Las bolitas de leche sucreñas que se fueron por el mundo

Las bolitas de leche sucreñas que se fueron por el mundo

Yazmín Morales las sacó de Sincé (Sucre), las industrializó y ahora las vende como ‘Bolileche’.

Bolileche

‘Bolileche’ genera 6 empleos directos, y más de 30 de manera indirecta. Cuenta con una máquina especial que coge la masa y la homogeniza, reemplazando así el proceso que se hacía a mano.

Foto:

Juan Sebastián De la Ossa

Por: Luz Victoria Martínez 
01 de julio 2019 , 05:23 p.m.

Llevar a cada rincón del mundo el sabor de la tierra sucreña, a través del delicioso y deleitante sabor de las bolitas de leche, es la meta que tiene trazada la emprendedora Yazmín Amparo Morales, una contadora pública de profesión, que decidió renunciar a trabajar como empleada para arriesgarse a construir empresa.

Sincé, capital ganadera del departamento de Sucre, es el lugar donde nació este proyecto llamado ‘Bolileche’, hace 22 años, como un juego de niños, pero hoy ya es una empresa fortalecida y reconocida a nivel nacional.

La historia de la primera producción de las bolitas, que se derriten al contacto con el paladar, se inicia cuando Morales, una mojanera de Sucre (Sucre), llegó a Sincé a sus 7 años, traída por sus padres, que decidieron emprender futuro en la tierra agrícola.

Ya instalada, le despertó interés el ganar dinero extra a través de la elaboración de las curiosas bolitas, que ya había probado, y que sabía que eran elaboradas artesanalmente por algunas familias del pueblo.

“En Sincé, hace más de 100 años, según una investigación que hice, están elaborando la bolita de leche. Son hechas por algunas señoras en sus casas, con solo 2 o 5 litros de leche. Empacan unas cuantas en bolsas plásticas, para aquellos que quieran llegar a comprarlas. Aprendí de una vecina que a su vez obtuvo la receta o el punto de cocción perfecto de su bisabuelita”, relató Morales, de 41 años.

El reto de la primera producción se dio durante su adolescencia, aunque confiesa, en medio de risas, que las bolitas de leche eran irregulares en su tamaño, no tan circulares.

“Puse a cocinar la leche en un calderito, alrededor de 3 horas, en un fogón de leña. Le adicioné azúcar, lo revolví para encontrarle el punto, pero le pedí ayuda a la hija de mi vecina y se puso a reposar en una tabla de madera por 2 horas. Luego se hacía el amasado a mano para lograr la solidificación y, por último, el embolado o la armada de las bolitas, calculando su tamaño al ojo. Hice entre 15 a 25 litros de leche que mi papá me regaló y salieron entre 350 y 400 bolitas, que vendí a 100 pesos cada una”, refirió.
Morales agregó que el proceso lo hacía bajo una choza de palma todos los fines de semana, cuando no tenía clases en el colegio.

En Sincé, hace más de 100 años, según una investigación que hice, están elaborando la bolita de leche. Son hechas por algunas señoras en sus casas, con solo 2 o 5 litros de leche

Al comenzar en Sincelejo su carrera universitaria como contadora, suspendió la producción por la falta de tiempo, pero de inmediato sintió el hueco que dejó en su economía el hecho de no seguir percibiendo esos ingresos extras.

Entonces sintió el impulso de retomar la producción. Sin embargo, su intuición la llevó a formalizar más el negocio por lo que hizo un mini estudio de mercado, percatándose de que la capital sucreña tenía ausencia en sus dulcerías de las bolitas de leche.

“Decidí empezar con unas pocas para hacer medición de la acogida del producto y se vendieron como pan caliente”, contó.

Confesó que siempre quiso ser independiente y que no estaba en su mente cumplir un horario estricto de trabajo, aunque al principio reconoce que intentó ubicar su hoja de vida, pero el intento fue en vano.

Es así como, incluso en contra de lo que pensaban algunos familiares, decide darle vida a su empresa de bolitas de leche. 

“Llegué a una dulcería a proponerlas y la dueña aceptó, con la condición de que en se las diera en unos tarros plásticos que ella me dio. Así me hizo el primer encargo de 5 tarrinas de 60 unidades para vender cada bolita de leche a 100 pesos. Fui a otras dulcerías y entre varias me hicieron un pedido de 20 tarrinas, lo que ya fue grande para mí”, dice con voz nostálgica.

Con la nueva clientela, Morales vio la necesidad de contratar un ayudante, quien a pesar de sus 14 años tenía la experticia para darle la redondez que cada bolita requería, lo que le dio al producto una mejor presentación.

El nuevo estilo la animó más y aprovechando una invitación que le hicieron a Cartagena, ciudad que no conocía, empacó varias cajas para aprovechar y mostrar su producto.

“Pensé en cambiar el empaque y no llevarlas en tarrinas de 60, entonces recordé que en una terminal de transportes me ofrecieron unas brevas en un empaque más pequeño y que le daba mejor presentación y las metí allí, envueltas en unas películas transparentes. Mandé a imprimir las primeras etiquetas, pero con el nombre de ‘Boleche’”, rememoró.

El producto entró a Cartagena por la puerta grande, dado que el esposo de su cuñada, iba al aeropuerto a recibir una amiga que llegaba de México, lo que provechó para dar a conocer las bolitas de leche.

Y contó con tan buena suerte que lograron cautivar a dos dueños de estand, que hicieron un pedido cada uno de 15 bandejitas. Hoy conserva estos clientes, pero con pedidos de 100 y 125 empaques.

“Mis clientes en Cartagena aumentaron y allá se vendía a mejor precio, por lo que decidí no seguir surtiendo a las dulcerías en Sincelejo, donde solo las pagaban las 30 tarrinas en 25 mil pesos. Y es que además no tenía el personal suficiente para cubrir ambos mercados”.

Bolileche

YazmÍn Morales creyó desde un principio en el potencial que tenía ese producto que hacía de forma artesanal.

Foto:

Juan Sebastián De la Ossa

Y llegó el Sena

Asegura que conoció sobre el apoyo que brindaba el Sena a los emprendedores, mediante el Fondo Emprender. Durante un año, estructuró su proyecto, en el que se vio obligada a crear una nueva empresa, porque era una de las exigencias.

“Le di vida a ‘Bolileche’ y el Sena me aprobó 93 millones, porque le puse el componente innovador, que fue la máquina emboladora, que además no existía y que tampoco sabía de dónde la iba a sacar. Cristian Figueroa, mi sobrino, en ese entonces con 24 años, investigó y con sus conocimientos de arquitecto, la diseñó, basado en cómo yo la soñaba y se pagó por su armado a una empresa que fabrica maquinaria. Con esa máquina emboladora hoy se producen 4 mil bolitas en dos horas con 150 litros de leche”, recuerda con orgullo Morales.

Hoy Bolileche, cuenta con una infraestructura óptima, con código de barra, registro Invima y hace presencia en los aeropuertos de Cartagena, Santa Marta, Barranquilla y Montería.

Además realiza ventas tienda a tienda en la región Caribe y hace presencia en Tuluá (Valle del Cuaca).

Hoy su producto llega a Estados Unidos y Canadá, incluso hasta Asia.

LUZ VICTORIA MARTÍNEZ 
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
SINCELEJO.

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