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La increíble y triste historia del libro robado de Gabriel García Márquez
Primera edición de 'cien años de soledad'

Primera edición de ‘Cien años de soledad’.

Foto:

Felipe Motoa. Archivo EL TIEMPO

La increíble y triste historia del libro robado de Gabriel García Márquez

Primera edición de ‘Cien años de soledad’.

En una Feria del Libro desapareció la primera edición de ‘Cien años de soledad’. Así se recuperó.

Imagínese una ciudad habitada por casi 8 millones de personas que durante el sábado 2 de mayo del año 2015 concentró a 73.000 de ellas en un solo lugar.

En ese lugar ocurriría algo que aún hoy, seis años después, es para sus protagonistas un hecho que marcó el resto de sus vidas.

Pero las cosas empezaron mucho antes de ese sábado de 2015.

Esta historia se inicia en septiembre del 2006, en la calle Tristán Narvaja de Montevideo (Uruguay), calle reconocida por las librerías que se ven a lado y lado del amplio camino.

Por ahí caminaba Álvaro Castillo Granada, un reconocido librero que nació hace 52 años en Bucaramanga pero se considera bogotano de corazón, que decidió entrar a una de las librerías.

Recorrió con la mirada los estantes y vio varios libros que no llamaron su atención hasta que se encontró de frente con una tapa de la que sobresale una embarcación de entre un enramado y sobre la parte de abajo adornan tres flores amarillas.

Esa tapa correspondía a uno de los 8.000 ejemplares que en 1967 publicó editorial Sudamericana en Buenos Aires (Argentina) de ‘Cien años de soledad’, obra cumbre del escritor colombiano Gabriel García Márquez.

“Me costó seis dólares –recuerda Álvaro, entre risas–. En realidad costaba siete, pero yo pedí rebaja”.

Ese libro pasó a ser parte de una colección de 30 años que incluye fotografías, reportajes, cartas y artículos del escritor que Álvaro asegura haber condensado en 16 cajas.

Esta es la firma que Gabriel García Márquez le dejó a Álvaro Castillo en su libro.

Foto:

Felipe Motoa. Archivo EL TIEMPO

Este librero y el nobel colombiano se conocían, intercambiaban cartas y hablaban por teléfono. En 2007, Álvaro consiguió que la secretaria de Gabriel García Márquez llevara su edición hasta México para que el primer nobel colombiano la firmara.

‘Para Álvaro Castillo, el librovejero, como siempre, y desde siempre, de su amigo. Gabo’, fue la dedicatoria que el escritor le hizo.

El libro permaneció bajo el cuidado de Álvaro hasta que llegó la Feria del Libro de Bogotá del 2015, año en el que la segunda parte de esta historia toma un giro inesperado. 


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Macondo

Entre el 21 de abril y el 4 de mayo del 2015 se celebró en Bogotá la Feria Internacional del Libro (Filbo), evento que para esa edición quiso homenajear al nobel colombiano de literatura por el primer aniversario de su muerte.

La 28ª edición de la Filbo escogió el universo imaginario de Macondo, creado por Gabriel García Márquez, para que adornara los pabellones del centro de convenciones Corferias.

Eran 3.000 metros cuadrados los que ocupaba Macondo, ubicado en el centro de Corferias, un espacio interactivo que tenía hasta una gallera en el medio, como aquella en la que comenzó el pleito entre José Arcadio Buendía y Prudencio Aguilar.

A cargo de ese espacio estuvo el presidente de la Asociación Colombiana de Libreros Independientes, David Roa.

David, hoy de 43 años, asegura que para ese entonces vivía una época en la que eran más importantes los libros que cualquier otra cosa en su vida, por eso, tener la responsabilidad de estar al frente de ese espacio era un honor.

“El espacio era muy bonito –recuerda David–. Fue un éxito, el de más asistencia, era un honor eso para mí. Para el espacio, Álvaro nos trajo parte de su colección, unos 32 libros, incluida esa primera edición de ‘Cien años de soledad’ y el acuerdo era que solo él podía tocar sus libros, por eso venían en una caja que se aseguraba con una llave, nada del otro mundo, ¿quién se va a robar un libro?”.

Esa edición de la Filbo fue un éxito. Hasta el 2 de mayo habían ingresado alrededor de 520.000 personas, casi 70.000 más que el año anterior. Solo ese sábado ingresaron 73.000 personas.

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Pabellón dedicado a Cien años de soledad en Corferias.

Foto:

Abel Cárdenas. Archivo EL TIEMPO

Durante esos días, la oferta literaria no se concentraba solo en Corferias, en las librerías de la capital del país abundaban eventos, invitados y otras propuestas para hacer de la Filbo un espacio de ciudad.

David se encontraba en su librería dirigiendo una presentación cuando sonó su teléfono. Salió para contestar.

“Era Lucía Buitrago –explica David–. Ella era una de las dos personas que me estaba ayudando en Macondo. Pues muy solemne y muy sentida me avisó que se habían robado la primera edición de ‘Cien años de soledad’”.

Pudo ser el frío capitalino o la gélida sensación de pánico al recibir esa noticia lo que sintió en ese momento, pero la pregunta nunca dejó de cruzar por su cabeza: ¿quién se iba a robar un libro?

Ahora debía darle la noticia a Álvaro.

“David me llamó y sin ningún protocolo me dijo que se robaron la primera edición de ‘Cien años de soledad’ –señala Álvaro–. Me quedé frío y no sé nada. Me quedé callado y colgué, no quería hablar más”.

Álvaro daba vueltas por su librería. No sabía exactamente qué hacer, pero lo primero que decidió fue ir hasta el pabellón, donde los dos colaboradores de David habían iniciado una búsqueda infructuosa junto a dos celadores en Corferias.

Morral en mano, Álvaro entró a Macondo y tomó los 31 libros que le quedaban para llevarlos hasta su librería, donde pensó que estarían más seguros.

Ahora, con más calma, a Álvaro le parece increíble que desde que entró hasta que salió y tomó un taxi en Corferias, nadie le preguntó qué llevaba en el morral, nadie tuvo curiosidad del contenido de su morral y llevaba toda una colección de Gabriel García Márquez.

Cuenta una amiga de Álvaro que al llegar a su librería, mientras le quitaba las etiquetas a los libros de su colección que se exhibían en Macondo, solo repetía: “no lo puedo creer, no lo puedo creer”.

Mientras tanto, David estaba muy preocupado. Esa noche tuvo que tomarse un trago para poder dormir, pensar en lo que acababa de pasar; de todas formas, el frenesí de emociones recién iniciaba.

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Algo muy grave sucedió en este pueblo

A Álvaro le parecía muy extraño que nadie dijera nada del robo de su libro, por lo que decidió contárselo a un amigo, quien le sugirió llamar al diario EL TIEMPO para que se publicara en el espacio Teléfono Rosa.

Álvaro Castillo.

Foto:

Claudia Rubio. Archivo EL TIEMPO

Cuando Álvaro se contactó con el periódico para contar su triste pérdida, la noticia tuvo una repercusión más grande de lo que él se imaginó.

“Se volvió una noticia mundial –evoca Álvaro–. Desde ese momento y durante cinco días sufrí el asedio constante del país y del mundo que me llamaban para preguntar por eso. Yo me sentía muy mal, porque eso dejó de ser un robo que me hicieron a mí, ese robo fue a todo el país, así lo sentí”.

En otro punto de la ciudad, David dirigía otro conversatorio en su librería con la escritora argentina Hebe Uhart con el ánimo propio de una persona a la que le acaban de dar la peor noticia de su vida.

De nuevo, otra llamada entró a su celular, esta vez era Consuelo Gaitán, directora de la Biblioteca Nacional.

“Llamó a preguntarme por el libro –explica David–. Yo no sabía de qué hablaba, no sabía que el robo de ese libro se hubiera vuelto noticia mundial”.

David tuvo que esperar a que terminara el conversatorio con Hebe Uhart y desplazarse con ella, una mujer que en ese entonces tenía 78 años, hacia Corferias para atender a las investigaciones que se empezaban a realizar para dar con el libro.

“Al llegar a Corferias y ver toda la gente afuera, Hebe Uhart me preguntó por qué tanta gente iba a esas cosas –cuenta, entre risas, David–. Hoy suena absurdo todo lo que pasó. No absurdo que se hayan robado el libro, en las ferias se roban muchos libros, sino que, en ese contexto, haya habido semejante alboroto por el robo de ese libro”.

David recuerda que al llegar a Macondo ese domingo 3 de mayo lo esperaban coroneles, generales, sargentos y demás altos rangos de la Policía para indagar por este crimen.

Tanto Álvaro como David sostienen que las cerca de cinco horas de interrogatorios fueron tan complejas que por un momento los hicieron sentir culpables de la desaparición de ‘Cien años de soledad’.

El segundo día llegó a su fin para el país, pero no para David y Álvaro, quienes enfrentaban una noche más de llamadas de periodistas y la incertidumbre de no saber dónde se encontraba el libro de García Márquez.

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El lunes 4 de mayo, Álvaro fue hasta Corferias para una entrevista que querían hacerle en televisión sobre el caso.

Entrando al recinto, dos estudiantes de un colegio se le acercaron.

– ¿Usted es el señor al que le robaron el libro? –le preguntó uno de los niños–.

– Sí, yo soy –respondió Álvaro en medio de su sorpresa por ser reconocido–.

– Lo siento mucho, ojalá lo encuentren –le dijo el niño mientras lo abrazaba–.

Álvaro empezó a llorar abrazado a un niño que no conocía. Asegura que en ese momento se dio cuenta de la importancia que tenía recuperar ese libro, no solo por ser parte de su colección, sino porque el país se había solidarizado con su causa.

En este pueblo no hay ladrones

A través de redes sociales se empezó a rumorar que Álvaro y David habían tomado el libro para montar todo un espectáculo televisivo. Además, los periodistas insistían en saber el precio del libro.

Lo anterior agotó a los dos libreros, por lo que decidieron no hablar más con la prensa.
Los días transcurrieron con la incertidumbre, la desazón de no encontrar nunca el libro, hasta que llegó el viernes 8 de mayo.

“Sonó el teléfono –recuerda Álvaro–. Era el asistente del general Rodolfo Palomino, para avisarme que recuperaron el libro y el general me lo quería devolver personalmente”.

Álvaro se encontraba en medio de una crisis de nervios, por lo que no confió en las palabras de quien se hacía llamar asistente del comandante de la Policía Nacional.

Tuvieron que darle el nombre del sargento que iba a ir a recogerlo a su casa para que pudiera salir con un poco de confianza.

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Pabellón de Corferias para la Feria del Libro de Bogotá en 2015.

Foto:

Héctor Fabio Zamora. Archivo EL TIEMPO

La patrulla tomó el carril de Transmilenio y encendió la sirena para evitar la congestión vehicular hasta llegar al cuartel general de la policía.

Al llegar al lugar, Álvaro entró a la oficina del general Palomino donde también se encontraba el entonces comandante de la Policía de Bogotá, el general (r) Humberto Guatibonza.

“Yo le dije al sargento que me había llevado que se quedara conmigo, estaba muy nervioso –cuenta Álvaro–. Pero nada, cuando entré el general Palomino me dijo que me sentara y me mostró el libro, de una me puse a llorar y dije: ‘sí, este es mi libro’”.

– Estaba en una caja de un router en el barrio La Perseverancia (centro de Bogotá). No sabe lo que nos alegra devolverle su libro –fue lo único que respondió el general Palomino–.

De inmediato se organizó una rueda de prensa encabezada por el general. Ahí se dieron detalles del operativo para encontrar el libro.

Según declaraciones del entonces comandante de la Policía Nacional, el libro iba a ser comercializado por 120 millones de pesos, unos 40.000 dólares.

Álvaro señala que ese valor comercial era falso, por lo que eso podía causarle problemas, así que en medio del agradecimiento por recuperar su libro, anunció que iba a donar toda su colección a la Biblioteca Nacional.

“Yo después de todo lo que pasó creo que los colombianos estuvieron muy al tanto de la situación –asegura Álvaro–. Fue mi manera de agradecer al país. Mire que un taxista me recogió uno de esos días después del robo y me dijo que a través de un grupo de WhatsApp habían organizado un grupo de búsqueda por el libro y todo”.

Antes de donar sus 16 cajas, Álvaro tomó una de las hojas limpias de la primera edición de ‘Cien años de soledad’ para escribir que el libro donado había sido robado y recuperado gracias a la presión social de los colombianos.

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El libro reposa en la Biblioteca Nacional desde el 14 de mayo del 2015.

Tanto Álvaro como David volvieron a tener tranquilidad tras la recuperación del libro, aunque a este último, la movilización generada por el robo siempre le parecerá un poco exagerada.

“Hubo todo un movimiento, declaraciones y todo, y nunca cogieron a nadie –expresa David–. Dicen que identificaron a los ladrones, pero nunca los cogieron”.

En palabras de David, su época en el mundo editorial fue la época más bella y más difícil. Sonríe y señala que no se debe a lo ocurrido, pero asevera que hoy no cuenta con la fuerza ni la voluntad de volver a ese tipo de vida tan demandante en lo emocional.

Hoy no está alejado del todo del mundo editorial, pero ha sacado tiempo para otras cosas, como la música, su otra pasión.

Primera edición de ‘Cien años de soledad’. Sellos de editorial Sudamericana y la Biblioteca Nacional. Dedicatoria de García Márquez al librero Álvaro Castillo.

Foto:

Felipe Motoa

Por su parte, Álvaro asegura que después de todo lo que pasó se encontró con otros tres ejemplares de la primera edición de ‘Cien años de soledad’, pero nunca los conservó.

Eligió venderlos porque ya no cuenta con las mismas ganas de conservar ese libro como aquel septiembre del 2006, cuando lo vio por primera vez en Montevideo.
Sobre la recuperación del libro existe una versión no oficial de los hechos.

El 22 de noviembre del 2016, se publicó en el sitio web de Radio Ambulante el podcast titulado ‘En este pueblo no hay ladrones’. En este contenido se recoge la historia del robo de la primera edición de ‘Cien años de soledad’ durante el desarrollo de la Filbo.

Sobre el final del podcast hay una declaración de un intendente de la Sijín en la que señala que el libro estaba en poder de una pareja que intentó comercializarlo por 40 millones de pesos.

Según las declaraciones, gracias a informantes, las autoridades pudieron hallar a las personas que tenían el libro y en un operativo con ocho policías distribuidos en tres vehículos llegaron hasta un puente peatonal en La Perseverancia.

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Al llegar, cinco personas empezaron a disparar mientras huían y hubo una persecución. Los hombres dejaron una caja tirada donde estaba el libro y nunca fueron capturados.

En la actualidad, el caso se encuentra en archivo provisional. Mientras tanto, el libro permanece en el área de colecciones de la Biblioteca Nacional, para tranquilidad de Álvaro Castillo. 

MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO
Redactor NACIÓN 
EL TIEMPO
En Twitter: @Leugim40 

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