Alerta en el Cesar por el aumento en los casos de suicidios

Alerta en el Cesar por el aumento en los casos de suicidios

Autoridades empezaron plan de trabajo, analizando factores incidentes y trazando acciones inmediatas

Suicidio alerta a autoridades del Cesar

El suicidio ha despertado inquietud en las autoridades sanitarias en el Cesar que debido a su aumento trabajan, de manera coordinada, para frenar el fenómeno

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Archivo/EL TIEMPO

Por: Ludys Ovalle Jácome
02 de septiembre 2018 , 01:55 p.m.

“Cuando intenté quitarme la vida, sentí que lo había perdido todo. Que no era realmente aquella mujer que estaba frente al espejo: demacrada, agobiada, desmoralizada, pálida, extremadamente delgada y sin brillo en los ojos”, refiere *Valeria (identidad protegida), quien a sus 40 años pasó por dos intentos de suicidio, pero que tras la intervención oportuna de su entorno familiar no entró a la lista de muertes por esa causa.

El complicado fenómeno tiene alarmada a la comunidad del Cesar, ya que en los últimos meses la tendencia de suicidios en el Departamento, ha ido creciendo.
De acuerdo con las estadísticas de la Secretaría de Salud del Cesar, a través del Sistema de Vigilancia en Salud Pública (Sigivila), durante la semana 30 del presente año se registraron 31 casos, 20 de ellos en Valledupar.

Sin embargo, esos datos no coinciden con los de otras fuentes extraoficiales que dan cuenta de 36 casos a nivel departamental, 22 de ellos en la capital del Cesar, y el resto en Aguachica, Codazzi, Chimichagua, La Gloria, Río de Oro, Pelaya, Pailitas, San Alberto y La Jagua de Ibirico.

Pero detrás de estas cifras surgen interrogantes que se formula la comunidad. El médico especialista en siquiatría y jefe de salud mental del Hospital Rosario Pumarejo de López de Valledupar, Álex Sandro Mindiola Romero, explicó que, de acuerdo al estudio, el Ministerio de Protección Social, en 2.003 se vislumbró un crecimiento exponencial de las enfermedades mentales, a tal punto que se calcula que para el 2.020, serán más frecuente, y superarán las cifras de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

En el caso de Valledupar, la patología número uno en salud mental es el trastorno depresivo mayor. La complejidad de este fenómeno es uno de los factores predominantes en el desencadenamiento de los suicidios en esta sección del país.

“Por esta cadena de situaciones las cifras eran esperables, lo que es preocupante, porque cada vez que pierde la vida un ser humano nos alerta a todos”, subraya, Mindiola Romero.

Entre los factores de riesgo que desarrolla la conducta suicida se destacan la depresión mayor, la disfunción familiar, la sicosis, la esquizofrenia, la violencia de género, el consumo de sustancias sicoactivas, trastornos por estrés postraumático y trastornos adaptivos.

“El 10 por ciento de los pacientes que sufren trastorno depresivo mayor se suicidan. Muchas de estas personas que padecen estos múltiples factores de riesgo no han sido identificadas como pacientes con un problemas de trastorno mental y en una reacción impulsiva agresiva, la persona puede quitarse la vida, como los 20 casos de ahorcamientos que han ocurrido a nivel departamental”, sostiene el especialista.

De igual manera, componentes como el desempleo, la violencia, la inseguridad, la pérdidas de un ser querido, conductas de manoteo, divorcios, alto consumo de alcohol y el aislamiento, se suman a las posibles causas.

Las señales parecen ser muchas. Para la sicóloga, Alexandra Aponte Sagbini, quien tiene amplia experiencia en los programas preventivos de suicidios en esta región, este tipo de evento, es un fenómeno multicausal donde intervienen situaciones físicas, biológicas, sicológicas, genéticas, sociológicas y ambientales, calificándolos como un problema de salud pública y social.

“Nunca es una sola causa, tampoco respeta calendario ni estatus social o cultural. Generalmente, cuando toman esa decisión, lo hacen porque no ven otra salida a sus problemas, es lo que se conoce como “visión del túnel” y han intentado salir de él pero no lo consiguen”, explica Aponte Sagbini.

Agrega la profesional que aún existe desconocimiento en torno a estos signos y sobre el hecho de ignorar lo que la persona está diciendo: “Muchos confunden el detonante con el suicidio. Hay que entender que la persona no es que se quiera matar, sino acabar con sus problemas, la persona ha pasado por situaciones adversas. Por eso hay que revisar la historia de vida de la persona para analizar qué puede afectarle”, precisa.

Aléx Sandro Mindiola, psiquiatra

El psiquiatra Álex Sandro Mindiola Romero es uno de los profesionales que estudia la problemática.

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Ludys Ovalle/EL TIEMPO

Otros signos, como la carencia de fe y esperanza en algunas personas les impiden ver a los afectados más allá de los problemas, de los traumas y de las dificultades que la vida les presenta. Por la falta de creencia en algo superior, la persona acaba entregándose a los caprichos de la depresión, de infinidades de enfermedades y hasta de la propia muerte, en casos más graves.

“Según la filosofía antigua, el hombre tiene cuerpo y alma. A veces nos preocupamos más por alimentar más nuestro cuerpo y nos olvidamos de alimentar esa alma que Dios ha puesto, y finalmente es la más afectada porque se alimenta del encuentro con nuestro Padre”, afirma el presbítero de la parroquia San Francisco de Asís de Valledupar, Audrey Troya Toloza.

Magnitud de la situación

En el Cesar, el poco alentador panorama ha captado la atención de todos los sectores de la sociedad, dado que entre las cifras de suicidios se encuentran siete menores de edad. Según el médico siquiatra, el hecho de que estos pequeños quieran desconectarse del mundo es más que un campanazo de alerta y podrían evidenciarse inestabilidades afectivas.

“Muchas veces hay algo que se llama difusión de identidad. Si bien es cierto, nosotros tenemos que hablar de una personalidad estructurada de los 18 años en adelante, que son las clasificaciones internacionales de enfermedades y trastornos relacionados con la salud mental que nos rigen en siquiatría (DSM5 y CIE10, códigos para clasificar estas enfermedades). En este caso, estos pacientes menores o jóvenes, experimentan inestabilidad afectiva, problemas con la figura de autoridad, impulsos frenéticos donde el niño no encuentra un equilibrio emocional que puede ser secundario a la difusión de los padres”, explica.

La prevención del suicidio demanda un esfuerzo interinstitucional, integral, coordinado y contínuo, a fin de ofrecer alternativas de realización personal a los pacientes en situaciones de crisis.

En este sentido, las secretarías de Salud Departamental y Municipal vienen articulando un trabajo para salvaguardar las vidas de los eventos notificados por Sivigila, a través de rutas de atención.

Hay que entender que la persona no es que se quiera matar, sino acabar con sus problemas, la persona ha pasado por situaciones adversas. Por eso hay que revisar la historia de vida

Se han socializado protocolos de atención y la guía de práctica clínica para la conducta suicida del Ministerio de Salud y Protección Social a los profesionales de la salud que laboran en los hospitales de primer nivel de Aguachica, Manaure, Curumaní y Valledupar.


Este año se ha realizado seguimiento a la prestación de los servicios individuales de salud mental a las EPS del Cesar y visitas de seguimiento para verificar el cumplimiento de las rutas de atención.

“Hemos priorizado los intentos de suicidios en menores de 14 años ya que en este territorio ha ido en aumento los intentos en este grupo para lo cual hemos desarrollado comités extraordinarios de salud mental en los municipios donde se han presentado”, dice el secretario de Salud departamental, Nicolás Mohrez.

Además, se han desarrollado procesos de atención para los intentos de suicidios con la socialización y adopción del instrumento Supre de la OMS para médicos generales en la baja complejidad del Departamento y capacitación virtual en convenio con la Universidad el Norte de Barranquilla, donde se han formado 104 profesionales entre médicos, enfermeras y sicólogos y otros actores interinstitucionales de la región.

A esto se suman las políticas y acciones para promoción de salud mental y prevención de sustancias sicoactivas en los entornos escolares, universitarios y con la comunidad y se han creado protocolos para la atención de la línea vital que se define como una línea de emergencia para la atención de crisis emocionales y la escucha.

“Hemos atendido 83 personas por medio de la herramienta psicochat, creada con el propósito de brindar primeros auxilios sicológicos vía web. También, hemos conformado un grupo de apoyo para sobrevivientes del suicidio en Valledupar”, destaca el Secretario de Salud.

Si bien es cierto que en la región se están articulando estrategias desde varias vertientes, hay quienes opinan que los programas formativos de sensibilización, detección y abordaje de la ideación y la conducta suicida que llevan a cabo algunos profesionales sanitarios plasman algunas falencias a la hora de tratar al paciente. Otros sostienen que siguen faltando planes regionales en prevención de suicidios, como la dificultad que tienen muchos pacientes para acceder a la atención siquiátrica y sicológica.

Ludys Ovalle Jácome
Especial para EL TIEMPO
Valledupar

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