El video en el cual sacerdote del 20 de Julio confesaría abuso a niño

El video en el cual sacerdote del 20 de Julio confesaría abuso a niño

El padre García Salesman fue confrontado por menor víctima de abuso y reconoce que estuvo con él.

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El video en el cual sacerdote del 20 de Julio confesaría abuso a niñoAndrés* dice que la Iglesia no ha hecho justicia en su caso. La conversación se dio a mediados del 2012 entre Andrés* y el padre Gustavo Eliécer García Salesman. El fragmento está grabado en video, pero el diálogo duró más de una hora. En el momento de la confrontación, el entonces párroco de la iglesia Divino Niño Jesús, en el barrio 20 de Julio de Bogotá, se molestó y se fue.
Andrés, especial pederastia

Luis Lizarazo - EL TIEMPO

Por: Miguel Ángel Espinosa
15 de mayo 2019 , 08:59 a.m.

Andrés* fue víctima de un cura en el barrio 20 de Julio, en el suroriente de la capital colombiana. Dice que la Iglesia no ha hecho justicia en su caso.

- Padre Gustavo, entonces tengo que preguntarle: hace 30 años nos conocimos y recuerdo que usted me acariciaba, me tocaba y llegamos a tener relaciones.

- ¿Sí? ¿Y cuántas veces?

- Bueno, yo no recuerdo, fueron muchas. Tal vez unas 20.

- Esas sí se las imagina usted. Yo me acuerdo de una, un domingo, 4 de la tarde. Después de tres misas, usted no se imagina lo rendido que queda uno. Y usted se me presenta en pantaloneta. Fuimos a la habitación y eso duró como cinco minutos. Yo recuerdo una, las demás se las imagina usted.

La conversación se dio a mediados del 2012 entre Andrés* y el padre Gustavo Eliécer García Salesman. El fragmento está grabado en video, pero el diálogo duró más de una hora. En el momento de la confrontación, el entonces párroco de la iglesia Divino Niño Jesús, en el barrio 20 de Julio de Bogotá, se molestó y se fue.

La denuncia de Andrés se remonta a 1983. En ese sector del suroriente de la capital era reconocida la fama del padre García Salesman de ayudar a los necesitados. Si alguien tenía una necesidad, el párroco lo ayudaba con dinero y acompañamiento.

En ese entonces, uno de sus tres hermanos y él jugaban en un parque del barrio cuando apareció el párroco y les ofreció dinero a cambio de ayuda con algunas labores en la parroquia.

Un día me llevó a su habitación y ya ahí sí cometió el abuso. Me bajó la pantaloneta, me acarició e hizo lo que hizo

“Lo que nos ofrecía era limpieza y organización de los libros del apostolado bíblico –cuenta Andrés-; También organizábamos almanaques y velas. Todo eso”.

Sus labores no pasaron de lo cotidiano durante seis meses, hasta un día cuando, según cuenta Andrés, el padre le agradecía por sus labores mientras le acariciaba las piernas.

Fue el inicio de un periodo de 10 años. Una década en la que pasó de sus piernas a sus brazos, la espalda y, finalmente, no paraba de acariciar sus partes íntimas.

“Yo nunca supe lo que pasaba –asegura Andrés-; estaba muy pequeño y no entendía. Un día me llevó a su habitación y ya ahí sí cometió el abuso. Me bajó la pantaloneta, me acarició e hizo lo que hizo”.

Durante ese lapso de 10 años, Andrés señala que la forma de tratarlo del padre Eliécer era como la de una relación de pareja.
Todo terminó cuando, a los 18 años, este joven bogotano se fue a prestar el servicio militar.

Esto es asqueroso. Que yo haya sido como el novio de ese señor, me tuvo durante toda mi niñez y yo nunca hablé de esto

El proceso

Luego de los abusos cometidos por el párroco, Andrés vivió un periodo de confusión en su paso por el Ejército, pues lo que pasó en su niñez lo llevó a pensar que las relaciones sentimentales siempre debían ser entre hombres mayores y niños.

Ese choque con la realidad fue crucial, pues a partir de ahí las pesadillas empezaron a rondar sus noches y ya no paraba de pensar en ello.

“En ese momento me viene una sensación de asco y de culpa –asevera Andrés-; y de temor impresionante porque esto es asqueroso. Que yo haya sido como el novio de ese señor, me tuvo durante toda mi niñez y yo nunca hablé de esto”.

Esa sensación lo acompañó por muchos años. Su secreto lo consumía de tal forma que buscó refugio en el alcohol y las drogas.

No obstante, en su interior sabía que tenía que confrontarlo de alguna forma, pues así como él vivió tales abusos, muchos niños podrían, aún en el presente, estar viviendo esa misma situación.

Aún conservo el video porque él aceptó haber abusado de mí y lo tengo como prueba para que me puedan ayudar a denunciarlo.

Casi a diario, Andrés frecuentaba la iglesia y esperaba hablar con el padre, pero cuando estaba a punto de hacerlo, se congelaba y no podía.

Por eso, en 2010, cuando conoció a la mujer que hoy es su esposa decidió enfrentarlo. La cita se pudo concretar en el 2012.

“Fui, hablé con él y lo grabé –recuerda Andrés-. Aún conservo el video porque él aceptó haber abusado de mí y lo tengo como prueba para que me puedan ayudar a denunciarlo. Quiero que se haga justicia porque esto no puede quedar impune”.

Luego de hablar con él, intentó dirigirse a la Fiscalía, pero le dijeron que no se podía hacer mucho en su caso, así que fue a la Conferencia Episcopal y expuso lo que le había pasado y les pedía una condena ejemplar para el padre García.

Cuando lo confronté me respondió que si él fuera malo ya estaría en la cárcel, por eso me parece un descarado

Para su sorpresa, en la iglesia le ofrecieron 50 millones de pesos para enmendar los daños causados, pero Andrés no los aceptó y continuó su labor de sacar a la luz los crímenes del padre Gustavo García.

Así ha pasado desde entonces, ha hablado con las máximas autoridades de la Iglesia en el país y nada ha pasado.

“Cuando lo confronté -rememora-; me respondió que si él fuera malo ya estaría en la cárcel, por eso me parece un descarado y peor aún la Iglesia que lo defiende”.

Hace un año, cuando falleció la madre de Andrés, el padre fue hasta la clínica San Rafael para darle el pésame a su familia. Aquel episodio lo llenó de rencor y de nuevo fue a exigirle a la Iglesia respuestas, pero una vez más le ofrecieron 50 millones de pesos por su silencio.

Empezar de nuevo

En la actualidad, Andrés vive junto a su esposa y sus dos hijos en Tunja, no ha sido fácil superar lo que pasó y tampoco ha sido fácil esperar por justicia; no obstante, pasa sus días enseñando y realizando mantenimiento a computadores.

Hoy solo busca justicia, pues gracias a su familia ha logrado sobreponerse a lo sucedido en su niñez.

“Necesitamos que estas cosas no se repitan -insiste-; pero si la Iglesia le cubre la espalda a este tipo de abusadores, no hay esperanza para nadie. Cuando fue a visitarnos por la muerte de mi mamá no pude dejar de pensar en lo cínico que es. Esto es muy indignante”.

EL TIEMPO intentó ubicar al padre en la parroquia Divino Niño del 20 de Julio, pero las personas que trabajan en ese lugar aseguraron que el padre, hoy de unos 89 años, no puede atender al público por “situaciones”.

*El nombre fue cambiado por petición de la fuente

MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO
Redactor de Nación de EL TIEMPO

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