'Monchito' conoce todos los secretos de la Plaza de Toros de Manizales

'Monchito' conoce todos los secretos de la Plaza de Toros de Manizales

Román Antonio Bernal fue condecorado por la Alcaldía por sus 60 años de trabajo en la Monumental.

Monchito, monosabio de la plaza de toros de Manizales

Para Román Antonio Bernal, la pasión por la fiesta brava es esencial en su trabajo.

Foto:

Jonh Jairo Bonilla

14 de enero 2018 , 12:57 p.m.

‘Monchito’ se paró en la mitad del ruedo de la Monumental como todo un matador que está esperando la embestida del toro.

Era viernes a las 11 de la mañana, faltaban más de cuatro horas para que comenzara la corrida y los monosabios ya trabajaban para dejar lista la plaza en el quinto día de la 63 temporada taurina de Manizales.

Sin embargo, uno de ellos no estaba trabajando, se encontraba en el centro del albero recordando la faena más grande que vio en todos los años en que ha trabajado como monosabio. Pero quién le iba a negar el derecho a ‘Monchito’ de hacer un repaso de los 60 años que lleva en la Plaza de Toros.

La vida de Román Antonio Bernal, conocido como ‘Monchito’, quien hoy tiene 83 años, se partió en dos un día de toros en 1957, cuando vio por primera vez una corrida en la plaza de su ciudad natal. Ese día estuvieron el venezolano César Girón y el español Antonio Ordóñez.

Siempre le gustaron los toros y las corridas, pero no tenía plata para comprar un abono. Por eso debutó en la Monumental cuando comenzó a trabajar como monosabio. Podría decirse que ese día tomó la alternativa. Fue Francisco Vallejo, fundador de este grupo, quien acudió a él cuando arriaba ganado. Vallejo le mencionó que estaba conformando un equipo de trabajo, que iban a jugar partidos de fútbol y que laborarían en la Plaza de Toros. Cuando le comentó esa parte, no lo dudó, esa era su entrada a las corridas, de lo contrario “nunca hubiera podido entrar”, aseguró.
Desde entonces la Monumental se convirtió en su casa y ha sido testigo de toda la historia y de las más grandes hazañas de la fiesta brava manizaleña.

Su labor consiste en que todo esté listo para que la corrida salga perfecta. Son más de 50 funciones las que tienen los monosabios: soltar el toro, estar en las puertas del callejón, borrar las huellas, si se caen, arreglar el ruedo, trazar las líneas, cambiar la bandera de la ganadería y eliminar la sangre.

Todo eso lo ha hecho y conoce los trucos para que siempre se den las cosas y así el torero pueda dar un espectáculo digno de la plaza en la que está actuando. Lo hace con amor y pasión, tanto que algún tiempo estuvo sin recibir sueldo, pero era feliz porque esa era su vida.

Pero nunca soñó con ser un matador, o tal vez nunca pensó que podría serlo. Pese a eso, su vida ha estado ligada a la tauromaquia, un mundo donde no solo siguió una pasión, también consiguió un trabajo y una familia. “‘Moncho’ es una verraquera, aquí lo queremos mucho y lo cuidamos”, contó Orlando Galvis, jefe de los monosabios. De hecho, fueron ellos, sus compañeros de trabajo quienes hicieron una recolecta con empresas y aficionados para regalarle una casa, ya que pasaba por una situación difícil y no tenía dónde vivir.

Ese viernes lucía había algo diferente en su uniforme. En su chaqueta resaltaban un par de medallas que le dio la ciudad de Manizales, en sus propias palabras, por “cumplimiento, buen compañero y buen trabajador”.

Y los aficionados lo saben, incluso, antes de recordar aquella faena que nunca olvidará, un hombre se acercó, le dio la mano y dijo: “Señor, esa medalla en su pecho es muy linda, es muy halagador para nosotros los aficionados verlo a usted todavía ayudándonos a que esto sea lo mejor para todos. Muchas gracias. No tenemos cómo agradecerle”.

Después de eso narró e interpretó cuando hace 30 años Julio Robles se paró en la mitad del ruedo y el toro comenzó a dar vueltas a su alrededor, sin él moverse, y la gente se paró de sus asientos y empezaron a gritar “torero, torero, torero”.

Eso no fue todo, lo que hace que no olvide ese momento, fue cuando el español mató al animal. Lo hizo suavemente, de una manera muy artística, con mucha clase y como pocos toreros lo han hecho en el mundo. El toro avanzó hacia Robles y cayó a sus pies, como todos en la Plaza. “Eso es lo más hermoso, la muerte más linda que he visto yo, el toro caer a los pies del torero”, expresó.

Ese día los aficionados gritaron “torero, torero, torero,”, pero hoy todos en la Monumental gritan “‘Monchito’, Monchito, ‘Monchito’”.

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