El duro mensaje de un beneficiario de Ser Pilo Paga al Gobierno

El duro mensaje de un beneficiario de Ser Pilo Paga al Gobierno

A Cristian Beltrán, un joven campesino de Curití, Santander, el programa le cambió su vida.

El duro mensaje de un beneficiario de Ser Pilo Paga al GobiernoA Cristian Beltrán, un joven campesino de Curití, Santander, el programa le cambió su vida.
SER PILO PAGA

Jaime Moreno/ EL TIEMPO

10 de septiembre 2018 , 09:54 a.m.

Crecer en una familia campesina no es fácil, y menos cuando la única tierra segura que se tiene es la del cementerio, si acaso logramos ocuparla. El reto de cada mañana siempre es llegar al final del día, porque vivir en la Colombia rural se ha convertido en cuestión de supervivencia.

Me llamo Cristian Eduardo Beltrán Velásquez, tengo 20 años y soy beneficiario del programa Ser Pilo Paga. Vengo a contarles una historia que nació en la vereda Irapire del municipio de Curití, en Santander, donde la adversidad se convirtió en mi mejor aliado durante los años de infancia, y las enseñanzas de una vida colmada de necesidades me forjaron el carácter para salir adelante.

Soy el séptimo de nueve hermanos, seis mujeres y tres varones que nos levantamos desde pequeños al trabajo del campo, eso sí, sin descuidar el estudio, porque al menos el bachillerato teníamos que cursar. La frase constante de mi papá es: “aprovechen el estudio porque es la única herencia que les puedo dejar”.

Mis papás han sido administradores de finca desde que conviven juntos hace 22 años, cuando él le propuso a mi madre dejar a su primer esposo e irse con él, pese a que ella ya tenía seis hijos del primer matrimonio.

Después del colegio, lo que siguiera para la vida sería mi responsabilidad. Mis hermanos mayores salieron para San Gil, un municipio cercano, donde vieron oportunidades pero no pudieron seguir sus estudios. Mi futuro sería seguir el camino de ellos, quizá trabajando en construcción o como ayudante en los talleres de mecánica.

Cuando vi que se acercaba la hora de irme de la casa, tenía claro que debía tomar una decisión, pues aunque solamente quedábamos los tres menores con nuestros padres, la situación obligaba a buscar formas de ganarme el sustento por mi cuenta. Por eso busqué alternativas laborales que me dieran lo suficiente para pagarme los últimos años del colegio.

Gracias a un contacto de mi hermana mayor conseguí a un comerciante de queso campesino, quien me ofrecía la mercancía a crédito para que pudiera venderla y pagarla en la siguiente entrega, así que en las tardes de jueves mi oficio era recorrer las calles de mi pueblo con una canasta de quesos en brazos, ofreciendo el producto en tiendas y supermercados, hasta que poco a poco iba fidelizando clientes.

Con la ganancia que me dejaban los quesos y los caramelos que vendía en el colegio, compré una cabra, después unas gallinas y a Azulejo, un ternero que vendí hecho toro. Poco a poco me rebuscaba la vida y al menos pagaba mi uniforme, libros y el refrigerio de las jornadas escolares.

En el colegio era estudiante promedio, había quienes se desempeñaban académicamente mejor y peor que yo; sin embargo, mis capacidades para proponer respuestas a problemas sociales hizo que me ganara el respeto entre mis compañeros, con disciplina, que era mi fortaleza, y el cariño de los profesores procuraba siempre atender las reglas. De ahí que doy testimonio sobre aquél adagio japonés: ‘la disciplina supera la inteligencia’.

En mi municipio tengo la dicha y responsabilidad de ser motivo para buscar la superación y el crecimiento personal

Cuando presenté mi examen de Estado lo hice consciente de que no serviría de mucho, habíamos hecho un preicfes en el que habíamos aprendido algunas técnicas de respuesta, pero por la escasez de oportunidades y la falta de plata de mi familia no esperaba entrar a una universidad el año siguiente; sin embargo, cuando supe que por mi buen promedio en la prueba me había ganado la posibilidad de acceder al crédito condonable a través del programa Ser Pilo Paga, la vida me cambió por completo.

La Comunicación Social me había seducido desde que en 2014, mientras cursaba once, sin conocer el asunto me inscribí en una carrera técnica en Comunicación Comunitaria a la que asistía los sábados y, un mes después, empecé a trabajar en la emisora del pueblo gracias al párroco que me aceptó para aplicar en el medio lo que iba aprendiendo. Por eso, después de averiguar las condiciones del programa Ser Pilo Paga, empecé a estudiar Periodismo en la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB).

Es difícil que el gobierno de Duque encuentre un plan mejor

Ya han pasado casi 4 años, ahora estoy en mi etapa de práctica profesional en la Casa Editorial EL TIEMPO, en diciembre me graduaré y seré uno de los primeros profesionales que estudió con este beneficio, sin el cual muy seguramente tendría otro destino, pero que sin duda no solamente cambió mi vida, sino la de mi familia y una comunidad, pues en mi municipio tengo la dicha y responsabilidad de ser motivo para buscar la superación y el crecimiento personal.

Es difícil que el nuevo gobierno del presidente Iván Duque encuentre un plan mejor que Ser Pilo Paga, pues aunque el impacto es en un reducido número de estudiantes, las vidas que se cambiaron, como la mía, se convierten en resultados tangibles de una política orientada a dar oportunidades de estudio a las personas de escasos recursos.

CRISTIAN BELTRÁN
Beneficiario de Ser Pilo Paga

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