Barranquilla, Atlántico, empezó en 1920, empresarios y comerciantes de Bogotá supieron que ya no podrían esperar mucho más para construir un aeródromo en la capital.

Sus necesidades de intercambio con los mayores puertos de Colombia, incluida Santa Marta, exigían poder realizar vuelos. Fue así que la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) empezó la gestión y el acompañamiento para que la obra se hiciera
realidad.

Terrenos en la localidad de Kennedy eran propicios para la infraestructura, así que en principio fue una empresa privada (1928), Scadta (Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos), la que adquirió terrenos de dos grandes fincas, Techo y
Chamicera, para adecuar una pista.

En 1930, en inmediaciones de la zona donde hoy está el monumento de Banderas, se inauguró el flamante aeropuerto de Techo. Tanto el presidente Enrique Olaya Herrera, como el alcalde Luis Carlos Páez, miembros de la CCB, acompañaron el acto.

En 1933, la entidad invitó al aviador Ernesto Samper Mendoza a una de sus reuniones para fomentar la aviación comercial y adquisición de aeronaves, ya que la conexión y comercio con el resto del país se empezó a facilitar por la vía aérea.

Entre las curiosidades de este aeródromo figuran que desde allí partió el cantante argentino Carlos Gardel, después de presentarse en Bogotá, hacia Medellín, donde moriría en un siniestro aéreo en 1935.

El aeropuerto contaba con varias edificaciones y torres radiodifusoras, una plataforma de pasajeros y la correspondiente torre de control. Alrededor de 750
pasajeros circulaban por allí cada hora. Aviones Lockeed Constellation, Boeing, Fokker, DC4, C54, Junkers F-13, y las aeronaves de la Pan American Airways, despegaban y aterrizaban en el terminal aéreo.

Numerosas personalidades pasaron por allí, además de incontables mercancías, como los primeros televisores que se usaron para la inauguración de la televisión,
en 1954.

Este lugar, que generó tanto desarrollo, negocios y transporte, cumplió funciones hasta 1959, cuando entró a operar el nuevo aeropuerto El Dorado, cuyas obras empezaron en 1956, bajo la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, y que superaría en capacidad a su antecesor. No obstante su posterior desaparición, el de Techo quedó en la memoria de los bogotanos.

Sanciones para los más olvidadizos hasta de 300 pesos
​1932.
Según el Código de Comercio de la época, el comerciante que osara
olvidarse de llevar correctamente los libros de actividades comerciales sería
multado con una cifra que variaba, en valores de ese tiempo, de 200 a 300 pesos,
si era mayorista, y de 50 a 300, para minoristas.

La intención de la regla era propiciar que se organizaran las cuentas de decenas de
comerciantes que no tenían claras las nociones básicas de contabilidad y no lograban especificar sus egresos e ingresos.

Un año de acciones provechosas para enmendar lo viejo
1938.
La ciudadanía acogió con beneplácito los cambios, inauguraciones y eventos del cuarto centenario de Bogotá (1538-1938). Así se desprende de las lecturas de diarios de la época, que vieron en aquellas fechas una oportunidad para entrar en
el quinto centenario con pie derecho. No obstante, análisis académicos, entre ellos uno de la Universidad Nacional, apuntan que el plan de obras formulado desde 1935 fue una receta para curar los desatinos y la falta de planeación que cargaba la urbe desde la época republicana, e incluso colonial.

Donaciones de privados en los 400 años de la ciudad
1938.
El 28 y 29 de julio fueron fechas para recordar. En la primera, la capital
recibió la obra de los tanques de Vitelma (ubicada en el barrio San Cristóbal, sur de
la ciudad), que entonces garantizaron el suministro de agua para todos los
ciudadanos. En la segunda, se abrió la Escuela de Policía General Santander, en
los predios del sector Muzú.

El 9 de agosto, industriales adscritos a la Cámara de Comercio entregarían una
escuela para la ciudad, mientras que otras compañías comerciales inauguraron
cinco parques de recreo para niños, en igual número de barrios obreros. Un día antes, la ciudad inauguró el barrio Centenario, en el sector del Quiroga, en el sur de la ciudad.

Desde 1935 se piensa en modernizar

1935. Se gestó un movimiento renovador, con la firma del Acuerdo 12 del Concejo.
En ese documento se estableció una hoja de ruta basada en 12 puntos claves para
darles solución a los problemas que afrontaba la ciudad y la manera como esta debía
conmemorar su centenario, que sería tres años después, en 1938.

Entre las prioridades figuraba el desalojo y reubicación de los habitantes de lo que
se conocía como el Paseo Bolívar: asentamientos informales y con altos problemas
de saneamiento, sobre los cerros Orientales, entre la plaza del barrio Egipto y el
parque de la Independencia.

También figuraban la construcción de obras de alcantarillado y pavimentación,
construcción de escuelas pública e incluso la construcción de una planta pasteurizadora de leche. Por supuesto, la Cámara de Comercio aportaría al cambio.

El año que le cambió la cara a Santa Fe de Bogotá

1938. No solo fue que en este año Bogotá estuviera de fiesta por cumplir su cuarto centenario de fundación, sino que además la capital colombiana, desde años atrás, se venía preparando para recibir esa fecha con nuevas obras, infraestructura y eventos.

• Entre los hitos más destacados entre enero y diciembre de ese año, hay dos: la inauguración del tramo inicial de la avenida Jiménez, construida sobre la canalización del río San Francisco, y los Juegos Deportivos Bolivarianos (JB), cuya primera edición se vivió en la ciudad fundada por el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada, y que dieron lugar a la apertura al público del estadio Nemesio Camacho
El Campín y el estadio de la Universidad Nacional.

• Desde el 18 de julio y hasta mediados de agosto, por acuerdo entre el cabildo y la Alcaldía, los festejos cívicos tuvieron lugar en distintos puntos de la urbe. Educación, saneamiento y obras públicas, cultura y hasta la Fuerza Pública se vieron beneficiados.

Empresarios e industriales se sumarían aportando obras y regalos para la capital.

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