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Ambientalistas bajo fuego
Rodrigo Botero

Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS).

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Fotografía | Cortesía Rodrigo Botero

Ambientalistas bajo fuego

Rodrigo Botero, protagonista de esa lucha, nos ayuda a develar qué hay detrás de los problemas.

Hace un par de años, quien volvió a poner en el ojo público el fenómeno de la ‘maldición de los recursos’ o la llamada ‘paradoja de la abundancia’ –abordado hasta la saciedad por economistas e instituciones de la talla de Jeffrey Sachs y la Escuela de Gobierno de Harvard– fue un colombiano: el historiador Juan Manuel Cuevas.

En un artículo publicado en El País de España, Cuevas ejemplifica el fenómeno en el hallazgo de 3,7 billones de metros cúbicos de gas natural en un yacimiento de Mozambique, país al que poco le ha servido esa riqueza para desarrollarse, y mucho menos sosteniblemente. La disparidad entre abundancia natural y desarrollo (o, en sus palabras, “deterioro de las políticas públicas”) se replica en el Congo con el coltán –entre otras fortunas–, en Sudáfrica con los diamantes, en Oriente Medio con el petróleo y en un sinfín de rincones del mal llamado ‘tercer mundo’.

Decía Cuevas en su texto que para combatir la famosa paradoja es de vital importancia informar insistentemente a la sociedad civil sobre sus recursos naturales y los servicios que estos le ofrecen. Pues si eso es así, entonces en Colombia deberíamos estar circulando mucha, muchísima más información sobre nuestro patrimonio natural, sus potenciales y sus riesgos, pues aquí ya no solamente percibimos, en ese universo, el tal “deterioro en las políticas públicas”. Esa línea se cruzó hace rato. Aquí de lo que debemos hablar hoy es de una ola de violencia contra ambientalistas. Porque más allá de las 18 amenazas –entre colectivas e individuales– recibidas directamente por funcionarios de Parques Naturales Nacionales y de las 253 registradas por Indepaz desde 2016 a líderes relacionados con el medioambiente, la ONG Británica Global Witness nos ubicó en el primer lugar de la lista de naciones más peligrosas para ellos, tras registrar 64 asesinatos en 2019 en nuestro territorio. Y en los últimos meses, aunque las cifras parecen ser menores, no se detuvieron los disparos: el más reciente en caer fue Gonzalo Cardona Molina, coordinador de la Reserva ProAves Loros Andinos, en el Valle del Cauca, quien se sumó a un combo de víctimas en el que han sobresalido Juana Perea (Chocó), Alejandro Llinás (Magdalena), Jaime Monge , Javier Parra (Meta) y Jorge Enrique Oramas (Valle del Cauca).

Para Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), que trabaja primordialmente en departamentos de la Amazonía colombiana y cuyo monitoreo independiente a la deforestación en el país ha sido clave, hay un tema de fondo que genera “un periodo de nuevas violencias” contra comunidades y defensores de los recursos naturales: el de la ocupación y apropiación ilegal e informal de las tierras. No en vano, 45 de los 64 asesinados registrados por Global Witness trabajaban en esa esfera.

Después de haber sobrevolado algunos territorios del sur del Meta, dijo estar sorprendido con la velocidad con la que las tierras que había visto quemadas hacía pocos meses ya tenían carreteras, ganado e incluso casas. ¿Quiénes tienen esa capacidad de inversión y ocupación tan rápida? Y ¿son los mismos que producen la violencia?

Desafortunadamente, mucha gente tiene esa capacidad. Y son grupos económicos fuertes, pero no todos están asociados, necesariamente, con grupos armados. Lo que hay que entender es que los violentos son como un mecanismo operativo, y a veces de seguridad, para consolidar esa apropiación, pero de fondo lo que hay es la extrema vulnerabilidad jurídica de la tierra en Colombia. Tierra pública, privada, de indígenas, campesinos, en áreas protegidas… no importa: la costumbre hizo ley y el acceso a la tierra es espontáneo y sin guía alguna del Estado.

¿O sea que los grupos armados son la punta de la lanza de la apropiación a la tierra, pero no la lanza entera?

Correcto. Es simplista decir que son solo ellos. Le nombro una sola de las capas del problema: las miles y miles de familias que buscan tierra y, con ello, oportunidades económicas. Están dispuestas a pasarlo mal para conseguirla: irse hasta la ‘quinta porra’, no tener seguridad (mucho menos seguridad social) y exponerse a enfermedades, lo que sea. Se trata de solo uno de los motores de la apropiación, pero no el principal.

(Lea aquí toda la entrevista)

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