Secciones
Síguenos en:
Una solución caída del cielo para Tierra Bomba
Tierra Bomba.

Tierra Bomba.

Foto:

Cortesía

Una solución caída del cielo para Tierra Bomba

FOTO:

Cortesía

Sistema de recolección de aguas lluvias podría solucionar falta de agua potable que padece la isla.

El paisaje no podría ser más desigual. Hacia el frente, lo componen los altos y modernos edificios que no dejan de levantarse y venderse a precios de especulación sobre la bahía de Cartagena. Hacia atrás, las calles de polvo de la isla de Tierra Bomba, sus pocas e insuficientes escuelas, sus tiendas abastecidas según las posibilidades, algunos hoteles y sus casas pintadas de todos los colores, con columnas de madera y muros no pocas veces corroídos por el salitre.

(Le recomendamos leer: La tragedia de los Riatiga: el covid mató a ocho de sus familiares)

Entre ambos paisajes se extiende el mar, una barrera natural que en su zona más estrecha mide poco más de un kilómetro y medio. Una distancia mínima, pero suficiente para imponer realidades tan distintas.

Las diferencias entre la Cartagena continental y esta isla no son solo contrastantes, sino insalvables. Un estudio publicado por la Universidad Nacional en 2016 reveló que en Tierra Bomba, donde más de la mitad de la población vive en pobreza extrema, se paga cuarenta veces más por agua no potable de lo que se haría en Bocagrande y Castillogrande, dos de los barrios más exclusivos de la ciudad heroica.

A falta de un sistema de acueducto y alcantarillado, que se ha prometido durante décadas, el agua para el consumo humano en Tierra Bomba debe ser transportada a través del mar en condiciones que no garantizan su salubridad, pues con frecuencia termina contaminada por el óxido de los recipientes o por filtraciones de agua salada. Al llegar a la isla, el líquido se deposita en albercas privadas en las que su calidad también se pone en riesgo, ya que en ocasiones se ubican muy cerca de los pozos sépticos en los que desembocan las letrinas, la única opción viable ante la ausencia de una infraestructura sanitaria adecuada.

(Además: El Bloque Popular de Salud que surgió en las protestas de Medellín)

Día tras días los miembros de la comunidad se desplazan hasta esas albercas para adquirir unas piletas a precios mortales para sus ya afectadas finanzas. Con la pandemia por el coronavirus y las medidas para contenerla, la situación de las familias, dedicadas en buena parte a la pesca y al transporte de turistas, se ha vuelto aún más apremiante.

Ederson Reales, presidente de la junta de acción comunal, asegura que con este duro golpe a sus bolsillos, los habitantes de Tierra Bomba se han visto obligados a sacrificar incluso más necesidades que antes para seguir abasteciéndose de un agua perjudicial para su salud. Aunque la hierven para el consumo, muchas veces los niños terminan con enfermedades gastrointestinales y dermatológicas que los precarios centros de salud de la isla no están en capacidad de atender.

(De interés: Un comerciante fue asesinado por sicarios en el sur de Cali)

Con la pandemia por el coronavirus y las medidas para contenerla, la situación de las familias, dedicadas en buena parte a la pesca y al transporte de turistas, se ha vuelto aún más apremiante.

Foto:

Cortesía

Promesas incumplidas

Tras décadas de vivir bajo condiciones imposibles, la comunidad acudió a instancias judiciales en búsqueda de una solución. En el fallo de una acción popular interpuesta en 2007, el Juzgado Primero Administrativo de Cartagena ordenó a la empresa de servicios públicos Aguas de Cartagena, Acuacar, proponerle al distrito la ejecución de estudios, diseños y la construcción de un sistema de acueducto y alcantarillado para Tierra Bomba. A su vez, le exigió a la alcaldía elaborar un estudio de factibilidad y contemplar al menos tres alternativas para garantizar el derecho al agua en la isla. Sin embargo, las decisiones judiciales, ratificadas por el Tribunal Administrativo de Bolívar, no fueron suficientes para combatir el abandono al que ha estado sometida Tierra Bomba.

A propósito del bicentenario del sitio de Cartagena, en 2016 el Congreso aprobó la ley 1784. Además de exaltar el evento histórico, la norma autorizó al gobierno para gestionar recursos con los que se impulsarían grandes proyectos sociales, culturales y de infraestructura en la ciudad, incluyendo el desarrollo de un acueducto en Tierra Bomba. Pero estas intenciones con fuerza de ley tampoco tuvieron ningún efecto al momento de ser ejecutadas.

El asunto, en forma de tutela, llegó a las manos de la Corte Constitucional en 2019. Una vez más se le ordenó a Acuacar y al distrito de Cartagena solucionar las condiciones higiénicas y garantizar el acceso al agua a Bocachica, uno de los cuatro corregimientos de la isla, que a consecuencia de la sentencia recibió agua solo en dos ocasiones, sin ningún arreglo de fondo para sus habitantes ni para el resto de Tierra Bomba.

(Lea también: Tuluá, del horror de decapitado al hallazgo de otro joven en el río)

En algún momento se consideró la posibilidad de que los aljibes y pozos subterráneos existentes en la zona pudieran ser una alternativa para abastecer de agua al territorio. Por orden de la Corte Constitucional, la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique elaboró un estudio que reveló que estas opciones no solo eran insuficientes para la cantidad de habitantes, sino que el agua reposada en estos lugares no era apta para el consumo humano.

El año pasado, mediante su cuenta de Twitter, Acuacar anunció la construcción de una tubería submarina que haría realidad el sueño de los isleños de tener un sistema propio de agua potable. Pese al anuncio y a distintos videos institucionales divulgados por sus redes sociales, Ederson Reales dice que no ha habido ninguna clase de comunicación sobre los planes de la empresa en la isla.

Al llegar a la isla, el líquido se deposita en albercas privadas en las que su calidad también se pone en riesgo.

Foto:

Cortesía

Una vida en el olvido

Hubo un tiempo, muy lejano, en el que Tierra Bomba aparecía en el mapa de intenciones políticas. Hacia 1796, tras un siglo en el que la isla había sido un punto estratégico para enfrentar los ataques de piratas e imperios extranjeros, se resolvió trasladar ahí a los enfermos de lepra del hospital de San Lázaro, cuya expansión junto al Castillo de San Felipe empezaba a obstruir la vista desde este fortín militar.

La zona escogida para aislar a los pacientes fue Caño del Oro, entonces poblado por afrodescendientes y hoy uno de los corregimientos de Tierra Bomba. Durante el siglo y medio en que el lazareto funcionó en ese lugar, se construyó una iglesia, un teatro, y hubo un constante abastecimiento de insumos que a la larga beneficiaron al resto de la isla. Pero en 1950 los enfermos fueron trasladados al leprocomio de Agua de Dios, y como solución para acabar con los vestigios de lepra, la Fuerza Aérea bombardeó la isla, reduciendo a ruinas el pueblo todavía habitado.

(Además: En comuna 13 se populariza café con polémica imagen de Pablo Escobar)

Desde entonces Tierra Bomba se ha mantenido al margen de la agenda nacional. Ni sus reclamos por el agua, ni sus exigencias por un sistema que proteja su costa del fuerte oleaje que ha erosionado las playas y arrastrado casas construidas junto al mar, han sido escuchados. Ante la frustración por el silencio de las autoridades, el corregimiento de Tierra Bomba se organizó para una abstención total en las elecciones legislativas de 2014, una forma de protesta que volvió a ser contemplada para los comicios regionales de 2019.

Ni siquiera en tiempos de pandemia, en los que el lavado de manos y la desinfección se han consagrado como las primeras líneas de defensa contra el coronavirus, se ha ofrecido una respuesta para este lugar en el que cada gota es un lujo. Según Reales, desde el inicio de la emergencia sanitaria no han recibido más que dos bongos de agua dispuestos por la Armada Nacional.

La dimensión del proyecto de Tierra Bomba requiere una gran financiación.

Foto:

Cortesía

Una solución a la vista

A pesar del oscuro panorama instalado desde hace tanto en Tierra Bomba, un modelo inspirado en prácticas de la India, donde el principio de cosechar aguas lluvias es una tradición milenaria y una obligación legal, podría ser una opción viable para esta población.

Se trata de un sistema de cubiertas que captan la lluvia mediante canaletas y bajantes para conducirla a tanques de almacenamiento con dos clases de filtros que dan como resultado un agua apta para el consumo humano.

Para Andrés Martínez, director general de VIC, una compañía especializada en planes estratégicos y sostenibles para el sector inmobiliario, esta alternativa, que no requiere de energía ni tecnología avanzada, remediaría la difícil situación que los habitantes de Tierra Bomba padecen en la actualidad.

El año pasado, el Ministerio de Vivienda, mediante el decreto 1688, dio luz verde para que esta clase de mecanismos pudieran establecerse en lugares en los que la construcción de un acueducto es todavía una tarea pendiente. Con esta normativa, los gobiernos locales pueden destinar recursos para poner en marcha estos proyectos y garantizar el acceso al agua potable, un derecho que según Naciones Unidas se encuentra directamente relacionado con otros, como los derechos a la alimentación o a la educación.

(En otras noticias: En Cartagena una construcción ilegal en altamar funciona como bar)

De la mano de la comunidad y de la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos, VIC ha trabajado para idear una propuesta en la que la población de Tierra Bomba participe activamente en el montaje y la administración del sistema.

Según Martínez, la instalación de 12 piletas en puntos estratégicos de la isla sería suficiente para satisfacer la demanda diaria de agua de las familias de la isla durante todo el año, con independencia de los meses secos y de los lluviosos. La propuesta incluye también una capacitación para que los habitantes de Tierra Bomba se apropien del sistema. Además, se plantea que las mujeres de la comunidad sean las encargadas de distribuir el agua de manera equitativa, con el propósito resaltar su rol como líderes del hogar y de la sociedad, tal y como se ha hecho en programas similares desarrollados en África y en países como Perú o México.

Un plan piloto de esta naturaleza ya fue implementado por VIC para beneficio de los niños de la Escuela de Robótica del Chocó, quienes ahora cuentan con acceso a agua potable mediante un sistema que no necesita de mayor mantenimiento. De igual forma, recientemente el modelo fue replicado con éxito en una vereda de Anapoima, Cundinamarca, y se tiene prevista una nueva instalación para un colegio del Urabá antioqueño.

La dimensión del proyecto de Tierra Bomba requiere una financiación mayor, por lo cual VIC está reuniendo fuerzas del sector público y de organizaciones no gubernamentales para respaldar su ejecución.

Apenas por una fracción de los monumentales costos de un acueducto tradicional, los habitantes de Tierra Bomba podrían ver finalmente satisfecha esta necesidad que han reclamado durante tanto tiempo, con la ventaja adicional de que no tendrían que pagar un solo peso por un servicio que, bajo las condiciones actuales, se ha convertido en una verdadera condena.

ALEJANDRO MORENO
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.