La increíble historia de Viviana, una niña sin límites para estudiar

La increíble historia de Viviana, una niña sin límites para estudiar

Viviana Navarro dibuja y escribe con su boca. Familia y profesores buscan darle un computador.

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La extraordinaria historia de Viviana y su lucha por estudiarViviana Navarro nació con amioplasia congénita y no tiene movilidad de sus extremidades.
La increíble historia de Viviana, una niña sin límites para estudiar

Édgar Vargas

Por: María Alejandra Rodríguez Castellanos
08 de junio 2020 , 10:12 a.m.

“Uno nunca va a lograr lo que no intenta”, es la frase que se repite Viviana Navarro, a diario, una niña que a sus 12 años es un ejemplo y milagro de vida.

Viviana nació el 4 de septiembre del 2007 en el Hospital del Norte de Bucaramanga.

Ese martes, Sandra Díaz, su mamá, lo recuerda porque en el momento del parto la doctora que la estaba atendiendo gritó “urgente, urgente, un pediatra”.

A Sandra le habían hecho cuatro ecografías durante su embarazo, era mamá primeriza, todo parecía estar normal, pero aquel 4 de septiembre los médicos le dijeron que su pequeña Viviana tenía amioplasia congénita.

“Los doctores se secreteaban, me la mostraron rapidito y se la llevaron. La doctora me dijo que había nacido con un problema pequeño, todo para que yo no me asustara pero luego llamaron a Nain (papá de Viviana) y le contaron la verdad”, dice Sandra.

Según el médico Luis Dulcey, “los niños con amioplasia comúnmente sufren de hombros rotados internos, codos extendidos y muñecas flexionadas en el cúbito. La mayoría tienen un padecimiento simétrico en las extremidades”.

Efectivamente, Viviana nació con esta enfermedad, “ella nació doblada y tenía hacía atrás la cabeza. Una piernita la tenía hacía atrás, no tenía mentón, no tenía hombros, eran lisitos y no podía comer nada”, cuenta Nain Navarro, su papá.Al día siguiente fue trasladada a una clínica de mayor nivel para ser tratada.

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Sandra Día y Nain Navarro junto a su hija Viviana.

Foto:

Édgar Vargas

Le conectaron una sonda para alimentarla, allí estuvo 72 días, fue sometida a dos intervenciones quirúrgicas, le hicieron una cirugía para corregirle los pies y una gastrectomía.

Cuando Viviana cumplió dos meses y 12 días de nacida, le dieron de alta.

“Yo toda nerviosa, como mamá primeriza solo pensaba en cómo la iba a bañar, a cuidar y a limpiarle las heridas, pero la doctora me dijo que tenía que llevármela porque corría riesgo de que se le pegara alguna bacteria. Le pedí a Dios y me fui para la casa”, dice Sandra.

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Para el día de la madre del año siguiente, Viviana cumplía ocho meses de nacida y fue aquél mes de mayo cuando por primera vez recibió alimentos por vía oral y pudo dejar atrás la sonda.

“Una vez un doctor me dijo: no se aferre a esa niña porque usted no sabe si a la niña le puede dar un paro respiratorio y se muera- pero yo le pedí a Dios y como toda madre siempre creí en que si me dio la oportunidad de que ella naciera era por algo”, relata Sandra.

Durante sus primeros seis años de vida, Viviana estudió en la casa- “Aprendí en la casa las vocales, a escribir, los números, los colores, todo lo de preescolar y ya cuando yo entré al colegio me hicieron una evaluación y como ya sabía la mayoría de cosas, me pasaron a primero primaria”, cuenta Viviana.

En ese enero del 2013, sus padres notaron que Viviana amaba estudiar, que se esforzaba diariamente para aprender y lo hacía rápidamente. Desde entonces tienen como objetivo lograr que su hija sea una gran profesional.

Ella no tiene función motora en sus piernas y brazos, esto le ha dificultado llevar una vida igual a sus compañeros de clase. Debe escribir con la boca y manejar su celular con la quijada.

Su mamá la lleva al colegio en una silla de ruedas que le dio la Alcaldía de Bucaramanga, la acompaña durante todos los recreos para ayudarle a comer y a la salida su papá la recoge en el carro con el que trabaja haciendo acarreos que le salen esporádicamente.

A sus doce años, Viviana cursa séptimo grado en la Institución Educativa La Medalla Milagrosa en el barrio El Porvenir, incluso es menor que muchos de sus compañeros, a quienes describe como sus ‘guardianes’.

“Muchos niños han sufrido de 'bullying' pero yo que soy así físicamente nunca he sentido nada de eso. Una amiga me dijo que si se podía sentar al lado mío y ella es la que me alcanza el lapicero cuando se me cae y siempre está pendiente”, relata Viviana con una sonrisa en su rostro.

Nain cuenta con orgullo que en el colegio la admiran. “Los profesores la quieren mucho, le han ayudado durante todos los años que lleva estudiando allá. Sus compañeritos siempre están con ella, la quieren mucho”, dice.

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Viviana canta todos los días, incluso, quería ser cantante pero ahora su pasión es el dibujo, tiene una agenda donde la mayoría son animales plasmados con marcadores y se inclina por estudiar diseño gráfico.

Vive en un barrio humilde de Bucaramanga, aledaño al relleno sanitario El Carrasco, junto a seis familiares más, su mamá no puede trabajar porque debe cuidarla, su padre vive del día a día y no han podido comprarle un computador para que ella pueda estudiar más fácilmente.

La virtualidad de las clases por la pandemia que se registra por el coronavirus, le ha dificultado a Viviana hacer sus tareas y enviarlas.

Un computador le facilitaría la realización de las tareas, sobre todo las de informática.

“Las tareas de informática las hago a mano y las envío por WhatsApp, a veces me prestan un computador los vecinos pero es difícil”, relata Viviana.

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Viviana utiliza su mentón para manejar su celular, dispositivo por el que envía sus tareas.

Foto:

Édgar Vargas

Al escribir con su boca, Viviana se demora formando cada curvatura de las letras, su caligrafía es muy buena, tiene gran habilidad, sin embargo, se cansa cuando debe escribir mucho.

“Trabajamos con fotocopias, tareas que me envían por WhatsApp, los profesores me ayudan mucho pero yo debo dedicarme muchas horas para poder escribir y enviar las tareas”, dice Viviana.

Justamente sus profesores, esos que la han visto crecer y su evolución tanto física como cognitiva, conocen la dificultad que tiene Viviana para poder escribir sin un computador y están realizando una colecta con familiares y amigos para poder comprarle un equipo de cómputo pero no han logrado recoger el dinero suficiente para donarle el computador a Viviana.

“Sabemos lo que ella se ha esforzado por avanzar cada año escolar, la conocemos desde los seis años y por eso estamos recogiendo este dinero o pidiéndole a alguien que done este computador que sus padres no pueden comprarle”, le dijo a EL TIEMPO una de las profesoras de Viviana.

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A diario, estudia inglés en una aplicación desde su celular, que maneja audazmente con su quijada, porque es una de las metas que se puso, aprender otro idioma.

“Yo no me dejo afectar por mi condición y el hecho de que mis compañeros no me rechacen ha hecho que yo no me rechace a mí misma. Solo les digo a todos que sean felices y confíen mucho en Dios”, dice Viviana con una sonrisa en su rostro.

Sus doce años de vida, son ejemplo para muchas personas, sus padres aún no creen que la tengan con ellos, contra todo pronóstico y con bajos recursos, hoy son una familia feliz y Viviana tiene un carisma que irradia ganas de vivir.

Los interesados en ayudar a Viviana, pueden contactarse al correo electrónico: arodriguez@eltiempo.com 

MARÍA ALEJANDRA RODRÍGUEZ CASTELLANOS
Corresponsal de EL TIEMPO
BUCARAMANGA
En Twitter: @MariasRodriguez

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